Del Remordimiento

 

Si hay algo que debe asustarnos es la ausencia de remordimiento en las personas. De hecho, se nos hace difícil imaginar que haya almas  o conciencias que no sufran por ese secreto escrúpulo. Creemos todos, que sólo afecta a los humanos de cultura judeocristiana, pero mucho nos tememos que el remordimiento es al Ser Humano como su sangre, nos recorre en silencio, pero su salida es casi siempre de tinte dramática. Al fin y al cabo, se podría decir que es un eterno inquisidor al que no convencen nuestras excusas, nuestros ruegos y disculpas, tal vez, la fuente del remordimiento no sea otra en su esencia, que una verdad simple, no podemos engañarnos a nosotros mismos, o al menos no para siempre.

El comisariado artístico y cultural tiene en la exposición o muestra con tesis, una de sus más significativas propuestas En el campo de la política es frecuente la biografía de sus grandes dirigentes, sus memorias, propias o por encargo, léase hagiografías, y su patente falta de remordimientos, al menos públicamente; para ello se retroalimentan con los subterfugios de diferente calado, proporcionados, en muchos casos, por la distancia respecto de lo contado, si a esto le sumamos la muerte de quien pudiera recordar, y por tanto confesar, sus propios arrepentimientos, tenemos la memoria perfecta. En el mundillo de los artistas es más enojoso aún, buscar algo de este sentimiento en sus obras, actos y palabras. El caso de destrucción masiva de la obra anterior en un ataque de ira, y la regeneración completa de una determinada postura no dejan de ser anecdóticas. Porque, en la mayoría, todos ellos están encantados de conocerse, así mismos claro. Por un lado es elocuente anotar la falta de repulsa que genera  entre los artistas el “no me arrepiento de nada” como membrete,  sellando una alianza eterna con el propio camino; por el contrario, la persistente búsqueda de nuevos horizontes, se convierte es la "trayectoria", con mayúsculas y negrita, según quien la use. Imagen nada trivial de un desasosiego, natural por otra parte.

Siempre se puede argumentar que carece de sentido arrepentirse de una determinada obra que al fin y al cabo sólo es materia, pero decidir que ésta, sea reducida a sus componentes, sin sentido mas allá del mero deleite es como poco un mutis por el foro. Para determinados teóricos, todo acto estético es en sí mismo un acto político, y por tanto se le pueden exigir cuentas. Para otros la afirmación anterior es inadmisible de todo punto y el arte siempre estará por encima de todo. Pero las cosas no siempre son tan sencillas y en media res, se encuentran muchos de los artistas en activo, obligados a posicionarse, sea ello lo que sea, en medio de un mundo que exige compromiso, y responsabilidad a cada paso. Incluso entre los blogs, cada palabra es juzgada como si en ello se nos fuera la vida, por ello el silencio es a veces la mejor opción. Pero los blogs no son una forma de arte, y por tanto están exentos de este trámite, se podría afirmar y con ello evitar la cuestión. El ejemplo mas claro de todo este asunto se encuentra en algunas grandes obras del siglo XX, pero culminaría en la Guerra Fría del pasado siglo, en su momento de clímax,(o propiamente álgido, si pensamos en la amenaza nuclear), los artistas eran divididos en "comprometidos", y en los otros, los estetas, pero el compromiso se dividía a su vez en dos, o más opciones, y así, hasta rellenar cada casilla de un tablero, en el que las reglas acabarían saltando por encima de los jugadores.

Las cosas, o sea, los implicados, no parecen haber cambiado mucho, se han sustituido los epígrafes, y donde antes decía el Socialismo, ahora leemos Ecología, o cualquier otra permuta que se nos ocurra. Pero ahora lo revelador es la confianza en la justicia de las causas, en su benignidad y en un sincero altruismo. Lo que nos recuerda los reajustes, cuando no explicaciones o apóstrofes que muchos creadores que han sobrevivido a la caída del muro, que no del caballo, han hecho en la valoración de su propia obra con el paso del tiempo. Remordimiento, poco, explicaciones muchas. Tal vez con este mismo paso, los creadores de nuestro tiempo sientan esa desazón que no nos deja vivir en paz del todo, dentro de unos años, no por haber tomado una determinada postura o causa, sino por lo contrario, no haberla asumido, especialmente si fue la causa ganadora. Y aún así, la causa del arte siempre será eterna para muchos de los versátiles artistas, creadores y etc. Su defensa será su victoria, solo sea por que no les quedó otra.

Saludos

Nota: esta entrada se relaciona con la anterior de una manera intencionada. Y gracias Anteros por sugerírmela.

 

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4 Respuestas a “Del Remordimiento

  1. Hola !!He leído con bastante interés tu entrada y dividiría todo lo que planteas en dos partes: la artística y la intrínsecamente humana… Que no dejan de ser un reflejo de lo que hasta ahora ha dado de sí la vida “civilizada”.La ausencia de remordimiento es una constante humana que se refleja en todos los ámbitos de la sociedad. Parece asumido por todo el mundo que ser parte de la clase político conlleva per se la ausencia de remordimiento, pero casi nadie reflexiona sobre su ausencia o no en otros ámbitos sociales. Un artista que se adapta sin rubor alguno a lo que le piden o se mueve hacia el bando que le indican, no es ni mejor ni peor, simplemente toma partido por un bando. Pero ahí está el tema, en que toman partido para conseguir un fin y lo hacen sin tener el más mínimo remordimiento por lo hecho y se justifican poniendo el arte como pantalla que cubra su ambición.Puede ser que haya artistas que se vean presionados de alguna manera para formar parte de un lado u otro, pero yo creo que el artista, si su ambición no va más allá de crear, no ha de sentir esa presión. Una presión que siente, en todo caso, por intentar crecer hasta el punto en que el reconocimiento no sea algo de su entorno, sino de alcance planetario… Porque, ¿qué medida tiene el artista para medir la calidad de lo que hace y qué le lleva a creer que está tocado por la varita mágica que le da un “don” único y reservado para que lo distingan solamente unos pocos privilegiados?.Creo que hay artistas que despojados de esa lucha por “llegar a ser”, realmente sacan lo que llevan dentro y, sin la duda del elogio externo, llegan a encontrar su lugar en el mundo. Y no quiero decir que encontrar el lugar sea encontrar el reconocimiento, sino la satisfacción de poder plasmar sin tener condicionantes (en esos condicionantes incluyo hasta el halago de un amigo). Me olvidaba de la parte más humana y mundana… Es imposible llegar a pensar que un artista, por el mero hecho de serlo, dejará a un lado su condición humana. Eso sería lo mismo que decir que deja a un lado el odio, la envidia, el amor… En fin, que no sé si me he explicado, pero ha sido lo que me ha venido al leer tu entrada.Un besuco!!

  2. El remordimento siempre está ahí, cómo si no enderezaríamos los errores. Es, como dices, el eterno inquisidor que combate el autoengaño y navega en secreto por nuestra sangre. Quien diga no haberlo sentido jamás, miente, o no tiene su alma consigo. Un artista sin alma es un fraude, un ser humano sin remordimiento… un sepulcro.El reconocimiento, los elogios… carne para la vanidad, podredumbre.

  3. No tengo claro si un artista, sea de la rama que sea, debe arrepentirse o tener remordimientos de alguna etapa de su obra. Ni siquiera tengo claro que todo acto estético sea en sí mismo un acto político: tal vez ideológico sí, pero tanto como político… No sé, supongo que mucha gente más sesuda que yo se habrá dedicado a argumentar en pro y en contra, así que no creo que en cinco minutos pueda yo aportar gran cosa al debate.Sí pienso que, cuando uno hace algo, lo hace impelido por las circunstancias. Si actúa de forma coherente y con arreglo a dichas circunstancias, creo que no cabe el remordimiento, ya que la razón siempre puede dar cuenta de los actos, por infames que sean. Un ejemplo muy manido lo encontramos en el cine español de los 60 y 70, bajo la dictadura franquista: cualquier actor o actriz de ideología opuesta a la del régimen puede justificar sus apariciones afirmando que “tenía que comer”. Tal vez no sea ideológicamente sostenible, pero es comprensible desde el punto de vista de la razón. Otra cosa es que los actos del presente del susodicho o susodicha continúen siendo incoherentes con una línea de pensamiento “moderna”. En definitiva, lo que decía al principio, que si el artista es coherente, considero que las explicaciones que pueda ofrecer sobre las etapas de su obra pueden ser aceptables; en caso contrario, no serán más que justificaciones extemporáneas.En cualquier caso, creo que, salvo excepciones, el artista contemporáneo es vanidoso: el mantenimiento del estatus, por más que trate de soslayarse, puede ser un referente para entender las ondulaciones de su trayectoria.Un abrazo…

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