La Isla de Pascua: ¿Una lección aprendida?

En la Entrada anterior, un poco extensa, La Cizaña Estética, sostuvo un intenso debate consigo misma, dado que el problema que planteaba, tenía escasa fortuna, por no decir ninguna probabilidad de concentrar la atención de un público, ya de por sí alejado de los debates científicos, como es el público español, y sospechaba que el intento de acercar el Darwinismo a la proposición de una explicación diferente de las habituales, para el supuesto cambio de rumbo en las artes desde las Vanguardias, era como poco un esfuerzo inútil.

El debate, íntimo, nació, de una premisa, desconcertante, a saber: «Deriva: Del mismo modo que las unidades génicas, los caracteres culturales  también se pueden perder por accidente o por «error de muestreo».  El último alfarero puede morir sin comunicar su saber, o el barco lleno de emigrantes disidentes puede zarpar para fundar una nueva sociedad sin que nadie se haya percatado de que no hay un alfarero a bordo.» Pág. 70  Richard Alexander. DARWINISMO Y ASUNTOS HUMANOS, La Selección Natural y la Cultura. B. C. SALVAT. EDITORES. Barcelona. 1994.

Esto nos recuerda el final de una cultura, aquella que fundada por unos pocos polinesios, dio con sus huesos en la famosa Isla de Pascua.  El misterio de su agotamiento suele estar marcado por las explicaciones de corte socioeconómicos, pero no es inexistente la presencia de una idea, que sostiene que el esfuerzo para la construcción de nuevos y más grandes Moais, fueron una de las claves de la extenuación de una sociedad, dividida en tribus y clanes, que no fue en teoría, sacrificada por el occidentalismo imperialista. Pero, siempre hay un “pero”, los últimos habitantes masculinos de la isla, fueron deportados por  Chilenos, para recoger guano, a finales de S. XIX. Esto supuso, además, la imposibilidad de descifrar los signos pictográficos, únicos vestigios lingüísticos, de los verdaderos habitantes de la Isla de Pascua.  Un detalle de tono ecológico, se  ha argumentado para este declive, es aquél, que supone que la exterminación por sobreexplotación, de la escasa población de madera de la isla, y de los recursos naturales, fue el desencadenante del fin. Pudiera ser. Pero, ¿ por qué un pueblo sostuvo un aliento artístico de esa magnitud, la erección de moais, hasta casi el final de su propia existencia como cultura? Un pueblo y una cultura, que casualmente veneraba en los moais a sus antepasados. Pero que por causas realmente contradictorias con la teoría de eficacia global, en el siglo XVII, prácticamente dejaron de erigir esas inmensas moles de piedra, debido a una guerra entre los diferentes clanes de la isla, que sería recordada, aunque no fuera la última, por parte de las generaciones siguientes. A partir de entonces los “antepasados” se tallaron en los escaso restos de madera, posiblemente llegada por mar.

 ¿ Fue éste, un caso de deriva? Se les olvidó embarcar a un “alfarero”, o ¿hubiera sido más eficaz, embarcar a un experto biólogo, capaz de regenerar la vegetación de la isla? Vanas preguntas, pero una conclusión, que se ha repetido en el pasado muchas veces, el saber se pierde y la técnica, si no se trasmite, también, se pierde, como el vaho entre los humos y calinas, cada vez más espesas, de las distantes y presuntuosas humedades ardientes en las que quemaron el pasado generaciones posteriores. Gambito yermo, que no conlleva progreso alguno. La mala memoria, o la dejadez arrogante, de un olvido así, es cosa seria.

Dato curioso, el “gran público”, expresión ambigua donde las hubiere,  se familiarizó con la Historia de la Isla de Pascua, a través del cine, en una versión de los hechos, contemporizadora con los tiempos en que se filmó la cinta, nos referimos a Rapa Nui. Donde se trata, precisamente la leyenda y el rito cultual de Makemake, el «Hombre -Pájaro». Otro dato curioso es que en teoría un pueblo, como el sólo aparentemente lítico, habitante de la Isla de Pascua, sí tenían cultura sobre la alfarería pero, la técnica sola no basta, es necesario disponer, además, de los materiales.

No llegaron a conocer los metales, pero sufrieron una suerte de castigo apocalíptico, aislados y matándose unos a otros, en un verdadera lucha por la supervivencia. Es difícil, no sentir un cierto grado de horror, ante el absoluto abandono que debieron sentir aquellas gentes con un destino tan atroz, como biológicamente inevitable. ¿Cómo encajar este problema de competición «artística» como el caso de los inmensos moais, con las propuestas de R. Alexander. «En seguida se ponen de manifiesto las diferencias entre los procesos de cambio en las respectivas evoluciones, la genética y la cultural». Op. Cit. Pág. 70  ¿Dónde , podemos preguntarnos? Y Alexander nos dice: «Quizás la más profunda sea que las causas de mutación y de selección en la evolución cultural, a diferencia de la genética, no son independientes. La mayoría de los focos de «mutación» cultural están, como mínimo vinculados  potencialmente a razones de su supervivencia o fracaso. Se construye una nueva clase de arado o de ordenador por su esperada utilidad y se adopta si funciona.» Ibíd. Pág. 70.  Utilidad  y función, frente a selección natural. La cultura se debate en torno a teorías que no terminan de explicar el verdadero comportamiento de los humanos. Para quienes la cultura precisamente frena la selección natural, Alexander nos recuerda algo mucho más significativo, que se tiende a olvidar, por ser básica y principalmente, una razón poco explicativa: «Sin embargo, ninguno de los teorizadores de la cultura ha contemplado la función como valor de reproducción». Ibíd. Pág. 71.

Ya mencionábamos, en la entrada anterior, el supuesto valor de lo arbitrario, y el supuesto coste de lo heredado como también supuesto, "rasgo cultural", pero cabe preguntarse cómo los habitantes de la Isla de Pascua no entendieron a tiempo que su supervivencia sólo podía depender de frenar esa competición desproporcionada entre clanes por ser los “erigidores” de los más grandes moais. Su eficacia global no triunfó. Pero, es que la selección natural es ciega. Y los seres humanos más. Nos ciega nuestra pequeña historia, nuestra cavernita de colores, con su fosforescencia catódica, o la que empujó a los demandantes de moais, a su loca carrera por ser “lo más”. Si sucedió una vez, ¿por qué no habría de suceder una vez más? 

Una vaga esperanza nos aguarda. «En resumen, propongo: que los ritmos y direcciones de mutabilidad y heredabilidad  en la cultura están determinados por los intereses colectivos y los compromisos de intereses de los individuos que compiten en una época o lugar determinados, junto con la forma y grado de inercia en el medio ambiente cultural como resultado de su historia;». Ibíd. Pág. 81. Es evidente, que esto no es palmario, en el caso de la Isla de Pascua, pero aún más «que las «fuerzas hostiles» que producen el cambio cultural han tendido cada vez más a ser conflictos de intereses entre individuos y subgrupos humanos al tratar de conseguir la mitigación de las «fuerzas hostiles de la naturaleza» darwiniana;». Ibíd. Pág. 81. Así nos vamos acercando a una posible explicación del fin de los moais, y de su construcción, pero Alexander remata la parábola: « y que entre esas «fuerzas hostiles de la naturaleza», el significado de los «predadores» – en la forma de otros seres humanos que actúan como individuos o en grupos con al menos una comunidad transitoria de intereses- ha sido cada vez más próximamente, y, a la postre, principalísimo.» Ibíd. Pág. 81. Aquí ya llegamos a la cuestión, si en un momento como el siglo XVII, en una remota islita del Pacífico, el ser humano, como si de un experimento orwelliano se tratara, dio muestras de tan trágico final, ¿cómo es posible que nos creamos en condiciones de no ser víctimas de la misma confusión, ceguera o ensimismamiento suicida? 

 Una última cita de Alexander, que circunscribe todo el asunto, «La alianza con la opinión de una persona  poderosa o influyente no es arbitraria, aunque la opinión sí lo sea. » Ibíd. Pág. 79.

La Cizaña Estética se pregunta, como siempre, por las razones por las qué, personas de supuesto nivel avanzado en cuanto a juicio respetable, en torno a cuestiones tales como, la ética y la moral, se colocan bajo la sombra de unas posiciones estéticas absolutamente arbitrarias, y porqué se gastan su dinero y derrochan su influencia social, y su posición, apoyando con su culpable silencio, el aliento de un paradigma de arte, que sólo triunfa mediante el artificio, fútil e incongruente. No nos preocupa en sí tanto el mercado, que lo es, en cuanto negocio; es también una posición que perdura en la ausencia de Academias, donde el oficio artístico siga en continuación histórica reservando la ciencia y el saber de la simple ejecución.

 Hoy, pareciera que sólo saben pintar los restauradores. El mundo grecolatino, dio paso a siglos de decadencia en la práctica, en su sentido etimológico, del arte, en sus más variadas manifestaciones. Para, cuando el Gótico, alcanzó sus más altas cotas, el arte y los artistas sintieron un nuevo viento, pero, aún así, toda onda tarda en expandir su potencial, y a veces el grito no llega. Este mundo contemporáneo, el nuestro, ha reducido su Religión al arte, secularizar por ignorar la verdad, no tener fe, pero creer en el más allá del arte, es una religión absurda, como lo puede parecer la oficial, al ateo; y la Razón, ilustrada o no, tampoco quiere intromisiones, entre sus aulas de genuino porfidio y perfidia.

En suma, puede que la lección de la Isla de Pascua sea una: El arte no salva, pensemos pues en la ética. El que “debería ser.” Hagamos de ella una nueva forma de arte, no en nuestros museos, pero al menos, decorará nuestra supervivencia.

Saludos anónimo lector.

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3 Respuestas a “La Isla de Pascua: ¿Una lección aprendida?

  1. Reconocerás conmigo, que leerse esto a estas horas de la noche y medio dormida, tiene cierto mérito y cierto encanto ¿no?
     
    Bueno, que venía a saludar y me marcho, rauda y veloz, a adoptar la postura horizontal.
     
    Un beso!!!
     

  2. Recogida la idea, acabo de colgar el "terceto": Su poema, tu sugerencia y mi imagen.
    Me gustan este tipo de colaboraciones.
     
    Un beso!!!
     
    Ana.
     
    Pd. Te mandaré al correo la imagen original. Una foto a cambio de un poema.

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