Monumentos, desvaríos y Barrios varios.

Pequeñas Historias. Bloglobalizar extra.

La sensación de que nunca antes, como hoy, el arte ha estado tan alejado de la supuesta sociedad que lo reclama, se asoma con su inquietante desasosiego en nuestro ánimo, toda vez que uno lee declaraciones, que siendo verdades históricas, no parecen preocupar a nadie. Hechos tan rotundos como la adquisición por parte del Estado francés de sólo obra de “vanguardia”, en el último medio siglo, con lo que esto supone, de parcialidad interesada, y de sesgo ahistórico, no pueden sino suscitar, nuestra ya de por si cizañosa mirada. « Estoy convencido que Francia es el último país dirigista de Occidente. Las elites dirigentes creen que un ejército de administradores y funcionarios puede ocuparse del destino de la creación espiritual. Me parece algo sencillamente grotesco e impensable. » No es afirmación nuestra, corresponde a Jean Clair y es parte de una entrevista, al mismo Clair, realizada  por Juan Pedro Quiñonero, quien la publicó en su blog: UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO .Curiosamente, es el final de su libro dedicado a Ramón Gaya, RAMÓN GAYA Y EL DESTINO DE LA PINTURA, y uno de los primeros pintores en aparecer en este blog.

Recomiendo, de veras, su lectura, pero no confío en que esto suceda. Jean Clair, historiador de arte, ya ha sido citado en este blog, por su libro La Responsabilidad del Artista. Visor, 1988.  Debe recordarse, su labor como director del Museo Picasso, en París, así, como su papel de comisario de exposiciones, y Bienales, que han sido, en ocasiones, extrapoladas y plagiadas, en otros ámbitos museísticos, desnaturalizando su significado reivindicatorio y disidente de la historia del arte oficial. Toda la entrevista es un ejemplo, de una de nuestras quejas más reiteradas, y que no parecen ser precisamente escuchadas, por quienes del arte viven y negocian que no, se ocupan, ni preocupan, de él, sino para facturar y cerrar caja. Pero quisiéramos llamar la atención sobre el problema del arte “comprado”.  Las explicaciones y argumentos de Jean Clair, para tal fenómeno, el de la adquisición de “sólo vanguardia”, son excelentes por lo que no las reproduciré y apelo al lector a su lectura en el link, proporcionado.

Nos gustaría ilustrarla con una anécdota personal, tan del gusto de nuestro proceder. Hace años, un autobús urbano, de los que se pasean por la cuidad de Salamanca, subía lo que un día fue un arroyo y hoy es la inevitable Gran Vía, de toda ciudad con algún pasado franquista, en una fría mañana, dos mujeres mantuvieron la siguiente conversación, que por su intuición meridiana, no olvidaremos nunca. Una de ellas, señora de edad madura y notables modales castellanos, mientras el autobús se hubo parado, por el obligado mandato del semáforo, preguntó a su compañera de asiento con incredulidad nada inocente: -¿ Pero, quién ha puesto eso ahí?, enclavando con el giro brusco de su cabeza, la atención de su, hasta entonces, callada, por el momento, interlocutora.

Estábamos parados en la plaza de la Constitución, reciente sede de la Junta de Castilla y León, en cuyo solar asfaltado, había sido “erigido” un monumento a la Constitución, la última, claro está. Por tanto era encargo oficial.  Lo que vimos, ellas y yo,  tal como se puede ver hoy mismo, fue un gran semicubo de hormigón, que a modo de pedestal proletario, sostiene una serie de cilindros de metal, posiblemente una aleación de acero, ensamblados en triángulos y dispuestos de tal forma que asemeja a quien la observa, un esqueleto piramidal, y es esta figura geométrica, la que, en última instancia recuerda. Un letrero solemne la identifica: Monumento a la Constitución Española de 1978.  La compañera de viaje interurbano de la señora tan asombrada, fingiendo un tono de burla que no sentía, contestó, con el espetar de quien está aburrido de haber visto ya casi todo: – ¿Eso?. Eso, está ahí porque  el que lo encargó es amigo del que lo construyó.

No olvidar, me dije.  Y así ha sido. Después de todo, quien podía imaginar que una forma piramidal fuera a representar precisamente una Constitución… de hacerlo, algo no encajaba, o en la percepción del artista o del solicitante, o de los ciudadanos, si nos hubieran consultado.

Pues bien, no sólo Francia, hasta una simple autonomía, perdón a quien moleste, pero es la verdad de una administración por debajo de otra,  también es dirigista… Debo añadir, que este Dirigismo contiene un tramposo fenómeno, que se da por doquier, y que no es otro que el  del paradójico, tema sugiere al arista y obliga a la obra… Es decir no se gasta por gastar. Para la Constitución: una pirámide de hormigón y acero. Para el empresario: Un Mercurio…Si, en Salamanca existe un monumento al Empresario, en la figura de  un Mercurio-Hermes, con falso gorro frigio y acompañado de una suerte de mecanismo de tuercas que vagamente recuerda a… no se nos ocurre. ¿ A la revolución industrial? ¿A la técnica empresarial…tal vez? Tal escultura porta un caduceo… absurda manera de recordarnos a todos quien manda.

No mencionaré a su autor, pues el bronce sin pátina de inspiración alguna no la merece, como el de la Constitución…Otra escultura de pésima icnografía y peor  contemplación, si cabe.  Es evidente que no se promocionó la figuración cuando la Cámara de Comercio de Salamanca, encargó la obra. No se engañe nadie, no. Simplemente, no se arriesgó un céntimo con una obra de supuesta vanguardia, dado que la pompa necesita acallar la mala conciencia, con reminiscencias de tradición. Y dado que se trataba de una financiación privada de la escultura, era de esperar una acogida muy distinta si los monumentos se intercambiaran, la pirámide para el Empresario y el falso Mercurio de fritzlanganianos recuerdos, para la Constitución. Además, el lugar que ocupa la escultura empresarial, no es, precisamente, un oscuro callejón, ciertamente, culmina una plaza adyacente al final de la Gran Vía., mencionada.

Curiosa ciudad ésta. ¿Existe un monumento al obrero, al trabajador en Salamanca? No. La CNT, por citar a una nostálgica organización, no ha tenido a bien sugerir esta petición al ayuntamiento, ni siquiera cuando un partido de izquierdas lo gobernó. Pero, existe otra cosa. Cuando esta ciudad de toros y pasados oros, decidió comenzar a expulsar a los pobres para ampliar el espacio urbanizable con el atroz Desarrollismo de finales de los sesenta del siglo pasado, eligió, entre otras apartadas colinas y lugares, la margen izquierda del Tormes, y construyó una barriada de “Pisos”, falso paraíso urbano, en el que contener a tan humilde gente. Las huertas dieron paso al ladrillo y al granito. La primera de ellas, pues fue una edificación dilatada en el tiempo, se llamó San José Obrero.

Su primera parroquia, del mismo nombre se ubicaba en un sótano, de uno de los bloques, más o menos situado en el centro, de lo que hoy se conoce como la primera fase. Una catacumba moderna, en sentido literario, afortunadamente no enterraban a los pobres en ella. No hubiéramos cabido. En mi primera comunión, recuerdo, la mirada de una talla de Saint Sulpice, representando a San José, el Obrero católico por antonomasia…; una contenida mirada que no parecía prestar atención a su actividad principal, dado que portaba su martillo de madera, con un absurdo estatismo.  Mi padre, que por aquellos entonces era carbonero, a un tiempo se apartaba como  se unía, en una suerte de cofradía espiritual en mi cabeza, al padre, esposo y sobre todo obrero, del bueno de San José.

La pequeña escultura de madera policromada de San José, seguramente, se perderá con los años, en un oscuro sótano, esta vez, sin Sagrario que lo salve, y sin niños que al comulgar lo miren de reojo, para pedir perdón, por si olvidamos mencionar algún pecado en la última confesión. Sin embargo, su constante evocación, machacona hasta el aburrimiento solemne, en qué debía ser nuestro modelo de vida cristiana, por parte del párroco, sigue seguramente, escondida en nuestras catacumbas mentales, y por ello ha aparecido hoy, del abisal éter de nuestra memoria. 

Tres esculturas y dos monumentos. Un  recuerdo verdadero: El pequeño San José. Uno, no es más que su infancia, disfrazada de certidumbre, falsamente asumida, con la disculpa mal disimulada, de la edad…

La conversación de las dos anónimas señoras del  autobús, el empeño de una nueva historia del arte, por parte de Jean Clair y Gaya como telón de fondo, en las palabras de Quiñonero, son sin duda elementos de la misma Historia. La Nuestra, la de Todos. Pero siempre podemos vengarnos del arte oficial que nos asalta en nuestras calles, recordando que una simple postal del Prado, sostuvo el alma de Gaya, el Pintor, durante muchos años de exilio; por tanto podemos evocar en nuestra imaginación un vacío, allí, donde el poder, de una pretendida “historia” nos obliga a mirar, ejercicio de instalación intelectual, a lo performance individual, que debiera ser financiada por algún gobierno autónomo: Gran exposición. Imaginando el Vacío. De hoy en adelante, Hasta el final de su vida, o de su voluntad.

Saludos anónimo, como amable, lector.

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Una respuesta a “Monumentos, desvaríos y Barrios varios.

  1. Mecahis…mira que no haber leido antes de mi vieje tu entrada. Existirá ocasión.
     
    El vacio, sin duda el mejor cuadro. Puedes pintar lo que te apetezca. La imaginación esa sí dicen que es libre.

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