Cuestiones de Estup/or/idez.

Cuestiones esenciales…

¿Podrían clasificarse aquellas que nos brotan en el pensamiento, cuando leemos la historia del arte del siglo XX? Damos por sentado que la propia historia resuelve los problemas cuando se reduce a aludir a las fuentes, o la pequeña historia, de la obra o del artista, y sin embargo, las grandes claves siguen sin resolverse. Nos gusta pensar que existe una simple narración de los acontecimientos, que incluso en su simultaneidad de circunstancias, el hilo puede seguirse como en una película de los hechos, a veces al modo de vidas cruzadas, un ejemplo que todo el mundo parece entender,(sic); pero con el peligro de tejer una maraña de apariencias explicativas en sí mismas. Y esto tiene un nombre: tautología. Otras veces, el asunto se complica. Cuando el historiador asume una visión más general, planea sobre los hechos artísticos rociándolos de una serie de analogías de corte histórico y socioeconómico, con matices de incursión política, y une, consecuencias con causas, hechos con resultados, y, de esta verbena, resulta una historia de aire generalizador y sumamente provechosa para los manuales de pocas páginas. Asistimos a los cambios para explicar absolutamente todo, y los “raros” que no se amoldan, son excluidos, pero con un tono de expiación, generalmente la falta de espacio, suele ser la causa de olvidos y omisiones. 

En otras ocasiones, el molde es un tipo de discurso, muy conocido por todos, que se basa en un uso tan imaginativo, ( grutescos semánticos), de todo tipo de expresiones y paráfrasis, que el lector debe descifrar, primeramente, una emblemática curiosa, la de la “imagen mental” del que escribe, además del propio texto para poder entender,- ¿qué simple, verdad?-, aquello que el autor intenta descifrar para el lector. Pero para ese viaje… las alforjas debieran haberse aligerado primero, en la mente del autor.

En fin, son muchas las plataformas desde las que un historiador del arte puede lanzar su propio discurso a la arena de la misma historia. En el circo de la bibliografía, unos cadáveres alimentaran los gusanos que a su vez nutrirán a las futuras crías de cuervos, que algún día se convertirán, despojadas de todo aire carroñero, del que nuestra desidia les permita, en las “rapaces” de éxito editorial. No nos sentimos capaces de enjuiciar o de analizar asépticamente, los diferentes métodos historiográficos de la historia del arte. Pero si creemos, honestamente poder situarnos como mero lector, en el centro del ágora de todas ellas y preguntarnos; ¿ según las diferentes miradas, por así llamarlas, las diversas “historias”, resuelven en último extremo, las “cuestiones” que se nos plantean, siempre como mero espectador, no sólo de la historia escrita, sino de las obras, que sobreviven? Es lícito, preguntarse si un determinado “ismo”, cumplió con su discurso, o si, por el contrario, no fue sino un intento en sí mismo, y por lo tanto… Esta es una de las cuestiones.

Para explicarnos. No cabe duda de que la conquista, desde el siglo XV, de la “perspectiva artificialis”, o como quiera que se la denomine, aérea, euclidiana, retiniana, realista, verosímil, y así un largo etc; surgió como el camino y el método para ahondar en la representación dentro del plano, tiranizado por su bidimensionalidad, mucho más allá de cualquier convencionalismo, (lineal, sacro, o de otro tipo de coartada), y situar en él, el mundo, de una manera lo más cercana posible a como nuestro ojo lo percibe, “perspectiva naturallis” . Es cierto que ello fue un convencionalismo más. Pero tan eficaz, que fue suficiente desde entonces hasta principios del siglo XX, para representar el mundo. Por ello, el espacio, desde entonces no volvería a ser el mismo. Y podemos enumerar ejemplos donde esa conquista está presente, un espacio, que, ventana o no, cumplió con su cometido, y con creces, no solo de manera matemáticamente exacta, si no de una  manera donde el arte se convierte en una experiencia llena de sentido. Es decir: promesas cumplidas. La misma cuestión se nos plantea, entonces para las diferentes experiencias artísticas. En la entrada anterior, hablábamos del Tópico cultural, por ejemplo, uno que se repite incesantemente en torno al arte del siglo XX, es aquel, que reduce toda experiencia artística al hecho de que los artistas de este siglo se han ocupado de los, en puridad, podrían clasificarse como problemas artísticos, y no de los problemas de la representación misma, pues para ello, ya estaba el cine o la fotografía. Es curioso, que nadie responda contundentemente, si en verdad, los problemas de los que trataron, fueron resueltos, o en qué medida, de haber sido solventados, a su vez, representaban, el mundo, o  cualquier otra cosa, Es decir, si la pintura, ya no tenía qué pintar, qué pintar entonces?

« Lejos de ser desordenada, o enredadora, seguida hasta sus reductos subterráneos, la estupidez deja presentir una perseverancia poco común. La estupidez no perdona a nadie, llega a todas partes, y si un método vale hasta el punto de no depender ni del individuo que lo aplica ni del objeto particular al que se aplica, si su virtud, ya sea por parte del usuario ya sea por la de la de la utilización, tiene empeño en funcionar por ambos extremos como un instrumento universal, la estupidez se revela método en estado puro, al alcance de todos y a la medida de cada uno». Pág.12. La Estupidez: Ideologías del Posmodernismo. André Glucksman. Planeta-Agostini, Barcelona, 1994, traducción un tanto vaga…

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