Elecciones a La Posteridad: Listas abiertas.

DE la seriedad y la Posteridad.

Las obras de serie: « Los artistas que actúan según  principios no son nunca más que seguidores.». Esta afirmación de Pierre Francastel. (París, 1900- id., 1970) Historiador y crítico de arte francés, nos deja un poco meditabundos. Pues ¿cómo definir el principio, o  diferenciar al artista seguidor, del creador?  «En consecuencia, tomando como punto de partida de nuestros análisis la estética teórica no llegaríamos más que a las obras en serie. No se trata de negar que haya una estética en el arte, sino de precisar que la relación en este campo no es fija y que se remonta de la obra a la doctrina en lugar de descender de la regla al objeto. De las obras verdaderamente creadoras se desprende una estética nueva y no formulada previamente en términos de ley; por el contrario, las obras de serie son concebidas en función de principios estéticos adquiridos. » 

Enmarcaremos, a modo de resumen las palabras del especialista galo.  Grosso modo, el autor se pregunta con justa razón, si al siglo de las luces pudiera serle incrustada una etiqueta estética, como la “Estética Neoclásica” o de “la razón”. Dado que el Rococó, también pertenece al siglo XVIII, existió siempre la tentación de deslindar a la mitad de siglo, ambas estéticas y sus subsiguientes realizaciones y manifestaciones artísticas. Justamente, en coincidencia relativa, con el inicio de La Enciclopedia, con una específica diferenciación de las posturas estéticas de D´Alembert y Diderot, y en su pertinente investigación, acude a los textos, y no sólo a las obras, o los tratados teóricos. Un Ej. la lectura de la correspondencia entre Diderot y E. Falconet(1716-1791) ,o su polemica  como, en su «Respeto a la posteridad», y otras muchas cuestiones de orden estético.

Este pintor y escultor francés es conocido por su efectista escultura «Milón de Crotona, devorado por un león», en el Louvre, donde el influjo de Bernini es patente. Pero también debe recordarse su labor como director de los trabajos escultóricos de la manufactura de Sèvres. Pero lo relevante de E. Falconet, es su ya mencionada correspondencia con Diderot y sus numerosos escritos que muestran una personalidad muy alejada de las concepciones  del arrollador Winckelmann. Para Francastel, esta correspondencia entre ambos, y estos textos « Son más reveladores del modo en que los enciclopedistas abordaron el tema de  la estética que los famosos Salons, en los que Diderot dejó que sus reacciones más inmediatas ante la pintura se expresaran de un modo más matizado»

Pero la Cizaña Estética quiere ahora rescatar un problema que ya se mencionó en la entrada anterior, el ya tan famoso …de la Posteridad :«Uno de los temas esenciales de la correspondencia entre Diderot y su amigo Falconet es el de la posibilidad de transferencia a través de  las generaciones de un juicio de valor sobre las obras. Para responder al escepticismo de Falconet, que sostiene que una obra de arte sólo es legible para sus contemporáneos, Diderot se ve obligado a abogar por una posible reintegración de las obras por parte de cada generación.» Si esto fue así quiere decir que para Diderot no sólo hubo una idea de progreso que alimentaba el espíritu humano, sino que recuperaba una idea vasariana, « cuya fama vivirá siempre gloriosamente mientras dure el mundo, por medio de la boca de los hombres y las plumas de los escritores» en su vida de Miguel Ángel, (pero no debemos olvidar, que Vasari quiere rescatar a los antiguos, pero también modernos, de… una segunda muerte, la del olvido y mantenerlos en la memoria de los vivos), si bien es una idea de culminación y enseñanza del ideal ya conseguido, para los tiempos venideros; y cuya influencia, esto es lo preocupante, ha ejercido un nefasto poder sobre nuestra supuesta observación y juicio, de las obras del pasado. Y aún más dañina, ha alimentado el prejuicio moderno, de que el verdadero arte será reconocido por el futuro.

 Gertrude Stein se quejaba de que el retrato que Picasso ejecutó de su persona, pintado en la primavera de 1906, en nada se parecía a ella; el pintor parece que contestó: “No se preocupe, ya se parecerá usted a él.” Un giro de tuerca, pero sintomático, no sólo el arte será juzgado por la posteridad, sino que además, nuestro yo más íntimo, el retrato, y por extensión nuestro mundo acabará pareciéndose al arte de nuestros “ya" no contemporáneos.

Si leemos detenidamente, encontramos que asuntos tan alejados en el tiempo, no se han resuelto todavía y que la modernidad del siglo de los -ismos todavía tiene que solventar, pero sin aspavientos de retortijón  especulativo y dogmático, cuestiones tales de simplicidad sólo aparente.

Es más, hoy, Abril, año del señor: 2005, ¿ Para  quién o quiénes pintan, esculpen y proyectan, en suma, trabajan y laboran, de la manera que lo hagan, los artistas de hoy? Para su mismidad,  o para la posteridad. Si esperan mucho, como un futuro muy, muy lejano, pueden caer de bruces en  la arqueología, y las prisas por encarcelar, al precio que sea sus obras en el Museo, no ya en el simple rodar del mercado artístico, se nos antoja una miserable forma de minimizar riesgos. ¿Quién se arriesga, hoy, de entre todos los artistas en activo, a que el futuro, les olvide, relegue, sepulte, tras las arenas de una supuesta incomprensión de nosotros, sus ignorantes contemporáneos? Si para Francastel el siglo XVIII no puede transcurrir entre sólo dos términos, Rococó y Neoclasicismo, imagine amable lector, el devenir a modo de río que se le presenta al Historiador de nuestra más inmediata predecesora centuria, los meandros sinuosos, los rápidos furtivos, las subterráneas corrientes y por fin un delta tan ancho y ajeno, como ignoto todavía, por su vacilante en lo bibliográfico, nilótico fin y llegada a la mar de la dulce POSTERIDAD. Y entre sus aguas, ¿quiénes son los verdaderos creadores y los que practican el ejercicio de la creación de obras de serie,  o tal vez, nuestro río artístico careció de simuladores y seguidores de ciertas estéticas construidas, y estructuradas  entre pétreas márgenes, cuando no, en las fangosas riveras de la autocita y la repetición.? 

Las citas de Francastel en: LA ESTÉTICA DE LAS LUCES, Pierre Francastel. Publicado por vez primera, en AAVV: « Utopies et institutions au XVIIIe. Le pragmatisme des Lumières. » París – La Haya, Mouton, 1963. Publicado en España en, AA.VV. ARTE, ARQUITECTURA Y ESTÉTICA EN EL SIGLO XVIII. Selección, traducción e introducción de Juan Calatrava Escobar. Akal Editor, Madrid, 1980, en Akal Bolsillo

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