La Crítica Nunca Gusta.

« La crítica nunca gusta y a menudo está poco informada. Por ello no es difícil simpatizar con el artista que pone su confianza en la posteridad, y cuanto más lo hace menos comprendido se considera. (…)Desde este punto de vista el rechazo del presente es casi  la garantía de la fama  futura, ya que, quiere la leyenda, todos los grandes artistas, todos los grandes genios en realidad, son siempre vituperados por sus contemporáneos.» 

 Estos juicios pertenecen a la conferencia titulada Experimento y Experiencia en las Artes, pronunciada por vez primera en la Royal Institution, en 1980, bajo el  patrocinio del Richard  Bradford  Trust,  la última de un ciclo de siete que versaban sobre la influencia de las Artes y el Pensamiento Científico  sobre el Progreso Humano. Nosotros las recogemos de un libro: E. H. Gombrich. LA IMAGEN Y EL OJO. Alianza Forma, Nº 65. Alianza Editorial. Madrid 1987. Pág.226. Invocando a  John Constable en las palabras pronunciada en el mismo lugar y que decían así: « La Pintura es una ciencia(…) Y su ejercicio debería ser una indagación de las Leyes de la Naturaleza.¿ Por qué entonces no considerar al paisajismo una rama de la filosofía natural, de la que los cuadros no son sino experimentos. »Pág. 203

En este mes de Diciembre de 2006, hemos rescatado del anaquel de nuestra memoria, este texto, llevados, más, por el ánimo de reconocer de dónde salen nuestras ideas, que el de la simple cita erudita.  A todos nos gusta pensar que somos originales, especialmente a la hora de emitir enunciados, pero  La Cizaña Estética, tiene mucho de autoexploración, de odisea mental, y el texto de esta conferencia encierra precisamente el germen de muchas de las reflexiones, que equivocadas o no, se han ido desmigando a lo largo de muchas de las entradas de este espacio. Reconociendo la falta de autoridad académica que pudiera avalarlas, sólo nos queda apelar al buen sentido del lector.  Intentar resumir la conferencia mencionada rebasaría con creces el espacio destinado a una entrada, pero es imprescindible mencionar algo que está en el centro de la cuestión que nos brindan las palabras de Gombrich.  Debe tenerse en cuenta que la conferencia exploraba un témenos tan sagrado como profanado, por la especulación moderna en torno a la teoría artística, y que en el memorándum entregado a los conferenciantes decía así: « contrastar la teoría  de que existe una íntima analogía entre  los procesos que  intervienen  en el desarrollo de una hipótesis científica y  de una creación artística.» Pág. 203 Pero el maestro Gombrich, enseguida aclara cómo la noción de experimento puede ser abordada como una paráfrasis de lo que se ha dado en llamar «realimentación negativa», y se pregunta si realmente la evolución de las artes puede o no verificarse por el principio de realimentación, o simplemente es parangonable al del método científico de verificación o falsación de la ciencia, como más adelante mencionaba dicho memorándum.  Donde además puede leerse que la comprobación de lo anterior consistía en que « la obra de arte sea aceptada o rechazada por la gran mayoría de aquellos a quienes se dirige.» Pág. 204  Un siglo, el XX, de ciencia, no cabe duda, de progreso científico sin precedentes en el terreno de la tecnología aplicada como el de los principios teóricos de nuestro universo.

Por tanto, la especulación entre la historia de las artes y  las ciencias es de por sí tan sugerente, como lábilmente fangosa. Si seguimos a Darwin, como hace Gombrich, coincide de manera cautelosa, «hemos de estar de acuerdo en que las imágenes adoptadas por una cultura particular han debido evolucionar en función de una presión selectiva. Determinadas cualidades parecieron más atractivas o intuitivamente más acordes con los objetivos propuestos, que otras, y quedaron codificadas como convenciones. »Pág. 205   ¿ Quién no encontraría en estas palabras referencias a la historia artística del siglo XX,  preguntas y demandas al sentir verdadero por la cuestión de cómo trascurrió el arte del siglo de la ciencia, y en qué medida se pueden interrelacionar ambos? Sucintamente el inicio de la Crítica, tal y como la entendemos, si seguimos leyendo, se encuentra en el origen de nuestra cultura occidental, es decir en Grecia, y la retroalimentación se convierte en la detección de errores, «Criticar es hacer distinciones, y el crítico es el buscador profesional de faltas.»Pág. 206.  Y aquí, es necesario mencionar como hace Gombrich, citando a Burckhrdt, la pasión que sentían los griegos por la competición, y si era pública, más aún. Después de ilustrar el espíritu de competencia a través de los ejemplos de pintores de vasos y en las pocas muestras que nos queda de la pintura antigua en las copias  pompeyanas, llega el autor a reflexionar sobre un aspecto no menos conspicuo, el del tan trillado como insoluble, al menos en apariencia, entre la distinción  del juicio del público y el del experto, que perdura hasta hoy mismo. «Lo distintivo del Renacimiento Italiano fue la forma en que se invocó la ayuda de la ciencia para obtener el parecido con la realidad.» Pág. 211

 De nuevo, El Renacimiento. El conocimiento imprescindible de las leyes de la óptica, basado en Euclides, o sea la perspectiva y por supuesto el estudio, pormenorizado y minucioso de la Anatomía, no sólo humana, ( nótese el interés  por la propia del caballo), es decir desde Brunelleschi hasta Leonardo, fueron el inicio y el anuncio preñado de futuro, de que las leyes que gobiernan la naturaleza venían por fin en auxilio de los artistas, comenzando su andadura en el mundo del arte en la Florencia del siglo XV.  El propio Leonardo, como recuerda Gombrich, anota en sus dibujos « sperimentato» y «nonn isperimentato», y es el origen de los “Estudios” modernos, y así es posible preguntarse, sin notar la naturaleza de lo nuevo del método: «¿ Cómo se justifica que un artista ponga algo en un papel sólo para rechazarlo?» Pág.214No debemos rumiar demasiado, Vasari, de la mano del autor, nos aclara en su vida de Tiziano, refiriéndose a Giorgione, la incomprensión del veneciano a usar dibujos sobre papel, «no comprendía que a cualquiera que desee llegar a una buena composición y ajustar sus invenciones le es necesario dibujarlas primero en papel de diferentes formas par ver como casa el conjunto.» Pág. 214. Pero tal vez, la realimentación negativa del autor de La Tempestad estaba en sus mismos pentimentti,  y volviendo a la cita literal, «Encontramos aquí la idea de la experimentación, de realimentación negativa aplica al artista mismo. El es su propia cobaya, que somete las invenciones de su mente a juicio crítico de sus ojos» Pág. 214 y le sigue una declaración que parece ser el lema de muchos artistas, pero que desgraciadamente es la defensa de muchas de las obras que no han pasado el auténtico filtro de los ojos propios y aún menos los ajenos, sean estos de expertos o del vulgo. Dice Gombrich: «Cuanto más se adentra un artista en lo desconocido, abandonando los métodos probados de la tradición, más probable es que este procedimiento resulte imprescindible.» Pág. 214.El final de este párrafo, casi programático de las vanguardias termina así: «Puede decirse incluso que esta disciplina de la autocrítica se ha convertido en la herencia más preciosa del arte occidental.» Pág. 214. 

No acaba aquí la conferencia… pero dejemos reposar el té. Si hemos leído bien, nos damos cuenta de la deuda que la Cizaña Estética tiene con  E. H. Gombrich, y con otros muchos, ya mencionados a lo largo de este espacio, y no nos avergüenza reconocerlo, bebemos de las fuentes que antaño manaban de una forma de pensamiento, que no se queda en el mero “historicismo” que denunciaba K. Popper, y que por suerte, estas aguas se han estancado en las páginas de esos preciados tesoros que son los libros. De su fermento y su hedor, nauseabundo por  veraz,  se nutre, la fertilidad de la pregunta constante y de la contradicción misma. Las narices de los finos olfatos de los expertos, se cubren con pañuelos almidonados de rúbricas y esencias más armónicas a la naturaleza de sus propios intereses. Pero nos queda por ahora, una pregunta frente a la pantalla, ¿El siglo de la bomba atómica y de Auswicht,  donde la ciencia se utilizó de la manera más eficaz en el exterminio de nuestros semejantes, que no enemigos, de un modo como nunca antes la raza humana había conocido; este siglo, que nos ha dejado como herencia el genoma y la posibilidad de llevar un teléfono pegado a la oreja, y una red que nos aísla, para fingirnos unidos, qué arte nos legó?  Desde que el experimento se trocaría en obra, siempre alguien acabará siendo una víctima,  que muere…sólo sea, si cabe, la inocencia de un niño que dice: “…pero si no lleva nada encima” Pero esta es la historia de la siguiente entrada.

Saludos , anónimo como amable y paciente Lector. 

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