Tesis: emociones nórdicas, y estampadas consecuencias.

 

El comisariado artístico y cultural tiene en la exposición o muestra con tesis, una de sus más significativas propuestas. Suele este evento repetirse con frecuencia en los últimos tiempos, y todas tienen una cosa en común: una teoría o idea panegírica y hagiográfica con intención pedagógica o ilustrativa de la más peregrina e inopinada  especulación que la imaginación moderna pueda sustentar. Avalada por críticos y expertos de todo tipo, la argumentación es revelada con obras, de toda laya, época o condición, sin olvidar, el hecho de que la disponibilidad de dichas obras es un factor limitador, si bien la inserción de cualquier obra de un autor relevante para la demostración de la tesis, suele suplir esa falta de presencia de la obra significativa que nos aclararía a todos ese destello clarividente y numinoso, a decir de los cursis, nosotros incluidos, de verdades ocultas… Esto del arte es como el "I want to believe" de Fox Mulder, sólo es necesario querer creer y la mente y el espíritu se nos llenará de verdad, paz, sentimiento e inteligencia, para comprender el arte contemporáneo… la última muestra de este tipo de la que tenemos noticia es "La abstracción del paisaje, de la Fundación Juan March, en Madrid, reproducimos las notas de presentación: Inspirada en la propuesta del célebre historiador del arte Robert Rosenblum (1927-2006), La abstracción del paisaje. Del romanticismo nórdico al expresionismo abstracto reúne 124 obras sobre papel de 26 artistas europeos y norteamericanos desde Caspar David Friedrich hasta Mark Rothko, y también de algunos europeos contemporáneos como Anselm, Kiefer y Gerhard Richter, que mantienen en su obra una peculiar relación con la herencia romántica" 

Es una recurrencia de la defensa del arte desde ¿vanguardia? la reiterada y simplona idea que sustenta la supuesta unión, o las hipotéticas raíces de los más modernos de los modernos con la tradición… o se está conmigo o contra mí… si odiamos la pintura de caballete no es de recibo buscar ancestros que seguramente el artista odiara, rehuyera o simplemente ignorara, por no ajustarse a cánones modernos. Es el mismo tema de Picasso y la tradición, otra reciente exposición con tesis. Si admitimos las ideas de fondo de todas estas muestras, el verdadero asunto radica, en desenmascarar qué han hecho estos artistas con la tradición. Tener cierta cultura visual del pasado no es materia que por si misma sustente y sobre todo garantice, el valor último de las obras de los creadores que por el mero hecho de haber vivido después son negociados y exhibidos como paradigmas de nuestro mundo y nuestra sensibilidad. Las peculiares relaciones tan prolijamente descritas no pasan de ser meras asociaciones… Pues con el mismo argumento se podría decir que el grafismo de la pintura románica inspira el comic moderno, y la policromía del mundo antiguo el abigarramiento de Disneyworld, por citar ejemplos al albur del imaginario moderno. Llamativa es desde luego, la insistente y aburrida manía de los nuevos vasaris en señalarnos a todos la validez de un arte y unos artistas que eligieron hacer lo que hicieron  sin declarar las fuentes de su inspiración, más bien todo lo contrario, la originalidad era premisa obligada para todos. 

Para muestra una cita de  Robert Rosenblum "En Number 1, 1948, de Jackson Pollock, nos sumergimos en la furia divina tan inmediatamente como nos empapamos en el mar de Turner; en ninguno de los dos casos está provista nuestra mente de instrumentos de navegación" Pero ¿quién necesita brújula si tenemos la guía de un crítico que nos dice lo que tenemos que ver en una mancha? Curiosamente dicho especialista nos insinúa qué lo que vemos en la abstracción son cosas como lo "sublime" lo "infinito", pero nunca vemos a nuestro abuelo hastiado de su vaca, esperando que la diñe para comprarse otra. Una cita más: " Y a medida que estudiaba la historia del arte, empecé a observar similitudes entre la apariencia de estas obras -y las emociones que provocaban en espectadores como yo- y otro arte del pasado que conocía y que estaba empezando a estudiar a fondo" dice Rosenblum en una entrevista a propósito de cómo llegó a interesarse por el tema de las similitudes. La clave una vez más en la subjetividad. Emociones personales que aspiran a convertirse en las verdaderas "emociones" y sobre todo significados de las obras que por decirlo de una manera neutra no reclaman de nosotros precisamente un conocimiento de la historia antigua para identificar su tema, y cuyo significado, es en suma, una labor para el espectador…por mucho crítico que se empeñe en decirnos lo que tenemos que ver y sobre todo, sentir, delante de las manchas de Rothko & company. En fin, como no queremos repetirnos, que dios reparta suerte para todos ellos, con la ayuda de los santos críticos e historiadores y especialistas conocedores, quien no llega al cielo de la gloria es porque no quiere.
Saludos, anónimo, (esto cada vez es menos verdad, pues es de todos conocido quien lee este blog, dos personas a lo sumo), Lector.

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Una respuesta a “Tesis: emociones nórdicas, y estampadas consecuencias.

  1. Jajajaja… ¿Dos personas
    a lo sumo? Bueno, sinceramente, ya me conformaría yo con tener a un par de
    personas con quienes ir a tomar unas cañas. Sí, ya sé que esto es el
    "ciberespacio", y que aquí las cañas son, por lo tanto,
    "cibercañas", pero qué se le va a hacer… Tampoco es que mi espacio
    esté muy transitado, pero qué quieres que te diga, como ya he comentado alguna
    vez, en vez de escribir en el sempiterno cuadernillo para acabar perdiéndolo,
    pues dejo las cosas aquí y aquí paz y después gloria.

    He visto el susodicho "Number 1", obra que desconocía, y he llegado a
    la conclusión de que, personalmente, yo lo hubiese titulado "Epitelio
    1". Suponiendo, claro, que luego se hiciese una mínima serie de
    "Epitelios". En todo caso, lo que tengo claro es que, si se pone el
    suficiente empeño en explicar o justificar algo, se consigue, especialmente si
    nos remitimos a experiencias personales (o conocidas) y emociones subjetivas.
    El metalenguaje del arte, además, deja en pañales a Góngora y empalaga más que
    Bécquer, con lo que muchos acaban creyendo que quien lo usa tiene línea directa
    con los dioses del arte y de la estética.

    Como siempre, paseamos por la época de la publicidad: no importa el producto,
    sino cómo lo vendes. Saludos…

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