vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam

« El transito del orden al desorden y de éste a un orden nuevo en el tiempo, pero antiguo en  la idea, es lo que se llama los cursos y los recursos de la historia humana, la cual se repite a sí misma, porque renace infatigablemente de sí misma. Por eso la visión de histórica de Vico  es una visión renacentista, no sólo por ser la culminación teórica de ciertas experiencias, luego disueltas por las ideas claras y distintas, que alborearon en el Renacimiento, sino también porque su eje lo constituye la fe en el renacimiento perpetuo de la especie humana. » Pág. 55/6. J. Ferrater Mora. Cuatro Visiones de la historia universal, San Agustín, Vico, Voltaire y Hegel. Alianza Editorial Madrid ,1988, El libro de Bolsillo. Cubierta de Daniel Gil.

No creo necesario recordar nuestra pasión por Ferrater Mora, autor de consulta obligada y guía de algunos de nuestros mejores momentos de lectura. Su magisterio siempre ha sido, para nosotros más que un compilador de inmenso saber, el germen del deseo  por el que aventurarse por una nueva vereda, casi oculta por la retama, pero no del todo intransitable.

En la entrada anterior, J. Clair, nos daba una pauta de que la historia puede ser intencionadamente desarrollada, con la objetivo de ajustarse en la medida de lo posible, a la tesis previa, y reconocible, con criterios de acomodaticia y vaga sincronía con el devenir de los tiempos. Si la Historia del Arte, sufre aún de este mal, debemos recordar nuestra entrada sobre Cochcrane, quien en su libro Cristianismo y Cultura clásica, se nos revelaba como ejemplo “moderno” de historia quod libet,  y que no podía sino sorprendernos, hasta tal punto, que sólo Momigliano, pudo venir en nuestro auxilio, pero con la intención de ahondar en la persistencia de una sencilla idea, simple, pero que nadie parece sentir, no hablamos de  comprensión. Hablamos de sentimiento.

 Si el problema de la historiografía, como ciencia auxiliar, no está exenta de riesgos deformantes y oscurantistas según el autor que lee en los textos, autores y fuentes, y es capaz de recrear una y otra vez visones de la historia, no puede sino entenderse como la capacidad una vez más del interés de hacer de la historia una ciencia blanda. Maleable, dúctil y utilitaria. Una mercancía al uso de las modas. Por mucho que los “grandes” historiadores quieran sentar en un sillón de una vez por todas a  la Historia, no pueden fijarla. Clío errabunda, de un lado a otro y de un siglo, al siguiente con la mirada puesta en el pasado, pero con un pie forzado, por el historiador de turno, en concebir a veces un presente con espíritu de profecía. El sentimiento, al que nos referimos no es otro que el de que nosotros somos Historia.  Par ser más exactos, su ausencia. Nadie se siente eje de la Historia, sólo parte. No es el caso de los mega lómanos dictadores o dirigentes “democráticos”, que en el siglo pasado surgieron y que, por desgracia, aún alguno queda. Hablamos, del doloroso caso de los artistas. Ferrater Mora distingue muy bien entre el adjetivo «renacentista» y El Renacimiento, como época. 

Giambattista Vico,  (1688-1744)Juan Bautista, para el filósofo, ha sido una figura generadora de constantes revisiones por parte de las conciencias mas independientes desde que fue objeto de  un detenido entendimiento, cosa que no sucedió en vida del autor. Sucintamente: su enfrentamiento al cartesianismo, hizo de él un precursor del  Romanticismo, pero en su principal  obra, Vico,  su Nueva Ciencia,  convierte el tema de las tres edades, (Divina, Heroica, Humana), así como el devenir de lo histórico, esencialmente, en una manifestación de la «naturaleza humana», con sus complejidades y renacimientos a través, precisamente de los pueblos y naciones que renacen en el curso de la historia, en sus perpetuas tres edades, para quienes La Divina Providencia, encauza de manera tal, que, este es el problema, el verdadero asunto de la razón humana, su verdadera comprensión, sería descubrir ese ideal que la Divina Providencia ha marcado para cada pueblo. Porque sólo el hombre conoce y entiende la historia, al ser ésta su propia realidad, no la Naturaleza de las cosas, como era pretensión del cartesianismo matematizante, y a diferencia de Dios que lo conoce y comprende todo, el hombre estaría en situación de pretender, aún en su complejidad tan misteriosa, un entendimiento de  ese discurrir necesario de los ciclos, en las historias particulares, de naciones y pueblos de la Historia. 

Vico, por tanto puede parecer antagónico con nuestra moderna creencia de la libertad, pero ha sido vindicado, así, Croce, se detuvo en su estudio y dirigió meticulosamente una publicación de la bibliografía viciana y un caso más cercano, como el de Isaiah Berlin, pensador libre como pocos, nos sitúa en un marco más amplio al mismo Vico, en estas palabras: « Más que ningún otro pensador de su tiempo, Schelling, lejos de concebir a los valores y a los mitos como un autoengaño por parte de los pueblos antiguos, o mistificaciones deliberadas de sacerdotes y poetas, los veía como encarnaciones concretas del impulso humano de crear que el hombre compartía con toda la naturaleza. Siguiendo a Vico, mantenía que los hombres comprendían sólo lo que veían desde dentro, como actores, no desde fuera, como observadores. » Pág. 268, En: La Revolución Romántica: Una crisis en la historia del pensamiento moderno. ISAIAH BERLIN, El sentido de la realidad.  Sobre las ideas y su historia. Taurus, 1998. 

Si El romanticismo, pudo tener consecuencias tan insólitas, como las que Berlin, sugiere como el tercer y último punto de inflexión, (o cambio de conducta), en el pensamiento occidental, pues nada le parece tan revolucionario desde entonces como tan en apariencia, “sencilla tesis”: « Me gustaría exponer mi tesis en su forma más sencilla; demasiado sencilla para ser enteramente precisa o correcta. Es ésta: que e siglo XVIII presenció la destrucción de la noción de verdad y validez en ética y política. No sólo la verdad meramente objetiva o absoluta, sino también la verdad subjetiva y relativa,- verdad y validez como tales- con resultados de trascendencia incalculables. El movimiento que llamamos romanticismo transformó la ética y la política modernas de una manera mucho más profunda de lo que comúnmente se cree. » Pág. 249.  Si como Berlin interpreta, Schelling concibe el mundo como la continua actividad creativa del Espíritu Absoluto, y para Vico, La Divina Providencia marca, en sus continuos recursos el cauce de la Historia, no es de extrañar que para Croce, en su fenomenológico sentido del Espíritu Humano, cabalgando sobre el Hegel más puro, reivindique un concreto mas  humano, de ahí su estética, a la que reduce el Espíritu en su manifestación más consciente de lo individual. Pero con su particular “síntesis” sobre la “posibilidad” misma de la intuición, como parte del conocimiento… Ésta sí es una consecuencia más del romanticismo…

¿Pero todo ésto supone algún problema real para el artista que trabaja en los tiempos en que vivimos?  Si, pero de una manera “sutil”. Los artistas venden directamente obra, financiada así por políticas dirigistas y oficiales, consiguiendo evitar en lo posible no entrar en un supuesto olvido, es, asegurarse, un puesto en la inmortalidad, o la Posteridad. La política dirigista, convierte en verdad histórica, una derivación del romántico deseo de recreación, en su negación de absolutos, no ya de la historia,  sino de los valores mismos. Todo Vale. Resulta qué, es entonces, donde hallamos a la Divina Providencia, entre tintes bergsonianos de los «auténticos creadores del espíritu  humano». Y la Historia, deja pues de preocupar a ningún artista verdadero. “Soy ya historia” piensan, y actúan como tal, inaugurando retrospectivas de …10 años, y antológicas de dos décadas.

Dando la espalda a todo lo que no sea nuestro futuro, como espectadores, podemos desear ser actores y dejar de ser observadores. Pero ¿actores de qué? De nuestra historia. Delegando al arte, en sus ejecutores, la capacidad de autohistoriarse, podemos sólo esperar un nuevo nacimiento de una nueva “edad divina”, dado que la “humana” que vivimos, está agotada. O agonizante en un sentido viciano. « Hay una experiencia que resuena constantemente a lo largo de toda la obra de Vico, que constituye, tal vez, el núcleo de esta obra: la experiencia de la maldad de los hombres…» Dice Ferrater  Mora, al final del ensayo dedicado a Vico, y que nos ha servido de excusa, una vez más para reflexionar sobre la historia, no como disciplina académica, sino como el inapelable fondo, no solo platea, más bien escenario de nuestra vida. Del arte y de su historia, que no es otra que la nuestra, no la de los artistas con sus museísticas obras de encargo, tamaño Big Bang. «Y es que en última instancia, San Agustín, Vico y tantos hombres viven en la esperanza de no morir de un modo u otro en esta vida o en la otra vida, en la verdad o, si es preciso en la mentira misma. Pues el hombre, que necesita tantas cosas- comer, beber, saber a qué atenerse, ser feliz y quién sabe qué más- parece empeñarse sobre todo en una: en durar. » 

Es evidente que de estos hombres, los artistas, los de ahora, no sólo quieren durar, es que nada más nacer como tales, hacia el final de su licenciatura, quieren ya ser eternos, pero no en la memoria, sino en la  más prosaica historia. Al fin y al cabo, reproducirse o morir. Pero, nos asalta la verdadera naturaleza de esa permutación o transmutación del artista plástico, en ser ilustración, y estampa, de sí mismo en los libros de historia.

Coda. «Las obras de los creadores supremos, no suceden jamás dentro del cauce de la historia ni de la cultura. »  Ramón Gaya, en  Firenze, 29 de Julio. 1952. DIARIO DE UN PINTOR.1952-1953,PRETEXTOS.1984.

Me pregunto si Gaya, pensaba en Vico, al escribir estas palabras en frente de las obras de Miguel Ángel, Donatello y Masaccio… Saludos anónimo lector.

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Una respuesta a “vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam

  1. vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam: este verso de Horacio,  puede traducirse como: la vida  tan breve, nos deniega esperanza  larga alguna. 
    Traducción muy libre, que no necesita justificación. Libro I . Oda IV.
    Y es la expresión y el resumen de una lírica, que ya nadie atiende.
     Un yo, personal, que reconoce, cuán poco perdura de los humanos trabajos.
    Si Horacio subsiste, es porque su imitación llega subterráneamente, empapando los hilillos inconscientes e ignotos, de los que bebieron de su fuente; al fin todos, su sed enjugaron y su boca limpiaron, en unos con babas corrientes y en otros las promiscuas salivas, con los versos del poeta, y de éstos,  los suyos, escribieron.

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