Bagatelas de todo a 100.

En las cuatro últimas entradas nos acercábamos a una particular visión  de semejanzas entre el proceso que llevó a la “modernidad” a creerse un nuevo amanecer; un nuevo rumbo, un romper con todo que cambiaría el arte para siempre, pero es que el Quattrocento ya lo creía, es más, lo consiguió. Nos cabe, pues, la duda de que los artistas del siglo XX lo hayan conseguido.

Como estamos seguros de que este blog no lo lee nadie, podemos permitirnos afirmaciones que, quien vive de su palabra, no se atrevería. Tememos que, por desgracia, la mayor parte de las heterodoxias de los profesores españoles, se deben a otros, y es que, en principio, uno no muerde la mano que le da de comer. La libertad de no sentirnos juzgados por “ nuestros colegas”, nos permite decir cuanto se nos antoja. Y es ésta la verdadera libertad de Cátedra, no la de soltar la primera memez que a uno se le pase por la cabeza en su primer día de clase. 

Debe ser terrible no ser citado por nadie. Pero la cita, tiene el peligro de lo autorreferente, es decir, onanista a la larga. Vivimos bajo la falsa impresión, que ha sufrido por otra parte más de una vez la humanidad y especialmente el occidente  cristiano una época de grandes palabras, y los artistas no parecen haberse percatado del sigiloso proceder de la historia. Ella cabalga y la época que nada deja no será recordada. Nos llenamos los bolsillos de movimientos y tecnología, y a la postre será la propia tecnología la que triunfe en la balanza del juicio del siglo XX. Para bien y para mal, la gran aportación del siglo pasado no ha sido la Madre Teresa de Calcuta, tan fuera de lugar la pobre, fue un artefacto llamado Bomba Atómica.

Es decir, el compromiso, incluso bajo la forma del más abnegado y generoso de los sentimientos, no puede sustituir la potencia devastadora del mal, es decir de la ignorancia misma, que la vuelve ciega a toda evaluación de consecuencias. Los imperios crecen y mueren, los artistas también. El papado de Juan Pablo II no será recordado precisamente por ser un nuevo gran mecenas, pero la iglesia ya no es la potencia de otro tiempo. Eso si, el cielo se ha saturado de Santos, y el aire de fiesta de la Plaza de San Pedro, con esos horribles retratos de tamaño soviético del santo o beato del día, creo que no son del agrado de Benedicto XVI, cosa que nos alegra sobremanera.

Pero donde encontramos manifestaciones de gran formato, de nuevo es en la gran América: El imperio Americano, esta sentando las bases de un nuevo arte, el del recuerdo de lo olvidado: La Paradoja. El debate en EEUU, sobre qué hacer con el solar denominado zona cero, ha sido el debate artístico más importante  que se  recuerde, desde el emplazamiento del David… Al final se ha impuesto la singularidad, (como si del horizonte de sucesos de la física moderna, se tratara) de ser un lugar de “recuerdo”, pero no por ello dejará de ser un nuevo obelisco para una nueva demostración del poder.

El Poder, es la verdadera manifestación artística del siglo XXI. Se ha pasado de los monolitos, tipo Vietnam, a la impresión indeleble en el inconsciente colectivo de cada granito de un inmenso muro de refuerzo positivo, que le dice a cada uno a cada instante: “tú eres el bueno”. El arte político, es el nuevo arte. Los artistas plásticos que exponen y que creen crear, sólo son las marionetas del nuevo imperio. Las bambalinas son la especulación, y la Arquitectura se ha visto en un lugar privilegiado para ser la nueva reina del mundo del arte: su posición, nada inocente, dado el perfil de los arquitectos, la convierte en la Madrastra de un cuento que se ha convertido en un síndrome, la caja vacía. 

Pero debemos recordar que en los museos, también se hacen cambios que revuelven las tripas. Por mucho que se diga, la pirámide del Louvre, sigue siendo un hall de nuevo rico. Y también se derrumban o simplemente se disfrazan, como viejas actrices, que a fuerza de make-up, parecen juguetes rotos de madera, con su siniestro aire de estar perpetuamente fuera de lugar. El arte político, que cada año se gasta nuestro dinero, por lo menos podía, como en el Imperio, llenar nuestra tiempo con algo más que con falsos sentimientos. Un poco de publicidad, en medio del Gran Anuncio, interminable, en que se ha convertido la vida de las provincias. Más Pan y más Circo, Cesar…

Y ahora una pregunta:¿ Rezaremos el Via Crucis en el Guggenheim, algún día, como hoy lo hacemos en el Coliseo?

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2 Respuestas a “Bagatelas de todo a 100.

  1. Hola, de casualidad he llegado hasta aqui, de lo cual me alegro, tienes cosas fantasticas y muy interesantes, besos

  2. Amigo:
    No voy a escribir este comentario sólo para desmentir tu afirmación de
    que "este blog no lo lee nadie", respondiendo así a tu provocación y
    reto (no sólo lo leo, sino que estoy incrementando sus contenidos con
    mi insignificante granito de arena).
    Por encima de ello, lo que pretendo es manifestarte mi total acuerdo
    con tus afirmaciones sobre el modus vivendi de la mayor parte del
    profesorado universitario español. Es una desgracia, pero lo cierto es
    que hay muchísimos catedráticos que no son nadie sin sus becarios: esos
    jóvenes talentosos que viven esperanzados, pendientes de un hilo,
    dependiendo de que el buen humor del dinosaurio académico en cuestión
    permita que sus informes favorables puedan prolongar la situación de
    precariedad (falsamente disfrazada de pedante y esnob prosperidad) en
    que viven, mejor dicho, sobreviven. Para los que viven ajenos al mundo
    universitario pueden parecer exageradas y desorbitadas tus
    afirmaciones, pero yo puedo dar fe de que, no sólo son ajustadas y
    reales, sino que he conocido casos que las dejan cortas (debido a mi
    situación personal -no sé quién puede llegar a leer esto, aunque según
    tú estemos seguros y libres de que no lo hará nadie- no voy a poner
    ningún ejemplo, ni siquiera con nombres figurados; eso lo dejo para
    conversaciones privadas con personas de absoluta confianza, que son muy
    pocas).
    Te vuelvo a felicitar, una vez más, por tu lúcido espíritu crítico. Un abrazo.

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