La Soledad. Manual de Uso

La soledad no es nunca como nos la cuentan. Con frecuencia, leemos cosas acerca de la soledad del Artista, que parecen el colmo de la presunción, cuando no de la ignorancia. Se considera que el artista que trabaja en soledad adquiere un status de mística elocuencia. Por ello, y a la contra, surge a veces la pareja o el grupo, o sea la colaboración, cuando no la tribu. Desde las vanguardias, el arte ha tenido la oportunidad de ser una muestra de las dos manifestaciones, polarizando así las tendencias, entre el grupo corporativo y el ente solitario de rareza inusual. Si bien no existe el taller, como antes, el artista que aun trabajando solo en estudio, pertenece a un colectivo, reivindica la socialización de su trabajo. El grupo suele gustar de artistas con tintes revolucionarios, mientras que lo conservative, apadrina al solitaire, esto por regla general, pues los críticos no pierden la ocasión de reunir a los artistas en teorías de grupos, para uso de manual y su mayor eficacia descriptiva. Pero existe un nuevo taller…. Es el del artista genial con una incapacidad manifiesta para la realización de sus ideas. Por ello necesita de un gran estudio de gentes y artistas, que como una atelier de moda, hagan posibles sus genialidades. No son Rubens, ni Tiziano, donde el problema de la mano, vuelve loco a los entendidos, no; son los a veces conocidos como transformadores de la realidad. ¿Qué realidad? No la social, no, ni ninguna otra realidad, pues lo que se observa en su trabajo es que cambian si, pero sólo es la materia y la escala…Todos conocemos ejemplos, el de Jeff Koons, basta para ilustrar como la bobería se reproduce en todo tipo de materiales y tamaños. Y sin embargo, empieza a ser preocupante que desde un tiempo para nuestros días lo de la escala, afecta a artistas que deberían haberse guardado de tales inventos.

La monumentalidad no se consigue por la simple reproducción a escala de un objeto… ni son monumentales las esculturas de bronce de Botero ni lo serán las cabezas gigantes de Antonio López, como no lo hubiera sido el calceto de quien todos recuerdan. El Caballo, de Leonardo, lo era por la intensidad de sus estudios y los problemas técnicos a solucionar, pero no por su tamaño en si mismo. En todas las épocas el artista ha necesitado de colaboradores cuando de llevar a cabo grandes tareas artísticas se trataba, pero el esfuerzo gastado hoy en día para la puesta en marcha de la mayoría de las supuestas obras que vemos, resulta inútil. Ya se trate de complejos armazones audiovisuales o de simples toneladas de bronce fundido, el paisaje del arte es hoy más que nunca de una soledad habitada por moles de fugaz recuerdo o de simple inocuidad semántica, pero eso si, decoran, y hasta les hacemos fotos. “El arte necesita o soledad o miseria o pasión. Es una flor de roca que necesita del viento áspero y del terreno duro.” Alejandro Dumas, hijo, decía esto como podía haber dicho que el arte necesita el espacio suficiente para un perro de 50 metros cúbicos, por decir algo…

Saludos anónimo lector, y de verdad hoy más amable que nunca.

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5 Respuestas a “La Soledad. Manual de Uso

  1. ¡Qué sorpresa! Pensaba
    que habías desistido definitivamente, pero me alegra comprobar que no es así. Te
    noto algo más moderado, muy poquito, pero quizás es sólo una impresión. Todo tiene tantos
    matices… En cualquier caso, ¡bienvenido!

    Creo que la soledad (¿o la singularidad, tal vez?) artística, es contraria al hábito
    humano de la clasificación y la generalización. Etiquetas, etiquetas,
    etiquetas. Por otra parte, cuando faltan ideas, o no hay capacidad para realizarlas, o
    sencillamente no hay capacidad para realizar las ideas que tampoco se tienen
    (pero que se nos hace creer que se tienen), nos movemos a lo básico: volumen,
    peso, altura… Hacia arriba o hacia abajo, que eso da igual, porque además de
    monumentalidad hay miniaturización.

    Lo peor es que a algunos se nos hace difícil entender su sentido más allá de la
    pura y efímera exclamación: "¡hala, qué grande!" o "¡hala, qué
    pequeño!". ¿Su valor artístico? No sé… ¿realmente importa? Más de lo
    mismo.

    Pues nada, insisto en que me alegro de "verte" de nuevo. Un saludo
    grande…

  2.  
    HOLA !!!!! 🙂
     
    como siempre, un placer leerte. ¿Sabes una cosa curiosa? Cuando colgué la foto de la bañera, puse un pie de foto que venía a decir algo así como que el arte nos asalta en el lugar que menos esperamos. Y es curioso que tu hayas llegado a ese punto en el comentario sin saber que hubo un momento en que aquellas palabras estuvieron debajo del agua.
     
    Discrepo con Anteros en cuanto a que te ve un poco más moderado, porque hay palabras que a pesar de su aparente moderación esconden una crítica mordaz. Sobre Jeff Koons, del que oí hablar por primera vez tras casarse con la actriz (porno) Ilona Staller y que parece que encanta a la gente su aportación a la "escultura monumental conceptual" (ejemplo: el famoso perro que guarda las puertas del Guggenheim de Bilbao)
     
    De todos modos hizo una cosa que si que está perfectamente hilada con lo que expones y es la siguiente: utilizó los servicios de una agencia de publicidad para promover su imagen y creó un taller con ayudantes a modo de factoría artística. Es decir, que su actual fama no es tanto fruto de su capacidad o calidad, como fruto de una estudiada campaña de marketing y las aportaciones de sus colaboradores.
     
    Por cierto, hablabas del caballo de Miguel Ángel, pero a mi me sorprendió el David, no solo por su tamaño, que también, sino por la capacidad que tuvo el artista para sacar de un trozo de mármol de esas dimensiones una obra con una perfección difícil de ver hoy en día. La técnica, es decir el estudio del cuerpo humano y de la materia prima son de tal perfección que debería de sonrojarse más de un "patán artístico" que, como el que citaba anteriormente, se dedica a hacer perritos gigantes de color magenta o topiarios gigantes llenos de flores de temporada.
     
    Bueno, lo dicho, que me alegro de verte.
     
    Un besazo !!!
     
     
     
     

  3. Entré aquí por casualidad y no quise marcharme sin dejar una pequeña huella en este laberinto de arte. Me pierdo bastante con el tema, sinceramente, pero es cierto también que me crea mucha curiosidad. Jamás entenderé a los buenos artistas, porque si pudiera, no serían tan buenos.
    Un beso.

  4. Amén querido amigo… Sigues siendo muy muy muy bueno.
    Mucho tiempo, lo sé, y sin embargo presente.
    Un beso enorme

  5. hola yo creo que has olvidado que la soledad es un espacio laborioso donde hay que poner un tiempo preciso y una musa.Las ideas se atropellan como al entrada de un supermercado y hay que atraparlas como en las rebajas.La musa se tiene o no pero solo el trabajo constante la enamora y la retiene cerca. gracias por lo amable,.Lo spirito delle paludi.

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