La Lavanda, o del Gú-gú pintado, hasta Durero.

Hoy he recogido una ramita en flor, de lavanda. Conocí la palabra «lavanda», antes de haber visto nunca la planta, y de saber qué era, ni tener la más remota idea de que fuera el nombre fino del espliego español, o la «lavándula stoechas» o de «lavándula angustifolia» Al aprender a leer, y hasta hoy mismo, leo con fruición de anacoreta poseedor de un sólo ejemplar de la Biblia,  las etiquetas de todo cuanto puede alojar un cuarto de baño.
Es parte de la infancia en un barrio pobre de una ciudad provinciana. La naturaleza, es maleza, de dos tipos: cardos, y, el resto: todos los angostados hierbajos en verano; con lo que conlleva de ignorancia, la simpleza de conocer pronto el peligro del primer tipo, era de vital importancia para todos aquellos que usábamos sandalias. Pero el dicho evangélico de los biólogos dice así: «Bienaventurada la maleza, porque ella heredará la tierra» Y, si acaso, las cucarachas, gozarán también, de tal privilegio. Posibilidades del oportunismo evolutivo.
Con los años, la palabra «lavanda» se ha convertido en una de mis favoritas. Es el recuerdo del jabón, de la colonia del domingo y de la ropa limpia. Es el resumen escrito de una parte de mi infancia, la más feliz.
Palabras. Escritas. Damos por supuesto tantas cosas que no nos interrogamos por la capacidad de la escritura para evocar, como un aroma hace lo propio con nuestro sistema límbico, toda una parte de nuestra vida, y de nuestra historia, la de los vivos y la de los muertos. Este sistema residual, y que algunos opinan no existe como tal, está involucrado en alguna de nuestras reacciones más viscerales, siendo éstas, por lo general no asociadas a la memoria vital, pero sí, a nuestra conducta más animal. Por tanto, algún tipo de perturbación sufre quien esto escribe si una palabra escrita provoca en él (y no en sí el aroma, o el estímulo que significa la palabra) una reacción capaz de producir un proustiano devenir  de los procesos mentales.
 «La escritura comenzó al aprender el hombre a comunicar sus pensamientos y sentimientos mediante signos visibles, comprensibles, también para las demás personas con cierta idea del determinado sistema. » Estas palabras pertenecen a una de esas personas capaces de contar lo que quieren decir sin meandros  ni atajos pseudotoposemántico-lexicoculteranistas neologizantes. Es lo que tiene la escritura, lo aguanta todo. Ignace J. Gelb. Historia de la Escritura. A. Universidad. Alianza Editorial, Madrid 1976. Versión española de Alberto Adell. Cubierta de Daniel Gil.
En el Cáp. 1º: La escritura como sistema de signos, Gelb, quien sentó las bases de la gramatología como una nueva ciencia, aplicada a la escritura,  intenta definir de manera sencilla el origen de uno de los más «grandes hechos humanos», en palabras del autor. Leamos con él: «Al comienzo, las pinturas, sirvieron para la expresión visual de las ideas en forma muy distinta del idioma, que expresaba sus ideas de modo auditivo. » Pág. 31. Fascinante. Gelb, avisa en su prólogo que su reconstrucción teórica de la historia de la  escritura resultaría heterodoxa para filólogos, y aclara su propia terminología en caso de que los lingüistas, perciban discrepancias. Desconocemos el alcance de Gelb en el laberíntico y odiseico mundo de la Universidad y sus especialistas. Su libro nos sigue pareciendo, hoy en día, un intento de explicación plausible y sobre todo, honesta, dado el  carácter, a veces esotérico, de los estudios que abordaron los temas relacionados con el mundo de las ciencias del Lenguaje, o la comunicación humana, (véase el sesgo que tomaron los estructuralistas lingüísticos en los años de su apogeo); no en vano, debemos recordar, como el propio Gelb reconoce, que no es necesario ser lingüista para ser un estudioso de la escritura.
Lo relevante de esta cita del libro que hemos mencionado es la conexión que establece el autor americano, entre la pintura y el origen de la escritura, «lo que es perfectamente lógico, puesto que la manera más natural de comunicar las ideas por medio de signos visibles se consigue por la imagen plástica.» Pág. 25 El original del libro se publicó en 1952, en la editorial The University of Chicago Press, y el autor debía conocer ya el camino de las artes plásticas en los Estados Unidos y en Europa, y así no podía desconocer la obra de  J. Pollock, quien moriría en 1956. Aquí conviene recordar a Gombrich, quien en su famosísima y reeditada Historia del Arte,  apunta la relación entre el arte chino de la caligrafía y la pura espontaneidad y expresividad pretendida por el expresionismo abstracto al comentar la obra de Pollock. Es más, comenta sin pudor, como para los chinos, pintar y escribir no son cosas muy distintas. Y abunda en el misticismo de los iniciadores del movimiento abstracto, el  budismo Zen, muy de moda entonces. 
Si pintar y escribir, son formas de comunicación, afirmación ésta, con la que Jesús Mosterín no estaría totalmente de acuerdo, especialmente en lo relativo a las artes plásticas,  seguramente es debido a la diversa forma de servir a la información y comunicación de las ideas, que provoca el arte de la pintura hoy en día. Volvemos un momento sobre las palabras de Gelb: «A través del tiempo, la pintura se desarrolla en dos direcciones: 1) el arte pictórico, en el que las pinturas continúan reproduciendo con fidelidad mayor o menor, objetos y sucesos del mundo circundante en una forma independiente del lenguaje; y 2) la escritura, en la que los signos, retengan su forma pictórica o no,  se convierte finalmente en símbolos secundarios para nociones de valor lingüístico. »Pág. 25. 
Aquí llegamos de la mano de la Cizaña Estética a una cuestión esencial del discurso de los artistas de la modernidad más petulante, llena de tanta impostura supuestamente profunda.  Y para situarla debemos leer una vez más la propuesta de Ignace J. Gelb: «Tan sólo cuando la escritura ha evolucionado hasta alcanzar un sistema totalmente fonético, reproduciendo elementos del lenguaje, es cuando puede hablarse de una identidad virtual entre la escritura y el lenguaje y de la epigrafía o la paleografía como subdivisiones de la lingüística. » Pág. 30. Por tanto, es el principio de fonetización, junto con el de alfabetización  de la escritura lo que permite definir la escritura como: «Un sistema de intercomunicación humana por medio de signos convencionales visibles». Pág. 32. 
 A lo largo de los 12 capítulos del libro recorremos una aventura de investigación, que llevó al autor unos 20 años de trabajo, por tanto, no voy a resumir, por imposibilidad física, todo cuanto el lector puede encontrar en él.  Pero nos sirve para propósitos de una índole tan cizañosa como personal.  Cuando, en un momento dado, o así nos lo parece,  la pintura dejó de trasmitir información convencional mediante signos reconocibles, ¿ qué sucedió entonces? Que los pintores descubrieron el lenguaje personal… Pero su alfabeto, era tan «personal», que no hay proceso de fonetización posible, que transcriba el autentico lenguaje que supuestamente debiera representar o al menos «escribir» las ideas del Pintor. Grosso modo, el pintor nos resulta un bárbaro: es decir, alguien a quien, siguiendo la etimología griega original del término, no somos capaces de entender porque, sencillamente, no comprendemos su lengua, o su habla.  El artista, pintor, se esconde así, bajo el subterfugio del engaño pueril; no es que tenga un lenguaje propio, es que tal vez, no tenga nada que decir, y por ello, se invente las palabras y las ideas propias, por tanto, no existan en su mente pictórica.  La apelación a los sentimientos y a su expresividad, factual o intencional, o cualquier otro epifenómeno del proceso mental del artista es una coartada de niño mal criado. O producto del balbuceo del niño que aprende a hablar y todo es para él: gú-gú.  Ya hemos tratado este asunto en alguna que otra ocasión, pero sirva esta entrada para recomendar el libro de Gelb.
Saludos anónimo lector.  Y si ve un gú-gú pintado, a precio razonable, no dude en comprarlo, puede que sea la descripción de la lavanda. ¡ Qué bella Palabra !
Por cierto, Durero, en una de sus acuarelas maestras, si supo hablar de la maleza, con un lenguaje tan claro…
 A. Durero: Hierbas de un prado. Estudio a la acuarela.1502. Viena. Albertina.
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8 Respuestas a “La Lavanda, o del Gú-gú pintado, hasta Durero.

  1. Encantado de que hayas
    pasado por aquí (me permito el tuteo). Poca gente se molesta en hacerlo,
    especialmente desde que abandoné (temporalmente, espero) las venas literaria,
    filosófica, crítica, irónica y sarcástica. Ahora, sinceramente, no merece
    demasiado la pena. Pero gracias de todas maneras.

    Le dejé el comentario a que haces referencia a Magenta porque, a pesar de que
    no soy proclive a extenderme en determinadas cosas, cuando el tema hace
    referencia a temas lingüísticos en general, y de sistemas de escritura en
    particular, no puedo evitarlo. Por supuesto, básicamente me he limitado a
    exponer hechos, ya que mi opinión sobre cuestiones ortográficas (y muy
    especialmente sobre la ortografía en los sms y en buena parte de internet) podría
    herir las sensibilidades de quienes gustan de usar la grafía "k" para
    representar el fonema /k/, independientemente de la norma y la tradición. Sólo
    considerar las consecuencias e incomodidades etimológicas ya pone los pelos de
    punta. Creo que en eso estamos de acuerdo.

    Por último, coincido contigo cuando calificas a Magenta de Majestuosa. Su ilimitada
    creatividad sólo puede compararse a su humanidad y a su humildad. Me alegro de
    que tú tambien seas capaz de apreciarla en lo que vale, que es mucho.

    Un saludo…

    PD: Y sí, la nebulosa es para quien gusta del negro –por lo menos lo es en mi
    caso–, pero también para quien ve en él un telón que esconde cosas maravillosas
    aún por descubrir.

  2. No he leído el libro que
    me comentas, por lo que no puedo ser demasiado "profundo" en mis
    opiniones. Sin embargo, por lo que deduzco del fragmento que me has transcrito,
    creo que Zamboni se equivoca al juzgar una disciplina en función de su utilidad
    epistemológica. Aunque no sea exactamente lo que afirma el autor, creo entender
    que eso es en realidad lo que se desprende de sus palabras: la eterna
    autojustificación que hacen los lingüistas y expertos en humanidades en general
    para dejar claro que sus materias son tan importantes como las de las ciencias
    experimentales.

    Es innecesaria tanta justificación. Particularmente, considero que la
    existencia de un objeto de estudio y de un método científico para llevar a cabo
    dicho estudio ya justifica la existencia de la disciplina. Su utilidad o
    inutilidad… bueno, ¡a ver quién se atreve a definir lo que es útil y lo que
    no! Porque, si lo hacemos, abrimos la puerta para decidir lo que es peligroso y
    lo que no (y tal vez Galileo se removería allá donde esté), etc.

    Volviendo al tema, creo que la etimología se justifica por sí sola como
    disciplina porque se basa en un objeto claramente delimitado, y porque existe
    una metodología clara y exhaustiva para su estudio. Además, si vamos hacia los
    criterios de utilidad, es evidente que facilita el conocimiento histórico y
    evolutivo del ser humano a diferentes niveles, y que puede ser un apoyo
    fundamental para la genética y, por ejemplo, para el establecimiento de
    movimientos migratorios que nos aproximen al origen de la especie (¿monogénesis?,
    ¿polígénesis?).

    Sebastià Serrano (no es una cita exacta, y tampoco recuerdo en qué obra
    aparece) afirma que la escritura es la primera (¿y única?) ocasión en que un
    organismo no biológico ha influido determinantemente en el desarrollo y evolución
    de un organismo biológico. El hecho de que la especie tenga la oportunidad de
    dejar de memorizar para pasar a almacenar el conocimiento en otros soportes es
    fundamental en el desarrollo de la inteligencia. ¿Se puede negar la evidencia?

    Si denostamos los sistemas ortográficos establecidos en aras de una practicidad
    más que dudosa, perdemos conocimiento y damos un paso atrás, culturalmente
    hablando. Lo que sucede actualmente con los sms, etc., lo entiendo como
    consecuencia de una globalización mal entendida y de algunos aspectos
    económicos: economía del lenguaje (¿para qué escribir más si me entienden con
    menos?) y economía real (160 caracteres por sms). Son cosas de la vida, y que
    han pasado siempre, de una u otra forma.

    Ni siquiera podemos hablar de una "descripción fonética" del habla en
    dicho sistema, tal como tú dices. Todo código lingüístico es convencional por
    definición, y el utilizado en los sms es tan convencional como cualquiera. No
    existe aproximación fonética, sino más bien una simplificación ortográfica fundamentada
    en el aprovechamiento de la capacidad deductiva humana: una vez sabemos leer y
    tenemos el hábito podemos, por ejemplo, leer un texto sin vocales (de hecho, el
    hebreo ha funcionado siempre así). Si escribimos "s3" para decir "estrés",
    es obvio que se trata de un uso convencional, es decir, que requiere del
    acuerdo y entendimiento mutuo entre emisor y receptor; si escribimos
    "k" en lugar de "que" estamos en un caso idéntico, no lo
    interpretamos como la palabra "ca" (¡quia!), sino como
    "que". ¿Hay algo más convencional?

    Para acabar, sólo diré que creo que estos sistemas de escritura no
    evolucionarán demasiado: la escritura y su evolución requieren convención y
    acuerdo, a diferencia del habla, cuya evolución si es habitualmente natural (e
    inevitable), y dudo mucho que llegue a existir un consenso al respecto. La
    evolución real de la escritura se encamina en parte hacia sistemas ideográficos
    de apoyo: no hay más que mirar a nuestro alrededor y ver la gran cantidad de
    símbolos y señales que nos envuelven y su utilidad.  Algunos datos se pueden encontrar en
    Robinson, A.; "Historia de la escritura"; Barcelona, Destino, 1996.

    Mil disculpas por el largo comentario, pero me resultaba de lo más interesante.
    Un saludo…

  3. Hola…
     
    Leo mientras evoco el olor de la  "lavándula angustifolia", planta por la que siento verdadera pasión. Pocas cosas me gustan más, cuando paseo por el campo al inicio del verano, que encontrar una hermosa mata de lavanda y acercame a oler su perfume.
     
    la parte estética también cuenta, puesto que por la disposición del la mata de lavanda o la apertura de sus aromáticas flores, puede crear una composición estética, que hace fácil imaginar a Durero mirando el ángulo perfecto para hacer un apunte al natural de lo que le hacía sentir la planta, trasmitiendo de ese modo un mensaje de belleza y aroma, imposible de eludir al ver la acuarela.
     
    El lenguaje artístico, es un lenguaje tan útil como el lenguaje gestual. Cuando estamos ante una persona que no nos dice nada, no solemos caer en la cuenta de que es porque esa persona no despierta interés alguno para nuestra persona. En cambio, otras veces alguien a quien no hemos ni oído hablar, hace que no podamos apartar la vista de sus gestos. Sin entrar a valorar que sean personas bellas o no, lo cierto es que hay gente que a través de sus movimientos hace que nuestra mente desee contemplar un “algo” armónico que aparece ante nosotros.
     
    Puede que todo esto  no tenga mucho sentido, pero es lo primero que pensé al leer tu texto.
     
    Cuando veo obras de arte y de pseudo-arte, intento ponerme en el lugar del artista, e imagino que pudo sentir al crear lo que mis ojos contemplan. Con los primeros, tras un rato de observación suele ser fácil “ver” lo que otro vio, en el segundo caso, suelo ver algo en blanco que se justifica ante lo que yo suelo definir como “el cuento del traje nuevo del emperador”. Como la mayoría de la gente va a asumir que cuatro ¿listos? les dicen que aquello que hay ante sus ojos es una obra de arte, muchos no dirán en voz alta aquello que piensan, no sea que les tomen por analfabetos artísticos.
     
    En fin, que me enrollo. Muchas gracias por llamarme “majestuosa magenta”… Aunque después de leerlo, lo más adecuado sería decir: “colorada magenta”.
     
    Un beso!!!
     
    Pd. Tuve la suerte de ver la magnífica exposición de Ramón Gaya hace menos de un mes, cuando estuve de vacaciones en Barcelona. Tanto sus cuadros como sus palabras me hicieron pasear con una sonrisa por toda la exposición. Por cierto, las imágenes que tenía de Italia, eran preciosas.

  4. Ya por último, un pequeño
    comentario sobre tu entrada.

    Debo reconocer que no comparto plenamente la concepción evolucionista de la
    escritura que postula Gelb. Es rebatible que necesariamente la escritura tenga
    como finalidad la transcripción más eficiente posible de la oralidad. Estas
    ideas han dado pie muy frecuentemente a realizar analogías peligrosas entre el
    grado de evolución de una escritura y el grado de evolución del grupo que la
    emplea. Obviamente existe una evolución desde los pictgramas a los logogramas, y
    un proceso de fonetización que parte del principio de rebus, pero aunque sea práctico
    adoptar un sistema de clasificación evolucionista, no es definitivo.

    Existen razones de tipo práctico para el paso de la escritura pictogramática a
    la fonológica: tal como afirma Jesús Tuson ("La escritura", Barcelona,
    Octaaedro, 1997), codificar la variedad de estímulos visuales fuera del marco
    social (e institucional) en que se usan es prácticamente imposible en términos
    de esfuerzo cognitivo. Es, por lo tanto, más útil adoptar sistemas que se
    aproximen a la representación fonética. Pero no creo que sea, necesariamente,
    su finalidad.

    Por otra parte, la opinión de Gelb sobre los comienzos de la escritura es
    idealista, ya que sus orígenes son en realidad mucho más prosaicos, como
    atestigua la gran cantidad de tablillas con escritura cuneiforme estudiadas,
    que reflejan temas de almacenaje, más relacionados con cuestiones contables, de
    inventarios y de "recibos" que con la "comunicación de
    pensamientos y sentimientos".

    Además, hay que añadir que el criterio de visibilidad es incompleto, toda vez
    que existe el sistema braille, reconocible por el tacto. Pero esto se puede
    obviar en cierta manera para lo que estamos comentando.

    Me encantaría poder extenderme (aún más) al respecto, y aportar mis opiniones,
    pero lo dejaré tal vez para otra ocasión. No quiero aburrir a la
    concurrencia, y tampoco me ha preguntado nadie nada.Sobre las referencias que haces al arte y la correlación con la
    escritura, he de decirte que es un campo que me interesa muchísimo desde hace
    tiempo. Lamentablemente (para mí), mis conocimientos de arte son pocos y
    tremendamente vagos, y opinar en un "foro" como este sería un
    atrevimiento que ni tan siquiera sueño. Afortunadamente, sé cuáles son mis
    limitaciones.

    De nuevo mil perdones por extenderme tanto y, seguramente, de forma tan
    inconexa. Saludos…

  5. Agradezco mucho tu último
    comentario. Soy prudente por naturaleza, y cuando no entiendo de algo procuro
    no aparentar lo contrario, especialmente ante quienes sí saben, pero ello no
    implica que no tenga una opinión. Realmente, opino sobre el arte, con criterios
    próximos al "me gusta", "no me gusta", "me dice
    algo", "no me dice nada". De este modo, paso por la Fundación
    Miró sin la menor emoción, suelo indignarme ante muchas obras de Tàpies  y, sin embargo, me embeleso ante las de Ramon
    Casas, por citar tres ejemplos. Ahora que me has aclarado la intención de tu
    espacio me siento más cómodo, ya que en estos mundos de los spaces frecuentemente
    uno no sabe con quién está hablando, y tiende a reprimirse.

    El caso es que siempre intento defender la opinión libre sobre cualquier tema,
    eso sí, con un mínimo criterio, con coherencia. Mi espacio se llama "La
    voz muda" precisamente por eso, porque empezó con la intención, entre
    otras, de ser un lugar donde elevar las voces que no se oyen habitualmente (la
    mía y las de otros), donde opinar sobre cualquier tema, donde hacer (pseudo) filosofía,
    etc. Reconozco que el paso del tiempo no ha respetado demasiado mis primeras
    intenciones, pero… nadie (ni nada) es perfecto.

    Sobre Gelb… pues juraría que murió en los setenta u ochenta, pero tendría que
    confirmarlo. Lo que sí es seguro es que ya murió. Y no te preocupes porque
    pueda malinterpretar las citas que incluyes al sacarlas del contexto general: mis
    comentarios sobre sus teorías y definiciones no los he extraído únicamente de
    tu entrada, sino que tu texto me ha obligado a recordar ese par de puntos que
    uno guarda de los personajes que ha estudiado. En el caso de Gelb, mis
    recuerdos, aparte de algunas otras generalidades, son algo así como:

    – método científico en el estudio de la escritura;
    – teoría evolucionista hacia lo alfabético: simplista, muchas excepciones.

    Ya sabes que el hecho de que un autor llegue a algunas conclusiones erróneas (o
    no completamente acertadas) no desmerece el trabajo que ha realizado. En el
    caso de Gelb, su trabajo sigue teniendo gran importancia en diferentes campos pero,
    como "padre" del método de estudio de la escritura, supongo que se
    vio atribulado por los conocimientos que iba adquiriendo y forzó un poco las teorías
    (algo bastante habitual). Si no me equivoco (intentaré también comprobarlo), pensaba
    que los jeroglíficos mayas no se correspondían a ningún tipo de escritura, cosa
    que fue rebatida al ser descifrados. Sea como sea, no pretendía desmerecer al
    autor, sino únicamente apuntar algunos matices aparecidos con el paso de los
    años y la elaboración de nuevos estudios y teorías.

    En fin, ahora que leerte me ha permitido conocerte un poquito, por mi parte
    cierro el capítulo Gelb, pero dejo abierta la puerta para "lo que sea
    menester".

    Saludos…

  6. Debo reconocer que estoy
    totalmente de acuerdo con lo que me has dejado escrito. Ni un punto, ni una
    coma, ni una objeción. Totalmente lúcido, a pesar de la falta de cafeína,
    especialmente en lo que se refiere a la empatía y a los hijos (yo tengo tres). Por
    mi parte, voy leyendo poco a poco las estradas de tu recién descubierto blog en
    los huecos que tengo en el trabajo.

    Es curioso, no recordaba que esa fuera mi primera entrada visible… Lo cierto
    es que borré las de los diez meses anteriores a esa, buscando tal vez una nueva
    definición de mi espacio.

    Saludos…

  7. Pues si, lo del "traje nuevo del emperador" era algo que no conocía, afortunadamente o no, se me ocurrió a mi sola. Como suele ser habitual, porque ya de debe de estar todo pensado, a otra persona se le ocurrió antes que a mi. La única referencia que tenía de esta frase que no fuera la que hace mención al cuento, la tuve en una conversación con Anteros, en la que me contaba que un colega había citado la misma frase mientras hablaban de "arte moderno"… Cachis… Y yo pensando que era original!!!
    Por cierto, gracias por las palabras de ese viejo y, me atrevo a añadir, sabio profesor.
    Un beso!!!
     

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