Much Ado About Nothing. O de la Espuma de Nuez de Macadamia.

 
Extracto de la entrevista publicada por el Diario El País, y accesible en su versión digital, a Ibon Aranberri:  «Llegó al arte desde el rock radical vasco y las vanguardias históricas y creció en contacto con el mundo underground de Nueva York. Ibon Aranberri (Itziar-Deba, Guipúzcoa, 1969), creador conceptual presente en el Artium y el Reina Sofía, es el único español seleccionado para participar en la Documenta de Kassel a partir del 16 de junio. Cuando los niños de su generación jugaban al fútbol, él seguía con los prismáticos el vuelo de los pájaros; cuando esos mismos niños -ya adolescentes en los años ochenta- hacían planes con la cuadrilla, él se empapaba de rock local y se dejaba contaminar por las vanguardias históricas. Ibon Aranberri estudió Arquitectura, Bellas Artes y Diseño y se hizo artista casi sin quererlo. Por carácter y sensibilidad. Pero también porque le tocó crecer en un entorno rural e industrial que ofrecía pocas alternativas a quienes no llevaban una vida de carril. Hoy este creador, que ya participó en la Manifesta de Francfort, prepara su cita de Kassel.

P. Hoy, que parece que todo vale, ¿qué es para usted el arte?

R. El arte ya no existe, existe la experiencia estética. El arte no existe en tanto que objeto, porque los objetos han de ser transicionales. Aunque ya se encarga el mercado de fetichizar y convertir el objeto en algo ensimismado y autónomo.

P. En sus trabajos huye precisamente de eso. ¿Le preocupa que no le entiendan?

R. Me da igual. Es decir, el espectador seguramente participa de una mirada educada, pero tampoco pretendo llegar a las masas. En todo caso, es un lastre que cuando uno trabaja más allá de la convención tenga que estar siempre explicando su trabajo. Parece que si no te declaras por los medios, ni por la fotografía, ni vídeo, ni pintura o escultura, lo que haces tiene que justificarse en términos de significado. Y ésa es una trampa.»

MARIBEL MARÍN – Madrid – 04/03/2007.

La Cizaña Estética ni siquiera tiene que molestarse en rebuscar en los arrabales mediáticos, todo lo contrario, el secreto de la conspiración para participar en The  Great  Parade del Arte, que nos toca sufrir, se encuentra en el sancta sanctorum de las Bienales y Documenta o Manifesta. El hecho de que sólo dos españoles, hasta donde alcanza nuestra vista, se presenten en Kassel, es motivo suficiente para ser noticia. El otro es Ferran Adrià, calificado como «el español más inteligente de su generación», en palabras del director de la Documenta. Cada lustro, desde 1955, la Documenta de Kassel, se pone en marcha para… si hemos de ser sinceros, no sabemos para qué…  Siempre es un orgullo participar en alguna de estas cumbres, pero sólo si se es invitado, seleccionado o elegido, pues todo depende de alguien a quien debes conocer. Si no es el caso, a buen seguro ese año el evento será despiadadamente descalificado por parcial y arbitrario, y por enésima vez, se repetirá el juego de hoy digo esto pero mañana me toca a mí el turno. Las alianzas y las estrategias de supervivencia son tan escabrosas al entendimiento y conocimiento de las masas, que bien podría el Señor Brown, dedicarle una de sus futuras novelas, pues, si de misterios se trata, la política cultural que hace posible todos estos acontecimientos, es sin duda más obscura aún, que la  practicada por los servicios secretos más famosos del mundo. Para abrir apetito, y como entrante para la necesaria polémica, se han alzado las farisaicas voces de los que niegan el pan y la sal al Cocinero más famoso del momento, y su presencia en la Documenta. Paradójico. ¿Quién se atreverá a elevar su voz contra la Documenta en sí misma, como una manifestación del Nuevo Salón decimonónico en el que se han convertido todas y cada una de estos macro eventos de supuesto carácter artístico y cultural? Cultural, desde luego, todo es cultura, hasta los nazis, tuvieron su propia cultura, pero no la consideramos un ejemplo a seguir.

No vamos a desglosar las palabras del Creador Artista Conceptual. Sabe muy bien de lo que habla. A lo largo de la entrevista trasluce discurso elaborado, y llega incluso a ejercer de historiador, cuando salen a relucir los nombres de Chillida y Oteiza, aclara: «es importante integrar esta generación en un contexto global histórico de la modernidad. Si no, se crea una perniciosa relación edípica en el círculo local. Son casi figuras de sometimiento. De todas formas, veo una diferencia entre ellos. Chillida es un grandísimo artista pero sólo es un artista. Y Oteiza no sólo es artista, la idea de proyecto estuvo integrada en todas las facetas de su vida»  Es evidente para quien tenga un mínimo sentido histórico, la razón última de sus palabras.  El artista conceptual es el ejemplo de déjà vu más sorprendente de las manifestaciones artísticas del siglo que aún agoniza en un cavernoso aliento de pútrido hedor a rancia novedad.  Los artistas conceptuales creen de veras que el arte anterior a ellos no trasmite conceptos, que las diferentes habilidades técnicas que permitieron el desarrollo de las mismas, carecen de contenido, creen o quieren hacernos creer que sus intervenciones, donde la obra es inexistente son capaces de conjurar  las fuerzas de la naturaleza, social y moral, o política y éticamente, dependiendo de la esfera sobre la que teóricamente intervienen. Pero ignoran a las masas por carecer de una mirada educada, tal vez no la desprecien, simplemente las ignoran. ¡La experiencia estética! ¿Cómo han llegado a esta conclusión? 

 Al principio de los tiempos, antes de la religión, el mundo estaba habitado por la magia, era el esquema mental más elemental, que no primitivo, que regía sobre las aspiraciones de los humanos. Cuando la magia, por ineficaz, quedó reducida a integrar los aspectos más confusos de los rituales  religiosos, se convirtieron en ingrediente de costumbre y con variantes, se mistificaron y a la vez se fusionaron con el ceremonial propiamente cultual.  Los seres humanos,  desde la antigüedad, y no todos, han alcanzado este estadio, para la eficaz trasmisión de la concepción  del mundo, todo un corpus de celebraciones y rituales, pasaron de integrar el pensamiento mágico, a ser utilizado con fines particulares en el pensamiento religioso. Para recrear y trasmitir, (dar vida de nuevo), desarrollaron, junto a las habilidades técnicas, que derivarían en las artes, un complejo mapa de significaciones, que formaban parte de la cultura y de la organización social de aquellos hombres; difundían, por tanto, el acerbo cultural por medio de lo que hoy, conocemos en su herencia,  la Literatura, el Teatro, la Música, las Artes visuales y en definitiva, pero no menos importante, La Liturgia, heredera maltratada de un mundo donde la representación era tan importante como la realidad misma.  Cuando las técnicas artísticas, así como los diferentes frutos del impulso original del ritual, la celebración, el festival, o simplemente la festividad, acabaron desarrollando sus propias reglas y ámbitos,  (hoy diríamos, lenguajes), comenzó la diferenciación tanto de formas y de contenidos apropiados para las distintas artes.

 Se dio el paso a las categorías funcionales. Pero, aún así no perdieron la capacidad de trasmitir la diferente modalidad del concepto, que la vida evolucionada conlleva, ni obviaron la intención de influir, reflejar o hacer reflexionar y criticar, mediante la producción artística, tanto a participantes, como a  espectadores, observadores o simples viandantes. Por mucho que la Religión, fuera el vehículo principal de la trasmisión, pronto una sustancial autonomía estética se apoderaría de las mismas fuerzas que lo crearon y mantuvieron,  podríamos trazar, si tomamos como prototipo el origen del Teatro en Grecia, (la historia de este espectáculo, por usar terminología moderna), como ejemplo del progresivo afianzamiento, de lo que después se desglosaría en aquello que hasta Dada, era un modo de entender las diferencias que, al menos en la teoría, delimitaba las fronteras, entre las variadas disciplinas artísticas. Siempre hemos considerado curioso, que la combinación de géneros que dio como resultado« la invenzione dell’Opera», (entendido como un espectáculo total e integrador de la mayor cantidad posible de disciplinas artísticas) no sea en sí género exclusivamente europeo.  No se trata de argüir diferencias entre Ópera Occidental y las demás, es decir, las no europeas, para rechazar el argumento, es mas, la intención es señalar cómo, por ejemplo en nuestros días, entre los aborígenes, en el sentido de descendientes de los primeros pobladores, de la Australia Central, todavía se practican rituales conceptuales, no sólo simbólicos en una constreñida definición, sino de trasmisión de un universo conceptual, objetivo y percibido, por todo un conjunto de ideas-conceptos, que se resisten a morir en el olvido de la modernidad. En ellos se utilizan todas las habilidades artísticas de las que pueden presumir los pueblos que mantienen así su identidad. Celebran, pero también verifican, como cuando desean pedir la lluvia, la validez de sus conceptos. No se trata de ser indulgentemente relativistas con ellos, la práctica de esa magia, pues no se puede hablar propiamente de sacerdotes entre los participantes, y por tanto pertenecerían al sustrato anterior a la era global de la religión, es una forma de vida que mantiene los lazos de sus integrantes, unidos a sus conocimientos sobre el mundo y acerca de ellos mismos. 

 Al hombre corriente, desde las Vanguardias se la exigido la comunión con la nueva fe religiosa en que se ha convertido el arte. Un inmenso telón pintarrajeado es mostrado como el Icono sagrado de la Nueva Buena, y se le dice: «aquí esta vuestro nuevo dios, adorarlo sin ver», y el templo de todo este festín es el Museo Contemporáneo.  Todos los artistas quieren hacernos creer que han sido  invitados a la cena de Emaús. Santo Tomás, calla, y se avergüenza en silencio, por haber dudado.  Los San Pablos, se frotan las manos con la fe de un converso, que sabe que pegando hebra fina conseguirá su propia fama de apóstol de la fe en el arte.  El artista conceptual, en cambio, no necesita de la fe en las Obras, pues para ellos los formalistas, son como los Iconodulas, necesitan de la realidad física de la obra, y por ello rehúsan cualquier soporte perdurable o de conexión con la historicidad antes de las Vanguardias, si bien, necesitan del video o de la fotografía, por utilitarismo, y confían en la magia de sus ideas, no en su expresión poética, en la literal. Da un paso atrás, y mediante su conjuro, que el artista del concepto define como intervención, espera invocar las misteriosa fuerzas mágicas que obraran el fenómeno místico de la experiencia estética o la revolución social, en esto del propósito no hay medida posible. «…lo que haces tiene que justificarse en términos de significado. Y ésa es una trampa». Dice el Artista Creador Conceptual.  Remisos en explicaciones, pero llenos de Ideas.  La trampa es el significado. Más allá de la convención duchampniana vergonzante, de las grandes manifestaciones «pour épater le bourgeois», está la propia convención, de que el arte conceptual, no es en sí mismo una forma más del convencionalismo moderno; contextualizada o no, pues ya ni siquiera, escandalizar es propósito, ya nadie se sorprende de nada, pero no están tan dispuestos a que le tomen el pelo, como los artistas creen en su Torre de Marfil, de las documentas.

El artista sacerdote, el artista mago, el artista científico…  Curiosa tipología. ¿Existe el artista científico? Podría ser aquel que intenta mantener una hipótesis sobre el mundo en cada una de sus obras y a lo largo de todas ellas, con reajustes o retoques, pero con una humildad sobre como interpreta la ley que desea verificar en su propia visión.  La ley del Feedback, o de la retroalimentación negativa de Gombrich, es un ejemplo de que tal vez sí exista un artista científico, o al menos su remedo. Pero el arte conceptual en el que concepto es un labil uso del  «giro lingüístico», «…lo que haces tiene que justificarse en términos de significado. Y ésa es una trampa». Repetimos, el artista del encantamiento infuso no tiene necesidad de justificar y menos dar soporte a un, supuesto por volitivo, como convencional,  significado, Significarse sería descubrir que tras el conjuro mágico, quien maneja los hilos en la sombra es la misma esterilidad, o incapacidad para decir, nombrar o dar sentido a una patraña que sólo existe en la intención.  «Rara vez el estado de ánimo del artista es interesante», decía Gombrich. Rara vez los conceptos de un artista son apreciables,  en estos tiempos que ya duran demasiado, de tanto Much Ado About Nothing.

Saludos, como siempre, anónimo y amable Lector.

Anuncios

4 Respuestas a “Much Ado About Nothing. O de la Espuma de Nuez de Macadamia.

  1. Es verdaderamente encomiable tu esfuerzo por demostrar –o al menos así lo entiendo yo– la vacuidad que reina en buena parte de Artelandia. Ojalá los mass media permitieran que gente normal, con criterio propio (¿tener criterio es normal en estos días?), pudiera manifestar sus opiniones e ideas. Creo que la reacción del receptor sería pensar "este tipo tiene razón, por lo menos no dice gilipolleces". Y es que el arte, todo el arte, está lleno de mitificación y de diarrea verbal: lo malo es que dicha diarrea, con perdón, salpica también a quienes no merecen ser salpicados.Un abrazo…

  2. Me ha encantado el comentario que has hecho. Yo tengo claro que las cosas hay que conseguirlo entre todos, hombres y mujeres, para que se puedan consolidar los avances que se hagan poco a poco, como una cuestión de igualdad real entre géneros. No es una cuestión de "yo más", es una cuestión de "igualdad".
     
    Me he leído todo lo que has puesto y al margen de necesitar casi una lupa para leerlo bien (la letra es pequeña y estrecho el lugar que la alberga), lo he leído con interés y de un tirón. la verdad es que con el tema de los artistas ¿"conceptuales"? tengo un cierto problema… Me parecen un atajo de sobrados en terminos generales y cada vez que he tenido que ir a ver videoproyecciones, perfomances, etc. Voy con todo el excepticismo del mundo y con, no nos engañemos, la completa seguridad de que no me interesará, en la mayoría de los casos, que me enseñen su "rico mundo interior". Empiezo a inflarme de que me traten como si tuviera 3 años ( con perdón a los niños y niñas de 3 años, que son más inteligentes de lo parece).
    Por otra parte me gusta la parte antropológica que tocas ya que tengo una amiga licenciada en bellas artes, que preparaba su tesis sobre el chamanismo y las tribus del norte de áfrica y recuerdo con una sonrisa las explicaciones que me daba sobre algunas cosas. Es bueno estudiar el modo en que determinados rituales y costumbres han influido en las manifestaciones artísticas de nuestros antepasados… ¿Ellos también eran conceptuales? Puede que a su manera sí ¿no? ¿Por qué hay gente que quiere negarles el método tras la obra?
     
    En fin, que gracias por aportar tu punto de vista.
     
    Un beso!!
     

  3. Ayyyy…. El comentario que está debajo de este es mío. No podía dejar comentarios en tu space y ya que lo tenía escrito le pedía a Anteros que lo pusiera en mi nombre… jajajajaja… y se le ha olvidado lo último. En fin, que esto parece que ya funciona, así que te lo dejo yo misma.
     
    Un beso!!

  4.  
    Me acabo de acordar de que no he puesto que el último comentario era de Magenta y venía a ponerlo, pero ya veo que se me ha adelantado.
     
    Un abrazo…
     

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s