Puede haber más error si tienes de tu parte al arte.

«Con la Ciencia moderna, con el Derecho positivo y la Ética profana fundamentada en principios, con un arte que se ha hecho autónomo y una crítica artística institucionalizada, han cristalizado tres momentos en la evolución de la razón, sin ayuda siquiera de la Filosofía.» Pág. 26 Jürgen Habermas, LA FILOSOFÍA COMO VIGILANTE( PLATZHALTER) E INTERPRETE, ponencia publicada como el primer artículo  del libro: CONCIENCIA MORAL Y ACCIÓN COMUNICATIVA. Planeta Agostini. Barcelona.1994 Traducción de Ramón García Cotarelo. «Incluso sin haberse visto inducidos a ello por la crítica de la razón, los hijos e hijas de los modernos aprenden a ver como se ha dividido y se ha construido la tradición cultural bajo alguno de estos aspectos de racionalidad en cuestiones de verdad, de justicia o de gusto. » Pág. 26. Estas palabras del filósofo alemán fueron pronunciadas en 1981, en Stuggart, a tenor de lo escrito en su primera nota.

 Su primera frase dice así: «Los grandes pensadores han caído en descrédito. » Es un principio tentador y sugerente, que invita a proseguir su lectura. Téngase en cuenta la rara ocasión, tratándose de filosofía, y contra la común opinión de que los textos de tal disciplina son arduos e impenetrables, con su filosa obsidiana de pétrea semántica, y la coralina inmovilidad del inabarcable campo de significaciones virtuales, que es el estatismo del arrecife inmenso en que se convierte todo cementerio de las ideas posibles, acabaría con la intención, de ser leídos, antes de haber nacido siquiera.  La intención de comprensión, claro. Sarcasmos aparte, y marginando el supuesto tono de postmodernidad, ocioso, para nuestro propósito, debemos aclarar que el texto de este breve ensayo, describe unos síntomas que están lejos de haber desparecido del horizonte de sucesos en que se mueve el pensamiento occidental. Todo ha derivado al intentar vencer el mal, con su obsesiva omnipresencia mediática, que no somos capaces de enjuiciarnos sin perdonarnos casi todo. Y casi nadie se pregunta cómo hemos arribado a esta orilla del mundo y sobre todo a lomos de quién o qué testuz, alumbraba los caminos con su sirénido canto de luz y pan. Habermas, tras un comienzo tan conciso, desenmascaraba esa tendencia del descrédito, en la filogenia del crepúsculo de los dioses del pensamiento, y tras Hegel, a manos de  Popper, nos aclara la caída de Marx, y el mismo destino para Kant, como a Nietzsche, otro que siempre está en una picota de marfil.

No pretendemos, ni podemos resumir el ensayo, pues cada frase daría para una entrada si apuramos la intención, cosa que no es el caso. Sólo decir, que en respuesta a la Crítica de la Filosofía, de Richard Rorty, o con excusa y dispensa, o sin ella,  Habermas se propone descubrir cómo puede dudarse de la validez de la teoría del conocimiento trascendental, y de su fundamentación por parte de Kant, y lo que por necesidad provoca tal cuestión, el papel de la Filosofía como juez supremo que separe la capacidad de la razón práctica y del juicio del conocimiento teórico, dotándolos de sus respectivos fundamentos, (así como de acomodadora de las ciencias ), y tras su afirmación, «En el concepto de Kant de una razón formal y diferenciada en sí misma, se encuentra una teoría de la modernidad», el autor se pregunta: «¿acaso este concepto de la modernidad u otro análogo ha de consolidarse o hundirse verdaderamente con las exigencias fundamentalistas de la teoría del conocimiento? » Pág. 14. Pues  para Habermas, si Rorty, pedía una abjuración por parte de la Filosofía como protectora de la racionalidad, «con la extinción de la Filosofía, también debe desaparecer la idea de que el poder trascendental que suponemos unido a la idea de la verdad o de la libertad sea una condición necesaria para establecer formas humanas de convivencia. » Pág. 13.

Una vez más el fantasma que pide la abolición de la Filosofía, atacaba de nuevo, con sus cadenas de reo estridente, esta vez de la mano, o del tobillo de un americano. Las críticas de Habermas contestaban alguna de las ideas del libro de R. Rorty, LA FILOSOFÍA Y EL ESPEJO DE LA NATURALEZA. Pero debemos  escuchar al propio autor americano en unas palabras del prólogo a su edición de 1994 de CONSECUENCIAS DEL PRAGMATISMO: «Como intento establecer en CONTINGENCIA, IRONÍA Y SOLIDARIDAD, la reflexión filosófica debería centrarse principalmente en la solidaridad humana, y no en un género de objetividad más allá de la intersubjetividad», en su versión castellana, Tecnos, Madrid, 1996.  Por tanto, la solidaridad humana de Rorty y las formas de convivencia humanas de Habermas, ¿ deberían basarse en lo que suponíamos como «idea» de verdad o de libertad? Rorty sabía de lo que hablaba y tal vez su pecado es el de ser sólo Profesor de Humanidades, léase con cursivas, o baste leer su último ensayo en el citado libro, La Filosofía hoy en América, para comprobar, la distancia que media entre ambos autores. Por tanto, no puede dejar de extrañarnos la posición de Habermas, como supuesto defensor de una “división del trabajo existencialista” como simple  sustento de la Filosofía… Y todo por que la Filosofía, desde el pragmatismo y la hermenéutica, debía ceder su puesto de acomodadora o su función de tal, por la de vigilante, «para la las teorías empíricas con grandes pretensiones universalistas, que es a lo que siempre han aspirado las cabezas más productivas en las distintas disciplinas.» Resumiéndolo, las ciencias y la filosofía «trabajan con la conciencia humilde de que aquello que la Filosofía pretendía conseguir antaño sola, hoy sólo puede esperarse de la armonía feliz de diversos fragmentos teóricos. » Pág. 25. Humildad, escasa, la verdad. Pues, hasta Rorty, recuerda como los mismo pensadores del momento, en la orilla continental, se creían lideres de la polis total, y por tanto unos faros del peligro amenazador que sólo ellos , parece ser, podían presagiar o ver. Hasta aquí y saltándonos evidentes razones, y argumentos,  puntos y renglones de peso o sin él, puede simular una de las interminables y farragosas discusiones sobre la Filosofía y su razón de ser en los tiempos de las dos últimas décadas del pasado siglo.

Pero debemos retomar el principio de la cita, que de excusa nos servía,  y llegamos al preludio de algo que nos asombra por la naturalidad de la expresión: « Si hoy prescinde( la filosofía) de su función de juez  en lo relativo a la cultura, como lo hizo respecto a la Ciencia, ¿ acaso no renuncia a la referencia a la totalidad, sobre la que hubiera podido apoyarse en su condición de protectora de la  racionalidad» Pág. 26. Juez de la cultura y renuncia, a la totaliadad de una Atenea racionalista… ¿cómo encaja esto con el Mundo de la Vida?, es algo que rebasa nuestra intención. « Ahora bien, con la totalidad de la cultura sucede lo mismo que con las ciencias, no precisa fundamentación ni justificación jerárquica alguna. » Pág. 26. Porque la Modernidad, con sus estructuras de racionalidad, se convierten en esferas de valores culturales, como descubren Weber y Lask, en palabras de Habermas.  Y todo por un proceso de desintegración observable: « Las ciencias van despedazando las imágenes del mundo y se niegan a hacer una interpretación de la totalidad de la naturaleza y de la historia. Las éticas cognitivas prescinden de los problemas de la vida buena y se concentran en los aspectos estrictamente deónticos, susceptibles de generalización, de forma que del bien sólo queda lo justo. » Pág. 26.Nos asalta la intriga: si en todo esto la Modernidad ha sido la madre de todas las derrotas, de los estertores agónicos en torno al papel de cada cual en el mundo del pensamiento, cómo saber si fue primero la gallina o el huevo. 

Para Habermas, «Las grandes simplificaciones de que caracterizan a la modernidad no precisan de fundamentación o de justificación.» No se asuste nadie, que lo que suscitan, son: «  …problemas de mediación.»   Pág. 27. Y se plantean en las esferas de la Ciencia, la Moral y el Arte. «Y un arte que se ha hecho autónomo trata de conseguir la configuración, cada vez más pura de la experiencia estética fundamental, que tiene consigo misma la subjetividad desconcentrada, liberada de las estructuras espacio-temporales de la vida cotidiana; la subjetividad se independiza de las convenciones de la percepción cotidiana y de la actividad utilitaria de los imperativos del trabajo y el beneficio.»  Habermas apreciaba así, suponemos, la situación del arte de finales de los setenta, porque dice para la mediación en torna a la esfera del arte: «el arte de posvanguardia se caracteriza por la extraña simultaneidad de las corrientes realistas y políticamente comprometidas con la auténtica prosecución de la modernidad clásica, la cual explica el mantenimiento del gusto.» Pág. 27.  y como no quedándose a gusto del todo añade: «Pero con el arte realista y comprometido se manifiestan también en el ámbito de la riqueza formal, liberado por la vanguardia, elementos cognitivos y práctico-morales.»  Una vez más, los juicios de valor aparecen como descriptivos y el arte sucumbe a una más de las manidas defensas de lo necesariamente demostrable para la justificación de las ideas que nos despejaran el camino de la verdad, al final del cual, debe figurar la Estética, de lo contrario, la visión totalizadora y por tanto válida, o como poco, mantenedora del atisbo de racionalidad pergeñable, quedaría alejada de las esferas de los que buscan el equilibrio entre una razón separada de la praxis de la comunicación cotidiana… de, dejémoslo.

 «Los fundamentos están hechos de un material especial, y nos obligan a pronunciarnos sobre ellos con un simple sí o no» Pág. 29.  Pues sí y no, y ¿ qué significa esto?  Si un artista joven descubriera las afirmaciones de Habermas en torno al arte, podría pensar: Et Voilà, puedo intentar ser un ejemplo de auténtica prosecución de la modernidad clásica Sic. Y puede no renunciar al ámbito de la riqueza formal, liberado por la vanguardia, con sus elementos cognitivos y práctico-morales. Y así podrá ayudar al  mantenimiento del gusto. Y, todo ello con las armas de la subjetividad que se independiza de las convenciones de la percepción cotidiana y de la actividad utilitaria de los imperativos del trabajo y el beneficio.  Pero ¿podrá renunciar a vivir de su arte, este desprendido artista?

Puede que si…Pero, es que todo esto nos recuerda a un clásico de este blog, « El arte es la filosofía que refleja un pensamiento » Antoni Tàpies, claro que Tàpies no vende cuadros, ni arte, cobra por sus brillantes creaciones filosóficas, y quien no lo ve así es que no tiene gusto estético, ni sabe de filosofía y encima es un envidioso.

Otras posibles preguntas ¿El descrédito  de los grandes pensadores, es un producto de la Modernidad? Entre pensadores «científicos» y «literarios», ¿ qué papel juega el mundo? Los procesos de entendimiento del mundo vital, de los que habla Habermas, y la distinción entre «apariencia» y «realidad» y sus descripciones en términos de utilidad, de Rorty, ¿cómo encaja toda posible validez de nuestras, en apariencia  meras prácticas de justificación? En definitiva¿ qué nos hace más humanos, pensar o procurar que nuestro pensamiento se encamine al bien común?

 Saludos, anónimo como amable y paciente Lector.

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Una respuesta a “Puede haber más error si tienes de tu parte al arte.

  1. caramba…..voy a leerlo de nuevo…esta vez si que no me lo estas haciendo nada fácil.
    Estoy del todo segura que no es tu intención halagar oidos ni nada parecido
     pero a mi cabeza le salen chispas tratando de traducir a lenguaje cotidiano esto.
    Allá voy de nuevo a leerlo a ver si corro con más suerte….aunque
    presumo que tampoco se trata de suerte

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