Recursos intrusos de valor aciago.

Recursos intrusos de valor aciago:

 Si reflexionamos largamente sobre el asunto, es decir: el Arte, podríamos llegar a cuestionarnos  a nosotros mismos, de una manera tal, que tal vez nos horrorizara llegar a descubrir en, nosotros los seres humanos, un ardid  solamente imaginado por una mente tan perversa como la que la naturaleza animal que nos habita, hubiera podido dejarnos por herencia, a saber, el arte es una muestra más de la indiferencia del genero Sapiens sapiens por los demás. Y no nos referimos al tipo de respuesta del arte como escapismo, sea este esteticista en el más peyorativo de los aspectos, o sea este del tipo idealista, de corte ilustrado, también en el más grosero y exacto del adjetivo, en su extensión histórica.

 Esta indiferencia sería una cualidad desarrollada en sociedad y ejercitada de forma colectiva, pero asumida por unos cuantos, de forma tal, que lo que llamamos cultura, no fuera si no una manifestación más del poder de una trama tejida en una urdimbre de la incertidumbre: la de la prueba y el error. El creador del primer Ídolo, quizás sin saberlo, dio a su dueño el poder de lo mágico y de lo desconocido, es decir el poder sobre casi todo. El resto fue una larga sucesión de ídolos repuestos, uno sobre otro, uno tras otro, al olvidado, el nuevo revelado. No hablamos  tan sólo de imágenes, algunos pueblos y culturas han refinado el gesto artístico reduciéndolo a la escritura, otros han sabido combinar ambos, texto e imagen, palabra e ídolo. El asunto es tan complejo como la Historia misma. Al darnos un mundo simbólico, los humanos, nos hemos dado un mundo ideal. Y esto era ya conocido por los primeros intentos serios de desarrollo de la filosofía. Pero poseer un mundo de ideas, las cuales pueden ser expresadas, da como resultado dos acontecimientos culturales tan importantes como la Memoria Oral primero y luego Escrita; y por otro lado su representación, es decir, su Imagen. Si de lo que se trata es de recordar, el artista se convierte en un agente mucho más importante, de lo que él mismo pudiera creer.

Las sociedades humanas, no son seres orgánicos de similar desarrollo. Pero todas tienen algo en común, los unos cuidan de los otros. Sin embargo a mayor complejidad, mayores logros artísticos… o eso creemos. Puede que los ritos tribales nos parezcan una confusión, pero no es diferente a un concierto de Rock. Sin embargo, existe una diferencia entre un Cuarteto de cuerda de Mozart y una Jota popular, ambas y sendas están diseñadas para recordar aspectos muy diferentes de quienes las crearon. Cuando uno cuida de otro, como decíamos, transcribe un cuento: Caperucita Roja. Cuando uno quiere ser recordado inventa la Sirenita. Y si de lo que se trata es de recordar un tabú universal, describe el origen del mundo y pone al pie de página palabra de dios. El tabú como última y, paradójicamente postrera, frontera del decir e imaginar;  pero todo lo que comienza tiene un final.

Cuando los seres humanos nos “damos” a nosotros mismos, por poner el ejemplo más revelador, una orden universal, como el igual valor de cada vida humana, esto debería tener su representación. Sin embargo ¿existe esa representación? Existe una imagen, que al ser vista por cualquier ser humano, en cualquier momento, pueda decir: “ esto es, cada vida vale lo mismo que la mía”, O “ Mi vida no es menos que la tuya”.  Y he aquí que, no la tenemos. De existir tal representación, todos sabríamos donde encontrarla. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, podría servir. Si todos los seres humanos pudiéramos leerla, casa que no sucede, y por tanto discutirla, pues ni siquiera hay un acuerdo universal sobre dicha declaración. Esto nos hace humanos, precisamente, poder seguir con nuestras vidas, a pesar de las desgracias de los demás. Incluso cuando somos sus causantes. Y es este lugar del tiempo humano donde el arte se convierte en la manifestación del pecado contra nosotros mismos: “soy un creador, soy un artista, mi mundo es tan particular que nada ni nadie me interesa”. El arte por el arte no existe. Y no lo ha hecho nunca. El arte comprometido, tampoco. Ambos respondían al mismo deseo de alineación interna de la psicología animal, y específicamente humana. Unos, pertenecer al mundo y otros huir de él. La indiferencia, es la misma respuesta, pero disfrazada en los diferentes géneros.

 Son muchos los artistas que han sentido la necesidad de honrar al genero humano. Pero sus logros han sido escondidos al profano. El museo, es la caja fuerte de la avaricia y el egoísmo. Muy pocos artistas han podido congraciarse con su entorno, de manera tal que la culpa no manchara sus almas, pues todos somos hijos de la culpa, no la tan manida, judeocristiana; no, la otra: la de ser animales con conciencia. Una vez que sabes lo que has hecho, comienza la pregunta, ¿qué he hecho? En el arte la moral reside en la obras. Pero la ética reside en el artista.

Por tanto, comienza el juego: ¿ qué obra puede ser considerada como la representación exacta y ejemplar de un principio tan simple como este: Toda vida humana tiene un valor igual, y como tal debe ser … respetada? Se aceptan apuestas. Y ejemplos.

 

Anuncios

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s