Dino Valls: De Profundis o De Sencillas Respuestas.

Dino Valls: De Profundis y Respuestas.

La Cizaña Estética desea dejar atrás las desagradables, por vacuas como falsas, discusiones, de las dos últimas entradas. Y acercarnos si cabe a una de las cuestiones esenciales que le rondan al autor de este blog, toda vez, que se topa con un cuadro, es decir, qué es pintura, qué es el espacio, qué relación se establece entre objeto, espacio, o sujeto y pintor, y cómo puede existir aún, esa forma de arte, tan particular, que llamamos Pintura. La PINTURA, es ridículo recordarlo no ha existido siempre, pero casi. El dibujo está unido al origen de la escritura, y, por tanto, en la raíz misma de nuestro mundo simbólico y conceptual. Tenemos la suerte de vivir en un tiempo en que todo parece estar dicho. Esta apariencia, es un modo cómodo de despreocuparnos por la esencia de las cosas. Pero hay trincheras solapadas en los pinceles de algunos artistas pintores, que nos recuerdan, no sólo qué el arte de la Pintura, no sólo no ha decaído en el abismo de un formalismo  informe como agotador, sino que el arma de un pintor, no se revela en sus palabras, sino en sus obras.

 Siempre que nos situamos delante de un cuadro, deberíamos poder preguntarnos por la verdad de lo que vemos, en tanto que Pintura, después podremos juzgar; pero para ser honestos con la Pintura, (como forma de arte con sus propias reglas y contradicciones, así como evoluciones y períodos históricos,) las cuestiones que debiera suscitar cada cuadro, tela, o tabla, pudieran conformar una afirmación implícita en la visión del espectador de la integridad de la obra: ¿Es esto Pintura?. ¿ Qué resuelve, y cómo soluciona los problemas que conlleva cada obra, y que son el alma de la Pintura? Aquí queremos llegar, y hablar de un pintor tan inclasificable como Dino Valls.

Hacia el año 1991, en la revista  Galería Anticuaria, en su nº 83, del mes de Abril, una entrevista nos descubría, a quien se convertiría, con los años, en uno de los pocos Pintores  por quien sentimos una admiración profunda y sincera. Y es ahora, con el paso de los mismos, donde quisiéramos, dejar constancia de ello, a través del breve comentario de dos de sus obras, capitales por razones ahora más que nunca necesarias, para la batalla de esta incruenta beligerancia que desarrolla La Cizaña Estética, y que sólo resulta atronadora cuando nos atrevemos a poner nombre y apellidos a quien consideramos no merece el nombre de Pintor. Artistas muchos. Pintores pocos, y obras como las dos de Valls que presentamos, realmente muy pocas. Somos conscientes de que mencionar a Valls en este país es como mencionar a Balthus, o Gaya, es nombrar la soga en casa de ahorcado, pero, la soga se la han puesto cual suicida, cada uno.

No vamos a mencionar las palabras del propio Dino Valls, en la entrevista, ni siquiera las dedicadas a su cuadro De Profundis.  Es el primero de los trabajos de este autor que nos dejó un recuerdo imperecedero en nuestro ánimo,  en el  que una vez sobrecogidos por lo prodigioso de su técnica, repuestos de ella, en una tranquila contemplación, pasamos a la reflexión. Pues era inevitable: un Caballero, noble, de larga melena, tocado con gorra roja y vestido con camisa y una especie de, nos gustaría pensarlo así, aterciopelado lucco florentino, sobre un fondo neutro y, por tanto, espacio pictórico, porta una navaja que rasga el lienzo desde dentro. Una rasgadura que comienza debajo del ojo izquierdo y se detiene  a la altura de la misma navaja.  Todo un siglo preguntándonos sobre qué es y no es el espacio, y la figura de Valls zanja la cuestión con la Navaja de Ocham.

Si alguien piensa que nos seduce su estilo renacentista, deduce errados planteamientos. Si se piensa que la técnica usada nos soborna, se equivoca. La elección de Valls, de la personificación del retrato Renacentista para dilucidar la cuestión del espacio en Pintura, nos parece la más acertada, puesto que fue entonces cuando la formulación del espacio toma cuerpo doctrinal y específico en las obras de los artistas del Renacimiento, su conquista, si la hubo, no deja de ser parte y punto cardinal de la historia de nuestra civilización. Con independencia absoluta de que al propio pintor cierta manera de ver y de practicar la pintura, pueda resultar extraña y ajena a la sensibilidad moderna, si es que ésta cosa existe, no podemos caer en la tentación de creer que el cuadro es un juego surrealista, o una perfeccionista manifestación de lo que pudiera ser un cuadro de R. Magritte; De Profundis, a nuestro modesto entender, es  como un soneto de Borges, es un enunciado Pictórico, que va más allá de la mera afirmación o juego baladí de personaje y acción, va a donde la dialéctica hipócrita de la que dependen muchos contemporáneos no se atrevería a llegar. El caballero de De Profundis, nos deja entrever que la discusión, en pintura sobre la superación del espacio es absurda. Pues nosotros los espectadores no podemos adentrarnos en la abertura de la tela, sin perder la capacidad de inferencia de la verdadera esencia de lo pictórico.

Es decir, no todo lo que delimitado por cuatro esquinas, por decirlo vulgarmente,  colgado de una pared es Pintura. No todo lo coloreado es Pintura, y desdichadamente, hay buenos y malos pintores, hay buenos y malos cuadros. Como todo en la vida. La relatividad de lo correcto, políticamente hablando, es una trampa del emporio y del Imperio. El Espacio, si es apriorísticamente kantiano, es un callejón sin salida. Pues su representación en Pintura, no tendría valor alguno. Pero lo tiene. Solo fuera porque el espacio y el tiempo se detienen en la pintura. Y no en su época. Esa es la elección del pintor, pintar «el ahora» y «el dónde» se es, o si se prefiere: «el será» del todo y «la nada», dónde quiera que «se esté» o se halle, sin límites. El espacio, si está ligado al tiempo y es, por tanto, relativo y flexible, no nos ayuda en nada, más bien al contrario.  ¿Es esto Pintura? Ha sido y sigue siendo una de las objeciones mas serias que se han hecho desde la aparición de la Vanguardia, los espectadores más inocentes, al contemplar el infinito mundo de lo museable, dentro incluso de una fracción de personas que con buena fe se aproximaban al arte dentro del Arte. Pero para muchos de ellos una falta de seres reales les desligaba de tanta forma, textura y de todo tipo de excusas plásticas neomodernistas como supuestamente vanguardistas. El siglo XX, abandonó por completo, exagerando claro, y muy tempranamente, la necesidad de dar al ser humano, un lugar en el cuadro. Y ni siquiera el ser real pintado suplía esa necesidad. El retrato, no supo o no pudo, como género pictórico, ubicar a los seres en Pintura.  Y así, los retratos se convirtieron en simples ejercicios del pintor, de su técnica y de su formalismo personalista. Tal vez por eso el segundo Cuadro de Valls del que queremos hablar también presenta a primera vista una semejanza con los retratos de un Rafael, tempranamente influenciado por Leonardo, pero en Tacere, pues es este su título, una doncella desdibuja, es decir, mancha con sus dedos la superficie del cuadro, desde dentro, emborronando la perfecta imagen que pudiera obtenerse, sin este débil, pero flagrante gesto. El paisaje, la vestimenta, la cabellera recogida, la leve inclinación de la cabeza y en sus dedos el rastro de pintura fresca, que recorre y recoge el cielo prístino, recaba la tierra oscura del cabello y acaba mezclando los carmines, y sus carnaduras, acabando en sus  yemas, con los verdes primeros de una vegetación en conjunción con las aguas de un lago.

El pulgar traza una meteórica y solitaria vía de lenta pasada por lo que vemos es la pintura fresca, el óleo, sobre el temple, y nos preguntamos por la mirada de la doncella, y su lugar en todo esto.  Su boca y por lo tanto, sus labios, guardan silencio, de ahí su título, quizá por eso, Dino Valls, nos exhuma de la tumba de los siglos, con el citado gesto, que a la pregunta: «¿Es esto Pintura?» no es, una contingencia necesaria, como la de Dios, y que, por tanto, aquel cadáver con el lema «de lo que no se puede hablar, mejor es callarse» wittgensteiniano, nunca tuvo validez en arte, ni siquiera entre los más puros defensores del arte por el arte, y que a estas alturas, uno está tentado de pensar que fueron Dada.  Son muchos los manifiestos, las proclamas, los discursos con los que el siglo pasado, y los anteriores intentarían dar por acabada la cuestión sobre qué es el arte y sobre qué es Pintura. Dos pequeños cuadros dan más respuestas a las grandes preguntas que tomos enteros de la Enciclopedia Británica, a la que aspiraba Borges, tan modesto él, en un pequeño artículo. Dino Valls, el Caballero, la Doncella y La Muerte, no de la Pintura, sino de la monserga atorrante, se dan en este, ya, de nuevo frío y gris Noviembre, la mano. Saludos anónimo, como paciente lector.

 Dino Valls tiene su propia página Web, por tanto, invito al lector a su merecida visita en el link. La Galería Virtual es de las mejores que un pintor ofrece generosamente a sus visitantes. Las Imágenes que acompañan a este artículo proceden de dicha página. 

De Profundis, óleo sobre lienzo, 92x73cm, 1989 y Tacere, Temple/óleo sobre tabla, 43x35cm, 1992.

 

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2 Respuestas a “Dino Valls: De Profundis o De Sencillas Respuestas.

  1. Debo de tener alzehimer… Estaba plenamente convencida de que te había dejado un comentario aquí… Para mi que la neurona ha venido de vacaciones un poco pasota. Es más, estoy segura de haber escrito o pensado algo sobre la polémica que había habido en este space y lo que pienso sobre el asunto, pero ahora mismo lo veo fuera de contexto.
    Lo que si es un placer, es regresar y ver que por estos lares no se pierde la buena costumbre de pensar y escribir. Esté uno de acuerdo o no, lo mejor es que lo que por aquí se lee al menos lleva a la reflexión y eso quieras que no es de agradecer.
    En mis vacaciones, como suele ser habitual, ha habido pinceladas de arte y me queda la espinita de no haber ido a ver la exposición de Gargallo en La Pedrera. Uno de los descubrimientos ha sido ver el museo Picasso, sin agobios de gente y en buena compañía. Ha sido una sorpresa en varias cosas y da para muchas hojas, pero quizá lo más destacable (al menos para mi) sea ver la evolución del artista de un modo bastante coherente, cosa que no suele ser habitual (y repito que al menos para mi).
    Ha sido una sorpresa ver el como y el porqué. Así que, este uno de acuerdo o no con el resultado final, la verdad es que al menos tiene un sentido.
    Un besazo!!!
    PD. Espero que todo vaya bien.

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