Crono autofagocitado, o del Moderno autosatisfecho.

Tras la entrada anterior…

«Ahora en que la trasformación de los supuestos intelectuales de la modernidad parecen iniciar una nueva época histórica, podemos comprender que en el experimento pictórico de Velázquez, tan ligado a su tiempo, tan «moderno»  se encierra para nosotros, no obstante, la intuición de una realidad concreta y dinámica, de auténtica vida humana, que se abre a formas actuales del pensamiento. » José Antonio Maravall. Velázquez y el espíritu de la modernidad. Pág. 148.

 En  la conclusión  del libro de José Antonio Maravall, podemos leer también la siguiente observación sobre Velázquez, y así, con ocasión de su segundo viaje a Italia un entusiasta del mismo dijo de él: «Pittor molto moderno»  La época histórica a la que alude el autor, y que debemos interpretar como la suya, «y más hoy en que la crisis acontecida en el pensamiento científico, abre al pensamiento y al espíritu humano más amplias perspectivas. » Pág. 148.  Y debió ser la suya por que el Diccionario de Autoridades dice así de lo moderno:  Lo que es o sucede de poco tiempo a esta parte, y tanto para  el adjetivo como para el adverbio, se dan ejemplos donde se usa el término en el ámbito artístico de obras de arte.

Será casualidad, pero nos da en la nariz, que tanto es ya en extensión la duración de lo moderno que no es de extrañar el invento de la postmodernidad. En el campo de la historiografía no está nada claro cuándo comienza la época Moderna, y cuándo termina, especialmente en la anglosajona, pero este aspecto no debe preocuparnos, puesto que las especulaciones de este tipo rara vez afectan al común de los mortales, y todos nos tenemos por modernos. Especialmente entre los artistas. Entre los artistas geniales, claro. O es ese el tópico que nos han hecho creer. Quizás todo comenzara con Vasari, quien en su Proemio a la tercera parte de sus Vidas, sitúa a Leonardo como el iniciador de la «tercera maniera, la que deseamos llamar  la moderna»  Pero a Vasari se le ha llegado a acusar del incendio de Roma, cuando apetece al historiador de turno. 

Que el uso de la expresión maniera es un problema en Vasari, es ya un clásico de la historiografía artística, por ello no abundaremos en el asunto. Pero nos sirve para dar un salto, Erwin Panofsky, otro clásico de este blog y de cualquiera que se precie en asuntos tales, nos descubre en una nota, de su libro LOS PRIMITIVOS FLAMENCOS, algunas de las observaciones que debido a su fina inteligencia parecen desafiar mucho de cuanto se ha dicho, incluido este blog, sobre el espacio. Dice así: « En la exposición presente el uso del término «moderno» se limita naturalmente a la interpretación del espacio  prepicassiana o no picassiana». Nota 13, Pág. 420.  Pero ¿por qué dice esto quien sin duda dedicó laboriosos y eruditos esfuerzos por demostrar que la conquista del espacio, (por parte de los artistas postmedievales), y la trascendencia de la perspectiva, como forma simbólica, ha sido  y fue, de vital importancia para los logros en todo cuanto de bueno nos ha legado el arte occidental? La nota en cuestión, es una explicación a la siguiente afirmación del Prólogo del citado libro: «Esta construcción (…) formaliza una concepción del espacio que, pese a todos los cambios, subyace en todo el arte postmedieval, hasta digamos Las señoritas de Aviñón de Picasso,(1907), del mismo modo que subyace en toda la física postmedieval hasta la teoría de Einstein(1905) »  La concepción no es otra que la de considerar al espacio como tridimensional, continuo e infinito. Pág. 13. Pero volvemos a la cita de la nota tan sugerente, que no podemos evitar reproducir casi por completo: « Pese a todos los cambios o accidentes  a los que se sometió el espacio de ca. 1400, permaneció inalterado en sustancia. Ni siquiera el manierismo y el barroco, ni Matisse, Gauguin, y Cézanne desafían la asunción de que el espacio, pase lo que pase en su interior, es tridimensional(…)continuo, y por lo tanto, estático. Hasta Picasso y sus seguidores más o menos manifiestos no se hizo un intento de abrir la cuarta dimensión del tiempo, de modo que los objetos cesen de ser determinables sólo por tres coordenadas y puedan representarse en cualquier numero de aspectos y en todos los estados tanto de «ser»  como de desintegración. » Pág. 419 y ss. 

Uno puede llegar a imaginar a Picasso un buen día estudiando la Teoría de la Relatividad de Einstein y se decide por pintar Las señoritas.  Ya hemos comentado en este blog, que el famoso cuadro permaneció oculto y que el cubismo de Picasso prefigurado en dicha tela, se manifestó más tarde. Pero la cuestión, tan clara para Panofsky, no lo es tanto para la Cizaña Estética. Especialmente, porque el tiempo no es asunto del cubismo. Por mucho que después se haya querido ver en dicho movimiento las observaciones que sí podrían hacerse del Futurismo, con desnudos bajando escaleras, y otros intentos por captar lo que ya se conocía en fotografía, y que es el sustento óptico del cine, la incapacidad de ver el fotograma a su velocidad real, y, por tanto, la posibilidad del cerebro para fingir comprender lo que pasa tan deprisa ante sus ojos. El cubismo, más parece una visión de mosca de la realidad.

 ¿Exagerado? Tal vez, pero el Impresionismo tampoco hizo nada por descubrir el tiempo,  a no ser el atmosférico, una especie de cabañuelas pictóricas, a pesar de todos sus intentos.  Las especulaciones sobre el tiempo,  y sobre  éste en Velázquez, son ya una reiterada pesadez de la bibliografía velazqueña, pero nadie ha suscitado la confrontación de Las Versiones de las Meninas de Picasso frente al original. Sinceramente, son, y fueron, una pérdida de tiempo, pues el malagueño poco o nada podía aportar a la visión del cuadro que guarda el Prado como lo que es, su gran tesoro. ¿Acaso, tanto especular, y no de espejo, sino de variación, no era sino una versión moderna de La Familia? Esa manía por ser modernos, con empeños literarios ahondando en ello, como Baudelaire, o Apollinaire, o los más recientes, pero ya anticuados, como H. Rosenberg, son como los portadores de las trompetas de los una vez, frescos, de Mantegna, en primera fila, sin saber muy bien que anuncian. No hace mucho el profesor Julian Barbour, decía, en una entrevista, en el programa Redes de TVE, que el tiempo no existe, y que nuestro universo es estático. De tener razón, pensemos de nuevo todo. Y todo significa todo.  Pero, pensar, lleva tiempo ¿ o no? Saludos anónimo Lector.

 Nota: LOS PRIMITIVOS FLAMENCOS, Erwin Panofsky, Cátedra. Madrid 1981. Para Vasari, consultar este mismo Blog, y para Maravall, ver entrada anterior. El Diccionario de Autoridades, la edición facsímil de Gredos, naturalmente.

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