Relinchos de hipocampos y coletazos de sirenas.

Intentando alejar nuestra mente del  martilleo mediático del camaleónico ARCO, con su mimética astucia para vender la misma fábula, con tapas nuevas, y acrobáticas plusvalías, derivamos hacia los Centauros; en ello estábamos, cuando se paseó, por breves momentos, la Parca, desvelada al dejar su huella burlona, (abandonándonos al Dante), cabría pensar que su efecto balsámico conseguiría mantenernos inmunes, por un tiempo, del tumulto aquejado de letanía, con su vago murmullo de cigarras, y creíamos sentir la paz, para al fin comprobar, como el frufrú almidonado de la Feria persistía aún, palmoteando pomposamente agónico, en la acuosidad de la prensa local que tanta ayuda nos presta… en la limpieza de cristales.

Las salpicaduras de las mismas según tamaño y cercanía al terruño, obligarán al rotativo de turno, a mencionar y dar fe de los éxitos tras la figura de tipos grandes y marcos de coloreada esquela, en la pretensión de descargar de las crónicas regionales su gravoso estado, forzosamente tediosas, tanto en su forma como en su fondo, confiriendo a la superficie de los pliegos adornados con ventanas de maquetación exótica, un aire de crónica del porvenir jubiloso, más por paliar la esterilidad solariega y congénita, que por interés en la verdad. 

No es lo que pasó, sino ¿por qué pasa?, aquello que debería revelarse, rescatando lo poco de verdad que la licencia de no ser un canalla les permita, redimiéndose de ser los responsables de solsticio invernal de la razón, acortando aún si se cupiera el tiempo para tan mísero fruto, que origina al receloso natural que con procesional paso, de la asumida indiferencia, necesitó una media de tres tiempos, el de leer, el de mirar y el de doblar. Los dos últimos, ejecutados con devoción de robótico fraseo salivoso y exorcizante, con el sencillo acto de indulgencia  hacia quien se asemeja por las barbas, por deseo propio, se abandonará el periódico local, gacetilla de las cuencas vacías, pero de barriga plena, o ancha panza, sobre el mostrador de cualquier parte, y en ello se devela el arcano contumaz desasosiego del hombre encerrado de por vida en las mentiras de los otros. 

Pasa la retina por los surcos como las sangre cenicienta atraviesa las rúas, tendiendo en las acristaladas balconadas los efímeros estandartes de una fama raptada a la inteligencia de la sabia terrosa, de un lar, todo piedras y bellotas, cuyos carrascos mas notables sobresalen con la complicidad porcina del azar dirigido en secreto, la ciega hambre del palúdico vengar que la historia acallará entre hojarasca de chopera por voceros afectados, predicando la paz de los muertos y la sed de las cloacas, que sepulta subterránea la poca consolación estipulada por decreto y bando. Un resto de muralla se erige en la puerta a la otra orilla, antes de atravesarla, no olvidamos la intención, dejando así aviso, de haber leído los  necrológicos fastos recién publicados, destino final del paladear interesado y familia. 

Constatar que un elegido de las musas ha tenido como sagrada ocurrencia, no achacable a las mismas, sino a su prisa por atender a tantas solícitas demandas, de pasear a un mendigo por la Feria recogiendo monedas, es pasarse por el arco del triunfo la supuesta novedad, pues la memoria, no rota, recordará que ya hubo quien a un parado contrató para pasear por una galería, notoria falta de ideas es crasa recurrencia de la ausencia innata del divino éxtasis, dichoso aquél a quien los dioses no envidian. Advertir,  así mismo que el presbítero oficiante del gasto peculiar para la despensa del Musac, con los óbolos incautos de la impuesta indulgencia otrora posibles caminos o jardines, pero ahora escombros sigilosos del apetito museal, decidió adquirir obra, a quien ya exponía sus retales de remedos en la Domus Amicorum, como obtuvo ya prebenda no se entiende el refuerzo de la obtenida  venta, pero paso previo es la domus a la feria gloriosa donde rubicones fantasmones pasearon su ostentación hidropésica de reluctancia inane.

Para terminar, la reseña de la pucelana caracola mecánica que acompañará en su viaje tantas stultiae operae  vacui artium, sin precepto ni concierto, porque el hueco oceánico llamado espacio reclama deglutir migajas de la patria invisible y despojada de la marca a fuego malograda al secular socaire de graznidos alfabéticos en orden sin rastro de sentido. Sin anhelo de cambio, se perpetúa la miseria, tras el adobe falto de legámico aliento, sin rastrojo de honra alguna, el olvidado insuflo, agotaría al mismo Padre de los cielos, pues no se puede secar el sudor de la derrota consentida. Una vez más la cinegética humana cumple en el calendario su enésima fiesta de rigor, nada cabe, sino acudir al amparo del alambique de piedra que destila cada tarde el oro viejo, reconvertido en quincalla por la programática dulzaina de la testa tamborilera de la novedad impróvida. 

 Saludos anónimo, hoy más que nunca, e incierto, Lector.

Anuncios

2 Respuestas a “Relinchos de hipocampos y coletazos de sirenas.

  1. Lo priemero, disculpar mi tardanza en las visitas… y es que últimamente tengo a la nerunona bastante liada con lo suyo, así que procuro no incordiarla más de lo habitual….
    Las dos imágenes que has visto en mi space, son fotos de diferentes trozos de una pared que veo todos los días al salir del trabajo. Es una pared vieja y desvencijada que me atrae la mirada, y me hace darme cuenta de que la belleza de las cosas reside en lo que nos hacen sentir.
    Un beso!!!
     
    PD. Volveré para leer lo de arriba.

  2. No hemos querido hurgar en la herida, pero a estas alturas, todo el mundo se ha hecho eco de la propuesta, una vez más de desafío al “arte” y la credulidad de un público capaz de decir lo que se espera de él: Saber a toda costa reconocer el gran arte contemporáneo.
     Recopilamos un blog, ANALIZARTE:  donde se aloja el famoso video que ya circula por toda la red. Por nuestra parte remitir a la entrada Take  a Bite, muy lejana en el tiempo, pero en esencia  trata el mismo asunto. Por supuesto el arte oficial no ha sufrido lo más mínimo en su fuero interno,  no tiene vergüenza, ni propia ni ajena, que sentir, pero decir que la telebasura arremete contra el arte, es el cuento de la sartén y el cazo.
     

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s