Breve Ensayo: La Diurética Alibi de una Boulé Improvisé

En la entrada anterior, Picasso nos servía de excusa para reflexionar cómo, entre tanta modernidad establecida, cabría darse la pregunta que subyace de la posibilidad de inferir la cuantía que supuso la pérdida de hecho y sus consecuencias, entre lo pretendidamente artístico, tras la desviación de las vanguardias y el hipotético resultado de las mismas. Desconocemos el motivo de casi todo, en torno al arte de convertir la estupidez en arte, sin embargo, rastrear las pistas de tales peripecias no es difícil, si se sabe donde buscar. La prensa recogió en su día una noticia, que escandalizó a pocos, pero para la Cizaña Estética, resultaría ser una más en de las manifestaciones, que en su falta de pudor, surten alguna de las claves de cómo y porqué se ha entronizado la bagatela conceptual en las salas pulcramente vacías de la gravedad expresada en las formas de la artisticidad plástica de la esteticista irrelevancia. 

 Sucintamente, alguien decidió que ya había llegado la hora de proclamar que  M. Duchamp, ha sido lo mejor que le ha pasado al arte en el siglo XX. La canonización, fue servida en forma de encuesta para lograr un ranking, en el que el milagro necesario, prueba irrefutable del portento del beato, se obtuvo mediante votación, dato no muy ceñido al derecho canónico, pero muy democrático, lo justo para salvar y cuidar las formas. Y así, con un con sesenta y siete por ciento de los votos, «El urinario de Marcel Duchamp ha sido elegida la pieza de arte más influyente del siglo XX» leemos en un recorte de hemeroteca.  ¿Quiénes fueron los participantes de semejante tribunal?  Una improvisada Boulé de 500 críticos, galeristas y artistas ingleses, mediante  una encuesta realizada a los mismos. El motivo de la elección: «Los votantes han justificado su elección destacando que la obra de Duchamp refleja la naturaleza dinámica del arte de hoy y expresa que una obra artística se puede hacer a partir de cualquier objeto cotidiano»  Para rematar, no sabemos si cosecha del periodista o de los jurados: «la obra y su autor iniciaron el movimiento artístico conocido como Arte Conceptual»  El abogado del diablo en esta ocasión no fue invitado.  Hay que admitir la coherencia de la elección, por mucho que a algunos el hecho de que Las señoritas D’Avignon, obtuvieran un segundo puesto, les parezca una aberración.

La coherencia es el resultado de la realidad.  No administraban justicia, aseguraban su puesto en el cielo, como críticos, artistas y galeristas. No podían elegir una pintura en concreto, pues ninguna es definitiva, y elegir una obra pictórica sería reclamar un lugar a un genero dentro de las Bellas Artes que es una reliquia para la modernidad de la postmodernidad. ¿Una Escultura? Más problemática aún, su supuesta elección, ni siquiera se habría considerado como posibilidad, puesto que la escultura ha perdido toda función social, y en el mejor de los casos, ha sido ocasión de divertimento menor para los mismos artistas. Por lo que cabe deducir que en el concilio sui generis, los implicados, se comportaron como interpretes de una gran pantomima, pues el  elevado grado de unanimidad, es más significativa de lo que ecuménicamente  por previsible cabría esperar, entre tanto prelado avispado de las artes. La Fuente, era una apuesta segura y sin riesgos. Desde el primer momento, sin embargo, necesitó de las palabras para ser, es decir, para existir.

 Nos gustaría reproducir un fragmento del propio M. Duchamp, quien anónimamente defendió su obra en un editorial, publicado en la revista The Blind Man, núm.  2, mayo, 1917: «Si el señor Mutt hizo o no la fuente con sus propias manos carece de importancia. Él la ELIGIÓ. Cogió un artículo ordinario de la vida y lo colocó de tal manera que su significado habitual desapareció bajo el nuevo título y punto de vista creó un nuevo pensamiento para ese objeto-»  No hubo “un apartir de”, sólo lo firmó: R Mutt. 1917. Este ready-made, del artista, no fue ni el primero ni el último, en sus conversaciones con P. Cavanne, hablando de la dificultad de la elección del objeto: «Se debe llegar a una especie de indiferencia tal, que uno no posea emoción estética. La elección de los ready-made, está siempre basada en la indiferencia así como en una falta total de buen o mal gusto»  Por tanto, para Duchamp, la elección del urinario, y firmarlo, debió ser como una encuentro con  el ángel de Tobías. Hasta aquí Duchamp… Los que le imitarían después y tendrán siempre presente en sus oraciones,  no han hecho sino repetir  el mismo tipo de soflama, y ejercicio espiritual,  la elección del artista, supone un nuevo significado para el objeto, aquí recordaremos las inestimables palabras del artista conceptual, Ibon Aranberri que protagonizó una entrada anterior: «Parece que si no te declaras por los medios, ni por la fotografía, ni vídeo, ni pintura o escultura, lo que haces tiene que justificarse en términos de significado. Y ésa es una trampa»  Pero ¿significarse cómo? Justificarse, nadie se lo pide. 

 Si los ready-made son el origen del arte conceptual y La Fuente es el reflejo del dinamismo del arte de hoy,  se nos antoja que en el fondo todos padecen de un complejo de inferioridad.  Pero sofisticadamente, ya no existe el objeto  (ready)-made, ahora es  un could -be –made. Para ello se han construido un muro de cristal, un túnel sabatiano, desde donde el resto de los mortales les vemos pero a quienes no comprendemos.  Los participantes de la encuesta, no eligieron el Gran Vidrio: la Novia puesta al desnudo por sus solteros (1915-1923),por motivos que sólo ellos conocen; o tal vez porque no deja de ser una especulación de la vida interior de un Duchamp más concreto, necesariamente, más delimitado, cuyo contorno de significados posibles, no daba lugar a la obra abierta. Esto recuerda el famoso libro de Umberto Eco del mismo título. Su mención no es aleatoria. 

 No es algo obligado a ser advertido, pero sugerente como poco es que, de los muchos andamiajes para el arte conceptual, nada como la semiología, por no confundirla con la Semiótica lingüística, ha ayudado tanto a dar carta de naturaleza, con su armazón semántico, al descomunal esfuerzo que supone, el descubrimiento de querer convertir en artista al espectador.  No sólo partícipe, todo acto estético, necesita de la percepción, y, por ende, de un referente humano.  El arte animal, es debate para etólogos, y si bien no carece de interés, no es lugar para tratarlo aquí.

Detengámonos un momento  para citar a Eco: «No obstante, hay un camino por el que los objetos reales, que no tienen ninguna utilidad para comprobar el valor semiótico de un signo, caen de nuevo dentro del campo de interés de la semiótica» Citado de: La vida social como un sistema de signos.  En, Introducción al Estructuralismo.  VV AA. Alianza Editorial. Eco, haciendo uso del código compartido, como es el inglés, (la conferencia se pronunció originalmente en esta lengua), pasa seguidamente, a  definir el “signo” como entidad semiótica en palabras de Peirce: Es «algo que tiene de algún modo la capacidad de representar algo(diferente) para alguien» y  por si caben dudas, Peirce añade por boca de Eco: «un signo es cualquier cosa que determina que otra diferente( su «interpretante» [interpretant] se refiera a un objeto al que ella misma se refiere( su objeto [object] ) en el mismo sentido, de forma que el «interpretante»  se convierta a su vez en un signo y así sucesivamente hasta el infinito»  ¿Semiótica? No. Cultura. Al convertir al interpretante en signo, resumiendo mucho, la semiosis deviene en trasformación continua todo a su vez en signo que traduce, analiza, aclara, etc,. «Comunicarse es usar el mundo entero como un aparato semiótico. Efectivamente, yo creo que la cultura no es más que eso»  Esto lo cree Eco, y nosotros creemos que lo creen  muchos más de los que pareciera. Para quien ya se haya perdido una nota más de la propia intervención de Eco:  «La tarea de la semiótica consiste en aislar diferentes sistemas de significación regulado cada uno de ellos mediante  normas específicas, y demostrar que existe una significación y que existen unas normas» 

 Extrapolemos. La tarea del artista seguidor fiel del conceptual sentido de la existencia artística de Duchamp,  bien en la elección, o en la intervención, es la de demostrar que existe una reconversión del observador (interprete no artista), y que éste, se convierte a su vez en un significante más del signo originado por el giro conceptual que el artista propone. ¿Galimatías? O ¿Perogrulladas?  Eco reconoce más adelante que  «mi intención es de índole más básica: ante todo tengo que demostrar que cualquier fenómeno cultural es también un fenómeno semiótico» La intención del artista y del crítico o historiador del arte del siglo XX, va a ser la de demostrar que más allá de la cultura de carácter manifiestamente semiótico, se encuentra una forma de arte que no apele al Símbolo, al Índice o al Icono( según tambien en catalogación de C. S. Peirce, y al decir forma, nos referimos a una práctica del arte que no apele a una sorprendente, para nosotros cuestión: la entidad del referente o la «falacia referencial», y que no es otra que para el propósito semiótico, el objeto real al que corresponde el vehículo -del –signo (signo más significado, entendido éste como agrupación de componentes sémico, etc.) es absolutamente irrelevante.  En cierto modo con la Lógica y la semiótica uno acaba por tropezar en las sendas transidas por  la misma acuciante necesidad de pura manifestación feérica.  Algo así pasa, paralela, sincrónica y curiosamente  de manera muy sospechosa, con el objeto artístico, la obra o la manifestación. No necesitan de un vulgar referente, para ser consideradas, como La fuente de M. Duchamp, la obra más influyente del siglo XX. El objeto real desaparece y el ser real que lo contempla también. 

 Otra vez un abracadabra de artista mago, pero semiólogo, por una vez, o por siempre jamás.  Recordémoslo. «No obstante, hay un camino por el que los objetos reales, que no tienen ninguna utilidad para comprobar el valor semiótico de un signo, caen de nuevo dentro del campo del interés de la semiótica» ¿Cómo es ello posible? Por la misma razón por la que un urinario firmado, que es una réplica, pues el original se perdió, se ha convertido de signo en Símbolo del despropósito de quienes de veras creen en tales cuestiones, no artísticas, sino de la más pura mercadería, sin llorar no se mama, y sin alabar el urinario no se es, ni se está, ni se perpetúa la existencia del impacto de lo nuevo…(Sic)  

Es verdad, es la obra más influyente de un siglo, en donde la muerte se paseó por la Tierra, como si, ningún dios, hubiera querido de haber podido, intervenir.

 Saludos Anónimo, paciente y amable, Lector.

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Una respuesta a “Breve Ensayo: La Diurética Alibi de una Boulé Improvisé

  1. Lo de la obra de arte es un hecho bastante especial. Para mí lo más tracendente de una obra  es su proceso…lo digo como artista, la energia volacada en la materia, como bulle del concepto, la catarsis…la agilidad del intelecto paseandose…posandose en una idea a otra como mariposa errante que despega sin saber destino…..no no me importa la crítica ni el fin de esta obra, nada de lo que suceda despues se compara al placer de la creación.
     
    Despues hay mil y uno efectos y causales que pueden ir y venir en la obra. Se puede escribir de ella, sentirse definitivamente cautivado, motivado por su influencia, movilizado por ella. Eso es mágico también. Cuando entramos en el mercado y los hechos de conveniencia ya no se si hablamos de lo mismo. Creo que la obra pasa a ser un objeto de consumo parte de una maquinaria ajena, diferente a la de su origen. En el caso del urinario hay cosas que no podemos obviar, el concepto tambien es tracendente y cambia las cosas, pero no tiene que ver en este caso con la magia de la creación. Nada que ver en lo absoluto
    besottes

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