Chardin y Los agujeros de gusano

 

DE las pequeñas cosas

Hay en la representación de una manzana, algo tan poético en su forma, que revela en sí misma la capacidad de la pintura para superar el formal hecho del simple acto de la visión humana. Hay en ese mistérico epifenómeno una tramitación a las preguntas sobre las que se debate el Arte, desde que lo es, o quiere serlo: ¿cómo es el mundo? o la otra no menos importante, ¿cómo debería serlo? Muchos son los siglos ya desde que apareció la solución de las uvas de Apeles, algunos para vedar la razón de Apeles, y otros para negársela a Chardin, Jean Siméon Chardin, ese pintor del que nadie parece acordarse, y que sin embargo optó por hacer de las cosas su razón de ser.

Pese a quien pese, y vinieran a decirnos que esos “motives” ya no interesaban al mismo arte de la Pintura. Siempre se puede argüir que los agoreros postreros tenían sus pábulos, y que no eran otros que los de la zorra de la fábula, “están verdes las uvas”, como verdes estarán siempre las esperanzas frustradas de la mediocritas. Por otra parte, la naturaleza de la cuestión, es siempre la misma, el abismo que existe entre el “mundo”, ancho y ajeno, y el observador y constructor del mismo. El mudable proyectista de la imagen, frente a la imagen “congelada del mismo” en su apariencia, pero ésta es siempre un parecer lleno de incertidumbre, sobre su significado, de tenerlo o de haberlo tenido en algún momento como pretensión.

El mundo a través de unos pocos objetos, tan sólo tres o cuatro y en ellos la “ilusión” de ser ellos mismos el “mundo” entero o su remedo, es decir el recuerdo de una idea. De las anteojeras del manierismo normativo, se deduce un máxima taxativa que no ha evitado precisamente la supuesta modernidad de los siglos posteriores: La Autovisión. El mundo no existe, Sólo su representación, y de ello sabe mucho la publicidad esencialmente. El mundo nunca existió, solamente su “relato”, una pragmática en perpetua expansión. Como la del Universo de los astrofísicos más conservadores. Por ello, el mundo y por ende la “realidad” es aleatoria, cuánticamente observada.

El punto de inflexión es  reconocer la valía del observador. Dentro del espectador habita el mundo y la nada, dentro de cada ser subsiste uno por dotarle de forma, y la otra por ubicar la razón de todo lo demás. Desgraciadamente, todo muda y toda cambia, cuando hace años uno se preguntaba en un museo o exposición ¿ qué estoy viendo? el espectador se enfrentaba al mundo, hoy en día, el mismo se pregunta ¿qué demonios estoy viendo? De la interpretación del cosmos verosímil, se paso al laberinto de la mirada. Esto nos lleva a un pintor como Guillermo Pérez Villalta, quien ha reflexionado más y mejor, entre muchos, sobre todo ello, y en cada pintura se redistribuye de la manera más inteligente la variedad y multiplicidad de la propia mirada, la del pintor y la del sujeto, objeto de su arte. Sus interpretaciones son en suma, las armas de la propia pintura, y de su historia, a través de los siglos, un ser dotado de la rara faceta de hacer del pigmento disuelto en medium y fijado a un soporte, una verdad que lejos de ser un axioma, es promesa de la continua incertidumbre sobre la ausencia de la misma, en torno a lo que vemos, percibimos o sentimos.

No hay una Suma Teológica en el hacer pictórico expresado como tal en una obra, ni siquiera en las más excelsas, ni unos Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, pero de ahí  a pensar que los catálogos del buzoneo expositivo tan a la moda son el Mundo, debería llevarnos a repensar, cuánto se ha perdido en el camino, dónde y cómo se extravió su errar.

La manzana de Chardin lleva en su interior el gusano de su propia destrucción.

Saludos, anónimo lector.

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2 Respuestas a “Chardin y Los agujeros de gusano

  1. Los gusanos inocentes o los gusanos roedores de la prohibida muestra de piel roja, roja como los labios y verde por dentro como la carne verde, carne roja de deseo ……………. que habitan todavía en el paraíso de las irresponsabilidades.Gusanos devoran inocentes tan inocentes como el hambre.Abrirán sus alas de mariposa, coloridas. Otras de moscas cojoneras. Y tabús se van haciendo y desapareciendo.En la mas normal de las mas extrañas formas de vivir ¿conceptos de moral asistida? Tal vez así le llamaría a los gusanos. A la manzana, sin moral ,el fruto peligroso.UN ABRAZO Y SEIEMPRE UN PLAZER LEERTE.

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