El Espíritu sopla donde quiere, hasta borrarlo todo.

Sopla tanto, que se ha llevado la Pintura.

«En cambio, Velázquez, que pinta en proporción muchas menos historias que sus predecesores, es el primero en pintar la historia, esto es la singular e irrepetible realidad de un instante único vivido por el artista. » José Antonio Maravall. Velázquez y el espíritu de la modernidad. Pág. 85. Hace muchos años, yo mismo hubiera suscrito esta apología del autor de Las Meninas. Pero han pasado muchas cosas desde que leí por vez primera el ensayo que hoy llega de la mano de La Cizaña Estética a este nuestro blog, y el suyo si lo lee, en este mes de octubre, de 2006. Las frases del tipo «gran sentencia», suelen estar apoyadas en la personal apreciación del autor, y por muy grandiosas que nos parezcan, o útiles, para fines más o menos legítimos, no pasan de ser aporías que deben ser dilucidadas, o como poco, descartadas por parciales.

Quien no haya leído el ensayo teórico del que hablamos, debería hacerlo. Es un ejemplo de amor sincero por la “cultura española”, de intento de sumarse a la corriente de la Historia del Pensamiento, que como una nueva Koiné, con su hermenéutica particular,  suministró un camino de reserva para los intelectuales, que en ejercicio de su libertad, intentaron abrir nuevas moradas donde depositar el estudio o simplemente, la mirada propia, en la eterna casa desolada, del saber.  La primera nota a pie de página del libro, no deja de ser curiosa, pues es de una ambigüedad sospechosa, para quien puede hacerse entender tan diáfanamente, como Maravall. Y su referir a: “la falta de sentido histórico de quienes no mantienen actitudes abiertas ante el arte actual”. Invirtiendo la cita, no podemos de dejar de lado, el envite, y así, releer a quien una vez admiramos con devoción.  «A esa revolución velazqueña se corresponde el giro que produce en la atención del que contempla su cuadro.  Desde él, deja de interesar el objeto para interesar el artista. » Pág. 85.  Y así nos va. Por mucho que uno ame a Velázquez,  o quiera creer que su pintura « no es Teología sino Física o Filosofía, que vendría a suplir la falta de científicos de la España del XVII, o que es “fenoménica”, o que gracias a él, un Kandinsky es un kandinsky, debido a que la obra de Velázquez depende fundamentalmente del individualismo moderno, y es a la vez una de sus más claras e ilustres manifestaciones, dado que no pinta cosas sino fenómenos, en el sentido que esa palabra ha tenido en el pensamiento moderno…»en palabras del propio Maravall, es en definitiva elogiable. Pero, algo deja un regusto de esfuerzo. Y este sabor salado de sudor argumentativamente adverbiado, hoy ya no nos seduce, como lo hizo una vez. 

 «Sólo de Velázquez seguramente podría afirmarse que trata de esclarecerse la individualidad del acto de visión del que él es el sujeto. » Pág. 86. Puede ser cierto en la medida en que el pintor sea capaz de reproducir “nuestro propio” acto de la visión. «Sólo Velázquez advierte que hay que buscar lo individual a través de lo individual, es, a saber, a través de ese momento, único en la serie del tiempo, en que ha existido para nosotros.» Pág. 87. ¿Es esto aplicable a los temas mitológicos del propio Velázquez? O ¿ sólo a Las Meninas? O ¿Las Hilanderas? « Por ello, Velázquez no pinta resultados objetivados. Pinta datos, elementos, posibilidades que se recomponen en su visión y dependen de ella, dándonos el testimonio de lo que al artista le ha sido concedido ver.» Pág. 87.  Sugerente,  pero en contradicción con el supuesto nominalismo de la obra velazqueña, y sobre todo con la siguiente afirmación: « Por eso, él no pinta sustancias, sino relaciones.» Pág. 87. ¿En qué quedamos? «De aquí que, ante la pintura de Velázquez, podamos plantearnos, con plena congruencia respecto a su intencionalidad, esta cuestión: si la captación de realidad que el artista ha querido fijar en el cuadro se ha hecho partiendo de su personal, y, por tanto, en principio, intransferible manera de haber vivido esa realidad, ¿ cabe esperar que su experiencia se reproduzca en cada uno de sus espectadores?. Esto equivale a preguntarse si, con perfecto ajuste, la experiencia artística coincide con la experiencia estética? » Pág. 87. Velázquez, en palabras de Lafuente citadas por Maravall, busca «la realidad del hombre individual», y para el autor, alcanza un grado insuperable de eliminación de neoplatonismo estético.

Mucho nos tememos que cada vez que alguien dice que esto no es una pipa, pero vemos una pipa, acudimos al neoplatonismo, a saber, si un cuadro, o su significado, deja de ser lo que fue, para ser cada vez que se estudia una cosa nueva, y sobre todo, su significación cambia, seguimos acudiendo al neoplatonismo. Que no es otra cosa que decir más con poco, o con menos. Para Maravall,  las ideas estéticas de antiguos y renacentistas( medievales, de por medio, por herencia helénica) vienen a ser una misma cosa;  y  similares ajustes, cuando interesa; como el entender lo “moderno” como nombre o adjetivo, pero no distinguir el contemporáneo o el actual.

Pero la verdadera cuestión de la supuesta coincidencia entre lo artístico y lo estético sigue sin resolverse y menos delante de Las Meninas.  «Nos arriesgamos a decir que Velázquez sabe que ante él no tiene de los otros o de los objetos algo así como una realidad absoluta, incondicionada, plenamente externa. Lo único que él puede asegurar que tiene es esa aparición ante sí de un objeto, que le es accesible cómo y  en tanto que se le aparece. »  Pág. 82 ¿Pintura de Fantasmas? « Es una nueva forma de entender la pintura que se irá desarrollando y consiguiendo en él paso a paso. La historia de sus cuadros no es otra que la de un proceso en el que se van desalojando del lienzo las cosas para no dejar sobre él más que sus impresiones. » Pág. 82. Carraspea mi memoria, y la del lector avisado. «  De ahí, ese decidido y victorioso caminar hacia la pintura plana», se lee más adelante, en la misma página.

Puede dormir tranquilo el espíritu de Velázquez. La PINTURA PLANA, ha llegado, es decir, llegó, para quedarse. Y  por lo visto, aquello qué los pintores, ahora ven, es, esa nada, que queda detrás del Cristo de Velázquez. Esa nada oscura, pero preñada de sentido. Que diría algún zoquete defensor de la planicie encefalográfica pictórica.  ¡Ja! Saludos anónimo como paciente lector.

 Las Notas pertenecen al Cáp. III del Libro: Velázquez y el espíritu de la modernidad. José Antonio Maravall. Alianza Editorial, en su colección Alianza Universidad. Madrid 1987. Cubierta de Daniel Gil.

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3 Respuestas a “El Espíritu sopla donde quiere, hasta borrarlo todo.

  1. Buena
    parte de los 24 años que viví en el piso de mis padres los pasé comiendo y viendo el televisor en un
    salón decorado con tres magníficas litografías compradas en una visita al Museo
    del Prado, a saber: "Las Meninas" y "Las Hilanderas" de
    Velázquez, y "Merienda de aldeanos" de David Teniers el Joven y Lucas
    van Uden. En el pasillo había unas pequeñas reproducciones de "Las
    lanzas" de Velázquez y de una virgen de la que desconozco título y autor.

    Debo reconocer que Velázquez llegó a agobiarme. Fundamentalmente porque, desde
    mi ignorancia artística, sus obras no inspiraban en mí más sentimiento que la
    admiración por su buen hacer. Pero los cuadros en sí… nada de nada. Sin
    embargo, la contemplación de una obra de Goya sí que me sugiere algo. Será
    cuestión de gustos, supongo.

    En el estudio de obras literarias también es recurrente el pensamiento que has
    escrito: "esa nada oscura, pero preñada de sentido". Hay una
    tendencia exacerbada a ir más allá de la obra e intentar encontrar las
    ¿verdaderas? motivaciones ¿ocultas? del autor. El campo es muy fértil, y puede
    abonarse hasta el hastío. Desde las interpretaciones más simples hasta las más
    complejas, desde la pragmática al psicoanálisis, pasando por todo lo que a uno
    se le ocurra, todo ello tiene cabida en el estudio literario.

    Particularmente, me enferma. Cada nueva tesis, cada nuevo artículo, cada nueva
    reedición de un texto, contiene una reinterpretación. Llega a cansar,
    ciertamente. Y lo dice alguien que sudó sangre para lograr una interpretación
    original y coherente del texto surrealista "San Sebastián" de
    Salvador Dalí. Eso sí, al menos tuve la decencia (es mi punto de vista) de no
    leer lo que otros autores habían dicho de él: quería que todo se centrara en
    aquello que sugería exclusivamente a mi persona.

    La cuestión es que no me gustan las verdades absolutas en lo que se refiere a
    las manifestaciones artísticas, pero tampoco me gustan las continuas
    reinterpretaciones "eruditas". Me cansan, creo que son formas de
    justificar opiniones con una base teórica adaptada a las circunstancias. Para
    una que encuentras que vale la pena, mil no valen ni la tinta empleada en
    escribirlas.

    Posiblemente he divagado en exceso. Todo está escrito desde el mayor de los
    respetos, y basado simplemente en opiniones personales, que quede claro.

    Un saludo…

  2. Y digo yo… Acaso no pretenden muchos ver siempre  más que el propio autor de la obra??? Nunca he entendido el afán de "redescubrir”, el afán de "reinterpretar" aquello que quizá simplemente "es" y no pretende "ser".
     
    La parte de arte que más me gusta, es la capacidad de trasmitir, no la técnica utilizada. En lo segundo, seguramente habrá pocas discusiones, puesto que la técnica es eso: técnica. Ay, pero en lo segundo que difícil se pone el asunto… La subjetividad del arte, entendiendo por arte emociones personales, es lo que realmente da sentido a las cosas que se plantan ante nuestros ojos y llegan a hacer que las emociones afloren.
     
    Hablar de arte con el corazón en la mano, es más valioso que miles de millones de patrañas escritas con intereses que tienen como fin, alimentar barrigas de críticos y egos de artistas. Y ojo, no critico que alguien defienda su alubia, ya sea con la crítica o con el pincel, pero me reservo el derecho a no compartir según que cosas.
     
    Hoy, al salir del trabajo, iba mirando con mis curiosos ojos todo lo que se cruzaba en mi camino y de repente me asaltó una imagen desde una farola desvencijada. Si fuera presuntuosa, diría que la técnica utilizada ha sido tal y cual y que la imagen ha sido fruto de un estudio exhaustivo del cuerpo humano, amén de la observación de usos y costumbre tribales de los aborígenes de "nosedónde"… La verdad es que la imagen apareció ante mis ojos y lo único que tuve que hacer fue recogerla y guardarla. La única pena es que no tenía mi cámara encima y la foto la hice con el móvil. Pero eso no le resta valor, y si no hubiera tenido el móvil, hubiera tomado un apunte en un trozo de papel. La imagen es esta:
     
    Al final me he ido por las ramas, pero lo que quería decir, fundamentalmente, es que a la gente se le va la olla disertando sobre aquello que supone que fue lo que motivó a otro para crear una obra y eso, la verdad, me parece que aleja al observador de lo que realmente quería el artista.
     
    Un beso!!
     

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