El Pasado sin Imágenes es campo fértil para la Fantasía.

¿Ha existido alguna vez el consenso en torno al objetivo y la función de la creación de imágenes en nuestra cultura?

Primero tal vez deberíamos poder preguntarnos qué entendemos por imagen, puesto que una imagen puede ser el acto mismo de la visión de algo concreto, como su traslación física, mediante un soporte, externo al objeto mismo. No hace falta que la imagen reproduzca un objeto, puede representar un momento determinado de una acción, o fenómeno del que seamos testigos, la imagen, puede ser entonces una simple fijación de un instante… Aquí todos imaginamos la fotografía como el medio idóneo para la obtención del momento concreto qué deseamos guardar… Es decir, la imagen, en un primer estado nos permite guardar, conservar algo que sabemos no volverá a suceder. Si queremos conservar una serie de imágenes existen los medios para tal cometido, y ellos han ido evolucionando con el discurrir del tiempo.

Si se nos pidiera reconstruir un detalle sobre un acontecimiento pasado, como el color de un coche, cuando sufrimos un accidente,  seguramente, recordaríamos su imagen, y si el traumatismo de la escena, no se impone a nuestra capacidad de recuerdo, seremos capaces de proporcionar información, qué, aún siendo singularmente visual, necesariamente deberemos traducir al lenguaje oral. La capacidad humana para guardar información de un mismo suceso, mediante diferentes estructuras del mismo, ha sido quizás una de nuestras ventajas evolutivas. Decimos estructuras y no componentes, por que consideramos que la parte de información que desglosa la memoria, se estructura mediante recursos que forman unidades complejas, y no datos aislados, que se perderían sin un orden conectivo previo. Este orden, son las misteriosas formas en que nuestras neuronas asocian diferentes partes de un todo para después reconstruir un dato, convirtiéndolo en «recuerdo».

 Seguramente estas consideraciones no se ajustan al modelo que los estudiosos sobre la memoria humana utilizan para su explicación, pero debemos darnos un margen para poder  trabajar sobre tales asuntos. Los estudios de la pura fisiología del cerebro, tienen en las enfermedades del mismo, un camino por el que vislumbrar el origen de las disfunciones mentales, pero si nos detenemos a considerarlo, nos sorprendería a todos que este procedimiento fuera usado por ejemplo, en la corrección de exámenes académicos: por los errores, hallar la causa de la puntuación;  sólo nos cabe deducir de todo ello, que no existe un método fiable para investigar un cerebro normal. Creemos saber por las lesiones del cerebro enfermo donde se localizan las áreas específicas de un proceso cerebral. La localización de tales zonas no ha conseguido establecer un mapa donde situar, concretamente, las complejas acciones que un cerebro pone en funcionamiento para el acto de la memoria. La memoria y el recuerdo son todavía pantanos que la ciencia debe drenar si quiere obtener una imagen clara de nuestra mente.

Aquí, como vemos, la palabra «imagen» se ha introducido de manera arbitraria, y, sin embargo, es un lugar común de la especulación filosófica el uso de la palabra Imagen par describir en parte, el proceso mediante el cual el ser humano es capaz de tener un pasado continuo y un presente anticipatorio, o lo que es lo mismo, una constancia de su ser, con una capacidad sorprendente: la de imaginar lo que no existe, así como lo que vendrá. Es decir, la memoria es al mismo tiempo el sustento de nuestro yo, y el acto de memorizar una victoria contra el tiempo. Al  utilizar la memoria, las relaciones que se establecen entre las diferentes estructuras que maneja nuestro cerebro, podemos jugar con las condiciones normales por las que establecemos, por ejemplo, las causas y los efectos, y al alterarlas, podríamos decir, que la Imaginación nace de un uso diferente de la Memoria. Como vemos, en la misma palabra, Imaginación, surge el problema de la Imagen. Es como si no pudiéramos hablar de nada sin imágenes, pero uno no imagina las palabras escritas que describen aquello que uno dice. No pensamos con palabras… Pero¿ Imaginamos sin Imágenes?

 La percepción, o simplificando, la interacción permanente de «nuestro yo» corpóreo y mental, activa constantemente el uso de la memoria, bien para anticipar una posible solución a un problema, bien para considerar, por comparación, un análisis de la realidad de lo que acontece en ese singular momento.  Se ha distinguido la Memoria a largo plazo,  con aquella que, por contraposición, usamos para la comunicación constante con el exterior, la que todos conocemos por Memoria a corto plazo, y su relación con el aprendizaje humano; se considera normalmente, de vital importancia para la fijación permanente de los datos trasferidos, es decir, la conversión de los estímulos en recuerdos. El acceso a estos datos, en el acto de recordar, nos trasmite la falsa idea del armario de la memoria, con clasificaciones por relevancia y otras especulaciones de carácter biológico. Es factible creer que recordar un animal, puede salvarnos la vida, pues el aviso que nuestro cerebro manda en forma de respuesta, sea sudor o temblor o de cualquier otro tipo, asociados al Peligro, son adquisiciones evolutivas. El peligro, sin embargo, o mejor dicho, la «sensación» de peligro, es una respuesta que compartimos todos los replicadores genéticos de origen animal. El miedo, a lo desconocido,  es sin duda un claro ejemplo,  de lo que tal vez sea la ausencia de imágenes para tal sentimiento. El «miedo irracional», o Fobias, pueden ser el síntoma de una enfermedad mental, pero el miedo incomprensible, por nuevo, que todos hemos sentido alguna vez, ante una situación anómala en nuestra vida cotidiana, es una pista de la necesidad de tener recuerdos y por tanto de tener Memoria, para salir al paso de tales situaciones. Cuando nos decimos a nosotros mismos “ – esto no es real, y no puede estar pasando”, ejercemos la función de negación de nuestra memoria. No recordamos nada parecido por lo que deducimos que no es real. Que todo es producto de nuestra imaginación. Pero puede que simplemente tengamos bloqueada la memoria, por una razón más sencilla, la respuesta de neurotransmisores y moléculas que nos dictan: “No hay tiempo para recordar…ni tan siquiera para pensar…Sólo para actuar”. Y a velocidades de nano segundo, exagerando, encendemos la luz de la habitación. En seguida recordamos el susto, por lo que nos reímos, considerándolo infantil, y tal vez, no pasa a nuestra Memoria a largo plazo. Porque no haya nada que pueda ser codificado como imagen del miedo irracional. En nuestro entorno, las imágenes de Terror, son especialmente proporcionadas por el cine, curiosamente, y no, por las imágenes de los sucesos reales que son gráficamente documentados por el mundo de la comunicación de masas. Es tal vez la falta de contexto de una imagen aislada de un accidente de coche, la que no llega a pasar de nuestros sentidos a nuestra memoria. Un anuncio con gritos, chirridos estridentes y música ”sobrecogedora” con una lagrima final en primer plano, nos “tocan” más, por usar un término, que comunica un sentido  más, a los ya colegidos de la vista y el oído. Pero al re-cordar, es decir, al sentir de nuevo etimológico, nuestro corazón, no se paraliza de miedo. 

Nuestras emociones son  vivificadas de nuevo, al recordar la publicidad, y no la imagen de un accidente, a lo sumo, exclamamos: ¡cómo quedó el coche!, sin querer, nos impedimos llegar a percatarnos a través de la imagen, de algo más terrible,  qué fue de las víctimas. Pero, llegamos a una conclusión que debería ser una aberración de nuestra capacidad biológica de percepción de la imagen. ¿ No debería ser más eficaz una imagen real que una reconstrucción de un accidente, para activar nuestra memoria? Acaso, la realidad y su reflejo, han llegado a un estado de degradación tal que no somos capaces de reconocer y, por tanto, asimilar el «valor real» de una imagen, para nuestra conciencia?  ¿Es ese mismo valor, o significado, en su más amplio sentido, el que debería, en última instancia, prevalecer, o en su defecto, debería ser la imagen del mismo, la que pudiéramos ser capaces de recordar? 

El objetivo de una imagen, es decir, el propósito inicial de la misma, y su función, no son una comunión de valencias invariables.  La «función» es a menudo inseparable de su intención, la finalidad de quien la crea, es por lo general, mucho más concreta de lo que parece, a primera vista.  Incluso quien hace una fotografía de «algo» sin premeditación previa alguna, suele tener un motivo claro, la permanencia de lo visto, y una finalidad sencilla, su conservación, o al menos un remedo de ambos. Cuando damos significados aleatorios a “eso” que tan curioso nos parece, ejercitamos la imaginación comparativa, o la Memoria, pues una memoria que establece relaciones inconscientes, es muy parecida a lo que comúnmente solemos llamar «Fantasía». Las relaciones no deben entenderse como meras formas de cambiar el significado, o la simple facultad de no encontrarlas, lo que es aún más raro; más bien, la inconsciencia de las mismas relaciones sea el producto de una cadena de eslabones sueltos que nuestra memoria no es capaz de extender, a lo largo de la historia neuronal de la imagen y su significado, dejando solamente asomar a un tiempo, los retazos de una serie incompleta de pequeños bits de información. Un bit aislado, y otro, y otro que componen la Imagen de lo que no comprendemos a primera vista.

Hubo un tiempo en que las imágenes, especialmente las artísticas, tenían un objetivo y una función. El trabajo de los artistas era el producto de un consenso. La imagen era la satisfacción o su tentativa, de una necesidad, de un esfuerzo por suplir, mediante las obras, la carencia de “ilustración” sobre el mundo, fuera dicho mundo, real o imaginado y deseado, como es el caso de las imágenes de carácter fantástico. Las obras de arte no permanecían en manos de los artistas, salvo en muy contadas ocasiones, pues enseguida pasaban a su destino. Cuando el coleccionismo privado de mecenas y patronos, decidió guardar algunas obras,  se dio paso a una nueva alternativa funcional de satisfacción. En algunos casos, no era otra que la de obtener prestigio social, o una forma de diletantismo, pero la condición de la obra sufrió una permutación, que con el transcurrir del tiempo, se convirtió, en el origen del arte por el arte. La exposición pública del producto artístico, que ya sucedió en la Antigüedad era una forma de representación o traducción a imágenes de la concepción del mundo que, tenían y deseaban ver, los propios contemporáneos de las mismas, y la capacidad para reflejar dicho microcosmos, era en definitiva una función derivada del objetivo primario, es decir, el de la representación del mundo del que participaban los miembros de una cultura dada.  Las siguientes formas de exposición, como es el caso del Museo Contemporáneo,  que conocemos todos, no es sino una forma de cenotafio arbitrario del pasado que catalogamos como verdadero. Hay un regusto arqueológico en torno a las Imágenes visuales que se dan por válidas y coherentes con el sueño de un mundo en cambios permanentes, pero con un continuum fijo. No es un espejo. Es un documental de lo que deseamos perpetuar. Pero ¿quién decide la vinculación de la Imagen  a nuestra Imagen y Semejanza? Todos tenemos un Museo Ideal, pero rara vez coincide con el oficial, este desajuste es la base de algo que está en la basa de la historia del Arte.

La Memoria, al considerarla Colectiva,  acaba siendo una más de las actividades panfletarias de la visión interesada de una historia que está lejos de ser un expediente cerrado. Un ejemplo banal en apariencia, pero muy significativo: Es casi imposible acceder a la historia visual de la Pintura Francesa Académica de «Salón» de la primera mitad del Siglo XIX, sin embargo, su supuesta continuación es detallada, hasta ser farragosa sin límites. El intento del Orsay, adolece de un exceso de autodisculpa en la mayoría de sus exposiciones. Escatimar la Imagen de todo un período de la Pintura, es escamotearnos a todos una parte de nuestro pasado. Y un Pasado sin Imagen, es campo fértil para la Fantasía.

El Consenso, ahora, no es el producto de un acuerdo, más pareciera una de estas conspiraciones de las que tanto abundan hoy en día. Sin consenso, la Creación de la Imagen que nos damos deriva en un calidoscopio sin sentido, porque no vemos, sólo somos los convidados de piedra de un espectáculo de sombras chinescas, condenados a vagar por un álbum Familiar de desconocidos, sonrientes o afligidos, pero irreconocibles para nuestra mirada, sin memoria compartida, sólo se nos permite mirar, sin reconocimiento posible, luego sin recuerdo.

 Saludos anónimo, como paciente, Lector.

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5 Respuestas a “El Pasado sin Imágenes es campo fértil para la Fantasía.

  1. Fente a un evento varias personas son capaces de conservar impresiones de dicho suceso más la subjetividad de ese recuerdo queda en evidencia cuando nos describen el hecho de maneras diferentes aportando detalles que muchas veces se contradicen. Posiblemente la imagen tangible ( foto,film,pintura etc) sea algo más objetiva pero la fotografía no está libre de interferencias pues depende de la camara..la luz y de un sinfín de variables el resultado final de la misma y lo mismo sucede con cualquier medio que utilicemos para conservar una imagen.
     
    La imagen se concerva en nuestra mente y se maniefiesta de todas las maneras que describes….como recuerdo, como anticipacion del furturo…como un hecho que nunca talvez va a suceder.
     
    Siempre he pensado que la historia y las imagenes que la reflejan forman parte de una vision que quieren que asumamos como la realidad cuando  son lo que nos quieren mostrar de un periodo o de un hecho y se espera que  lo asumamos como la realidad sin cuestionarla, muchas veces tenemos la suerte que algunas informaciones logran filtrarse en lo que conocemos como la historia oficial y el espectro se amplía, pero….tal como las personas se esfuerzan por parecer perfectas y se esfuerzan por crear un mundo en apariencia perfecta nunca sabremos a ciencia sierta cual es la dosis de caos que subyase bajo esa imagen. 

  2. Hola!!
    Mañana vengo a leerme esto de un tirón, que ahora he sido incapaz… se me cierran los ojitos de sueño.
    Un besito!

  3. No me llegó ningún correo, de todos modos te agradezco y aprovecho la ocasión para dejarte un saludo y un abrazo.
    Milena

  4. Tradicionalmente, y así lo he comentado hace tiempo en algunas de mis entradas, el cerebro solamente ha podido ser estudiado a partir de disfunciones manifiestas. Lógicamente, el cerebro no puede ser estudiado en positivo hasta la aparición de escáneres capaces de detectar áreas en funcionamiento que responden a determinadas actuaciones y estímulos. Sin embargo, estamos en pañales en comparación con otros objetos de estudio: observar una célula con un simple microscopio nos permite localizar sus partes, porque están ahí. La observación en positivo de prácticamente todo lleva milenios llevándose a cabo, pero la observación en positivo del cerebro es tremendamente reciente y poco evolucionada.Existen diferentes modelos que intentan explicar, con mayor o menor fortuna, el funcionamiento del cerebro en la adquisición y uso del lenguaje. Desde la metáfora informática, muy práctica para hacernos una idea global, hasta las agrupaciones semánticas por argumentos de validación binarios (p.e.: animal [+,–], donde tigre es +animal y armario –animal). Aún estamos en ello.Sobre la memoria, se está considerando que la diferenciación entre memoria a corto y a largo plazo es una falacia. Lo único que se puede dar por válido, a raíz de determinadas observaciones, es que determinados "elementos" lingüísticos se encuentran localizados en áreas muy concretas. Parece confirmado que existen "palabras", "conceptos", "expresiones", "reacciones verbales" (a elegir lo que se considere más apropiado) que se localizan en el hipotálamo. Los días de la semana, los "tacos" instintivos o determinadas canciones o las tablas de multiplicar, por ejemplo, son casos estudiados.Por otra parte, la sensación de peligro a la que te refieres no es necesariamente (remarco la palabra) innata en el ser humano, sino que en muchos casos es un aprendizaje social: un niño de un año no tiene miedo a morir, ni siquiera sabe lo que es eso, y puede acercarse y agarrar una serpiente venenosa sin el menor reparo si le apetece hacerlo. Cuando aprende que la serpiente puede matarlo, entonces surge el miedo, si es el caso.
    Cuando afirmas que no pensamos con palabras creo que te refieres a que no pensamos con palabras escritas. Nuestros pensamientos sí que se articulan mediante palabras: algunos estudios han mostrado que existen movimientos subvocales, una actividad fisiológica, cuando pensamos. Incluso, en casos muy exagerados, se han llegado a producir afonías debidas a esa actividad (!!!). La escritura es, por supuesto, un elemento no biológico, a pesar de lo cual se ha convertido en el primer elemento (y quizás el único) no biológico que ha influido de forma decisiva en el desarrollo de un organismo biológico, como es en este caso el cerebro. Pero ello no implica que pensemos con palabras escritas.¿Imaginamos con imágenes? Esto me remite al mito de la caverna y sus arquetipos, muy útiles para comprender un posible funcionamiento del lenguaje. ¿Qué hay en nuestra mente cuando pensamos en "mesa"? Existen muchos tipos de mesas, pero nuestro cerebro, seguramente, tiene un modelo de características básicas, actualmente algo así como la idea un tablero con cuatro patas. Un arquetipo, al fin y al cabo. Por otra parte, podemos imaginar que viajamos a Venus en un microsegundo, y que paseamos tranquilamente por su superficie. ¿Cómo lo hacemos? ¿Fantasía? ¿Extrapolación de realidades que conocemos?Creo que las imágenes son, como los conceptos, particulares, una interacción entre, por poner un ejemplo, lo que vemos con nuestros ojos más lo que hemos aprehendido socialmente más nuestras propias vivencias individuales. Y la memoria colectiva… es una arbitrariedad. Podría discutir acerca de una conciencia colectiva, pero no acerca de una memoria colectiva, que considero más impuesta por El Corte Inglés, por ejemplo, que por una realidad manifiesta.Quería haber seguido el hilo de tu entrada, pero al final me he ido por los cerros de Úbeda. Perdona si en algún momento he puesto "en tu pluma" cosas que no has escrito. Prometo centrarme más la próxima vez.Saludos…

  5. Para muestra un botón.
     Cuando escribí: « Es casi imposible acceder a la historia visual de la Pintura Francesa Académica de "Salón" de la primera mitad del Siglo XIX, sin embargo, su supuesta continuación es detallada, hasta ser farragosa sin límites».
    Me he topado con esto buscando otra cosa:
    JUAN ENRIQUE ARIAS ANGLÉS El Mundo Clásico en la pintura española del siglo XIX MCYT. Programa Nacional de Promoción General del Conocimiento. Ref. BHA2000-1476. Fecha de inicio: 19.12.2000; fecha de finalización: 19.12.2003
    Resumen
    Desde el Neoclasicismo los asuntos del mundo clásico discurrieron a lo largo de la pintura decimonónica española, adaptándose a los sucesivos estilos. Y si bien nos son más conocidos los neoclásicos, de ahí en adelante los asuntos de este tipo aparecen diseminados por museos, colecciones, catálogos de exposiciones y multitud de trabajos, sin que exista un estudio específico que les proporcione ningún nexo ni que los vincule a sus equivalentes tendencias estéticas europeas del momento. Esta temática de la Antigüedad greco-latina estuvo presente en todas las corrientes pictóricas del siglo XIX, ampliándose, en su segunda mitad, los asuntos históricos y mitológicos tradicionales al anecdotismo histórico y al mundo cotidiano de la Antigüedad. Caracterizan a estas representaciones su riguroso historicismo arqueologizante, su fuerte componente esteticista y su técnica académica, culminando en el realismo burgués de fin de siglo, en ruptura con lo contemporáneo y con la concepción moral y didáctica de la pintura. Todo ello conformó una peculiar iconografía historiográfica, impregnada de literaturismo clásico, de delimitada personalidad dentro de la producción pictórica decimonónica, internacionalmente calificada como "Pompier" o "kitsch".
    Abordado ya su estudio en países como Francia y Gran Bretaña, pretendemos ahora emprenderlo en España, estableciendo un completo repertorio y clasificación estilística, a la vez que realizar su análisis, tanto sincrónico como diacrónico, desde una perspectiva histórica y sociocultural.Desconozco si se ha llevado a término el citado proyecto, pero es una pequeña muestra de lo que aún queda por hacer.

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