El Nombre de las Cosas. O del bochorno, no de calor sino de vergüenza.

El nombre de las cosas.

Este blog nunca ha pretendido ser una guía de las actividades de carácter cultural de la ciudad de Salamanca, por un simple motivo, tan trivial como cotidiano, Salamanca, la oficial y edilicia, que no la real, se pasa el día celebrando. Desde la Capitalidad Cultural Europea del 2002, se suceden las más diversas excusas, una tras otra, para bebernos, todos, una copita de anís, como las señoronas de antes, que pretextando tomar Agua del Carmen, se embriagaban lo justo, para soportar la carga del rotondeo perenne y de monotonía celeste e infinita de la vida de provincias. Nos gusta pensar, en Salamanca, que hemos dejado pasar la luz, que ya no estamos «entre visillos», pero Martín Gaite, es un alma que nos  retrata todavía, pese a quien pese.

En los últimos años un furor de construcción e inauguración, de Museos-Centro de Arte y Espacios Multiusos, sacude la falla que separa a ciudadanos de a pie, frente a aquellos todos,  que figuran en las fotos tras  la cinta, en esta ciudad de piedra dorada, adobada en sus muros con el oropel de una arenisca, que es tan bella como arisca, y que nos marca y enmarca.  Todo sirve con tal de figurar, quizá por eso, el éxito de la apariencia, sea tan abrumador, en esta pequeña Roma de ínfulas señoriales, como fatuas y dudosas, pretensiones. Cada día concurrimos, en medio de un lugar cualquiera, al desfile de la vanidad; vestida, eso sí, con lo mejor de las mejores marcas. Es como vivir en un sempiterno domingo, al salir de misa de doce.  Viene todo esto, por venir, como siempre de una impresión.

 Al entrar en la Plaza Mayor, por el arco del Liceo, «nuestra plaza», que nos parece la mejor, pero que a muchos resulta sólo  bella, al estar vacía, el visitante, así como el despistado que la transita para llegar al otro lado, se topará estos días de verano, con una escultura de Víctor Ochoa, de dimensiones considerables, es imposible no verlo… casi enfrente del medallón dedicado a Franco, y delante del que inmortaliza a nuestras actuales Majestades, por citar alguno de los más reconocibles. Un hombre esconde su cabeza entre sus rodillas, desnudo y sólo. En puridad, no está solo. Nunca lo está. Una ristra de turistas y locales, se fotografían sin pábulo, delante de ella, sonriendo, comentando sin parar, como por obligación, su espontáneo juicio, y así entre  los «yo pienso y yo creo», se observará a niños, y a otros muchos, no tanto, en edad, que se suben a la escultura de bronce, descolgándose de los brazos como si de un titán caído se tratara. Así este prometeo se nos antoja a primera vista, encadenado a sí mismo, con sus propios brazos. ¿ Y sabe, el lector, o nosotros mismos,  porqué  hacen de esta escultura sus espectadores, un lugar más de jovial recuerdo estival? Por la ignorancia… del nombre de las cosas.  El nombre de la escultura, es perceptible si no la vemos. Cuando en algún momento, de la cerril noche, por milagro o accidente, toda luz se apagara, en la plaza, el nombre surgiría de la oscuridad, el título nacería en ese tiempo de soledad absoluta de la propia escultura. El nombre y el significado de la escultura no parecen  haber calado, como el calor hace lo propio con las axilas, la conciencia de los habitantes romos de  todo instinto estético que la contemplan o la manosean. No es culpa de nadie, es culpa de su ubicación.  ¿O de la falta de significado explícito de la propia obra, para el espectador?

Su modelo inmediato en la memoria de cualquier aficionado, es una pintura del pintor Hippolyte Flandrin (1809-1864), seguidor de la escuela técnica de Ingres, conocido hoy, tan sólo, por ese perfil masculino, que tanto admiran los visitantes del Louvre, y que lleva el título de  «Estudio de desnudo masculino» No se conoce en el arte antiguo una figura semejante, quizás por su falta de utilidad característica. Si bien la escultura de Ochoa cambia los detalles de su modelo, la cabeza se sumerge entre las rodillas, y la musculatura del hombre es hercúlea y sobredimensionada, o por ser más llanos, exagerada. Dramatizada, tal vez, porque el NOMBRE de la Escultura de la que hablamos, o sea, su Título es EL ZULO.  Y es un homenaje a las Víctimas del Terrorismo. Cuando conocemos el  nombre y la intención, todo se esclarece. Pero este detalle no ha parecido preocupar al Ayuntamiento de Salamanca, quien en su desidia, ha decidido no colocar ningún cartel ilustrativo o ficha de la obra, a sus pies, por ejemplo. ¿ Será un nuevo experimento sobre el conocimiento, o la credulidad, o experiencia artística del observador? No lo creemos. Se ha dado por supuesto que los espectadores, todos, son conocedores de la obra, del escultor y de las intenciones conmemorativas del hombre de bronce que nadie sabe muy bien que hace, en una postura de ensimismamiento tal, que más pareciera una versión del pensador de Rodin, que una víctima del Terrorismo.  Es de suponer que el escultor, Víctor Ochoa, es ajeno por completo a la situación en que se encuentra su escultura.

Su intención conmemorativa o de reivindicación es elogiable, en lo que toca, de posicionamiento político, pero uno no puede dejar de pensar, en estos días en un recuerdo personal. Para muchos de las personas que han sufrido el mal, ponerle nombre, al creador del mal es una necesidad. De ahí la importancia de su nombre. A lo largo y ancho de los siglos, La Cábala, o una parte de ella, se sumergió en los insondables misterios del nombre de Dios o de sus nombres, pero no sabemos a ciencia cierta si conocemos el nombre de Dios. Podríamos notar como el problema del nombre ha participado y surcado toda la filosofía occidental desde sus orígenes, hasta hoy mismo, y, aún así, seguimos sin saber el nombre de casi nada. Desde Aristóteles a Wittgenstein, y los demás todos, antes y después necesitamos una Piedra Rosetta, para descifrar el nombre de las cosas.

Nadie conoce el nombre del mal. Pero, si hemos de poner un rostro, al hombre de Ochoa, ¿cuál escoger entre tantas víctimas del Terror? ¿Quién no recuerda, el espontáneo acontecimiento de una fotografía ampliada y fotocopiada hasta millones, en dos días? Aquel rostro de Miguel Ángel Blanco, surcó con su inocencia el cielo entero de nuestras conciencias y así, asistimos a una tragedia en tres actos, secuestro, chantaje y crimen, pero, un coro insólito se manifestó entre los espectadores impotentes ante el mal:  un ejemplo de empatía solidaria, y, por tanto, humana, nos sacudió, dejándonos un sabor de hiel, en aquel fatídico por inútil final. No, no se puede poner rostro a las víctimas, pero si se puede poner nombre. Nosotros, los vivos, por no hacer nada, y los muertos por haber hecho solamente una cosa en común: Vivir. Cosa ésta que por lo visto, no es aceptada por quienes con un tiro en la nuca acaban con el aliento de un ser humano para exhalar un «viva mi patria». No hay  patria para el mal, pero la escultura de Ochoa, no parece tener efecto en nadie. Sí hay patria para el dolor, y lo que es aún peor, hay una «tierra de nadie», entre fronteras de cristal: La Indiferencia. Por favor, ruego que es extensible a todos los que una vez se reconocieron como humanos: nada justifica la muerte de otro ser humano, NADA. Arte y Política, bien es sabido que están más unidos de lo que a simple vista pareciera. Por desgracia, nuestra tierra sepulta demasiados cadáveres, y de su hedor, se nutre nuestra alma, cainita, a decir de Juan Pedro Quiñonero, pero no sólo él, ¿quién no reconoce a Caín en el espejo, cada mañana…?

Saludos anónimo Lector, acabo de darme cuenta del asco que me produce, en el fondo de mi alma, todo cuanto quiero decir  y prefiero no hacerlo. Feliz vida, si la tiene. Para quien la perdió, sea su memoria la mía, y la nuestra en quien permanezca.

Anuncios

Una respuesta a “El Nombre de las Cosas. O del bochorno, no de calor sino de vergüenza.

  1. Hola!!
     
    Bueno, aún no había visitado mis "blogamigos" porque mi mente iba a una velocidad distinta de mi cuerpo, tras los días de descanso. La entrada de hoy era un simple y puro desvarío, que no tiene para nada reflexiones serias sobre mi opinión real respecto de lo que significa ser o tener hijos.
     
    Es un asunto sobre el que tengo ideas muy particulares y sobre el que creo que no coincido con mucha gente. Tener hijos debiera de ser un acto reflexionado, no fruto de imperativos que nada tienen que ver con el verdadero deseo de la gente. Nada hay mas terrible que tener hijos porque "toca"  ¿no?
     
    Me gusta algunas veces dar la vuelta a las cosas y ver la reacción de la gente, ver si son capaces de dar otra vuelta de tuerca más o si se rien de las mismas cosas que yo. Entiendo que puede entenderse como una manera de burlarse de cosas que la gente se toma en serio. Por ejemplo, dar la misma importancia a plantar un árbol o escribir un libro que a tener un hijo… Y lo cojonudo es que mucha gente dice orgullosa: Yo lo he hecho todo, que dices tú: ¿Y? ¿Te ponemos una medalla?
     
    En fin, que sí, que se como eres y me gusta también leer que crees que es algo a tratar con más seriedad y desde el punto de vista, por ejemplo, del niño. Intentaré hacer algo al respecto.
     
    Y  yo también te dejo un beso de la niña que fui, la niña que aún soy… Esa que que buscó y no encontró esa seguridad y ese amor que tu si encontraste. Y a pesar de ello, he logrado ser feliz.
     
     
     

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s