Omnia revocanda ad divinam prudemtiam…

Tengo ante mí una reproducción del grabado de Nemesis o La diosa Fortuna de Durero. «A la luz de dichas consideraciones, el repudio de Agustín de lo que significa esa fortuna, no resulta arbitraria preferencia teológica, sino asunto de pura necesidad intelectual y moral. Tal repudio es a la vez explícito y comprensivo: omnia revocanda ad divinam prudentiam; “ todo”, dice, “ debe ser referido a la divina providencia”. Incluye así tanto la noción de suerte concebida como mero azar (fortuitus rerum eventus), como la interpretación a modo de providencia pagana, el deus ex machina de los poetas e historiadores. » Pág. 465. Cristianismo y Cultura Clásica, Charles Norris Cochcrane. Fondo de Cultura Económica. México,1949. Traducción de J. Carner.

Una vez leí, ya no lo recuerdo, la anécdota que narraba una explicación para el extraño nombre de esta Editorial. Parece ser que el nombre original era Fondo de Cultura Escolástica, pero un error de la mecanógrafa, que debía enviar la solicitud administrativa, mutó el “Escolástica” por el de “Económica”. Y cuando se intentó corregir, debió ser demasiado tarde, y por puro azar, desde entonces fuimos muchos los que nos preguntábamos en nuestra adolescencia, el por qué era “económica”, si el libro, que teníamos entre manos, casi nunca, por no decir jamás, rozaba la rama del saber de la Economía. Pero el Fondo era tan imprescindible para la lectura de determinados autores que pronto dejó de preocuparnos el asunto. Debemos pues, un nombre imborrable, para mí de connotaciones borgianas , junto con Losada, o Espasa – Calpe, a un simple fortuitus rerum eventus… o ¿a un error fortuito?

De nuevo, pensando en ello, nos encontramos con uno de eso ecos persistentes en la lectura de algunos de los casus belli de la Historiografía, y de la Historia, y por ello también, tuvo su reflejo en el arte y en su historiografía. Cochcrane, por ejemplo, con su “personal” defensa del “sentido cristiano” de la existencia, apoyado en un estilo y un sistema particularmente fértil entre los pensadores del norte, y anglosajones, extrae una conclusión, que lejos de ser inocente, pone de manifiesto cómo, el propio juicio, es capaz de extraer mosto en vez de vino, y todo por falta de tiempo, o aún peor, por miedo al vino. Su defensa basada en San Agustín, especialmente en De Civitate Dei, para menoscabar la historiografía clásica o pagana, (sorprendentemente, parece no captar a Tucídides), y menudear en los ejemplos en los que la fortuna había sido usada para enlazar los elementos, que a pesar de todos los esfuerzos del historiador para encontrar una causa, (Polibio, sic) ésta podía ser la fortuna o el destino, es interpretada como una incapacidad manifiesta, no de historiar, si no de entender el mundo. Pero no para la historiografía cristiana… Pensar que la deificación de la suerte era un signo del derrumbe de la scientia… «Decidir que el curso de la historia gire alrededor de  tal principio es igualmente funesto para la integridad intelectual y la responsabilidad ética. » Pág. 465. Pero esto es simplemente falso. Sólo es la interpretación interesada de Cochcrane, para poder combatir no se sabe qué fantasma. Pues donde el autor ve prejuicios de la mentalidad clásica, el factor irracional o errático del “casum”, es sencillamente explicado como una manifestación de la divina providencia: y es en lo “paradójico” donde parece ser, o así lo interpretamos, «Agustín afirma, que todos los acaecimientos, y cada uno de ellos en la multiplicidad de cuanto ocurre, dan testimonio de la actividad de Dios. » Pág. 466.  Y remata la faena: «Agustín abre la senda a la filosofía de la historia en términos de logos de Cristo: esto es en la Trinidad, reconocida como principio creador y motor. » Pág. 466. y no termina aquí la cosa:…la historia del logos encarnado, significa historia en términos de personalidad(…)esto es, una base filosófica adecuada para el humanismo. Pág.467. Bueno. Pues nada.

Pero Momigliano viene en mi auxilio.  «La cuestión que se plantea es si los cristianos llegaron a ser  maestros también en el nivel más alto de la obra histórica original y si también en este campo confirmaron su capacidad para asimilar sin llegar a ser asimilados(…)» IV, Historiografía Pagana y Cristiana en el siglo IV, El conflicto entre el paganismo y el cristianismo en el siglo IV, Arnaldo Momigliano y otros. , Alianza Universidad.Madrid.1989. Pág.104. « La consecuencia es clara. No hubo una verdadera historiografía cristiana basada en la experiencia política de Herodoto, Tucídides, LIvio, y Tácito que fuera trasmitida a la Edad media.(…) En los siglos XV y XVI, cuando los humanistas redescubrieron a sus Herodoto, Tucídides, Livio, y Tácito, redescubrieron también algo para lo que no había ninguna clara alternativa cristiana. (…) Hay que poner de relieve el hecho de que las condiciones que hicieron posible un Maquiavelo y un Guicciardini se habían establecido ya en el siglo IV d. C. Los modelos de la historia política y militar permanecieron irremediablemente paganos.» Pág.105.

Por tanto no se abandonó la integridad intelectual y la responsabilidad ética. Hasta hoy. «Las formas tradicionales de la historiografía no atraían a los cristianos y se inventaron unas nuevas(…) por decirlo brevemente, los cristianos inventaron la historia eclesiástica y la biografía de los santos, pero no intentaron cristianizar la historia política tradicional; e influyeron en la biografía normal menos de lo que podría haberse esperado.» Págs.104-5. Y también remata: «Si la reticencia, el amor al pasado pagano, la moderación fueron las características más notables de estos historiadores latinos, los cristianos no tenían mucho que temer de sus obras.» Pág.114. « Por tanto, San Agustín que sabía donde buscar al enemigo real, no estaba preocupado por los historiadores paganos en lengua latina, como Amiano Marcelino(…) Pero estaba molesto por la idealización del pasado de Roma que se encontraba en los anticuarios latinos del siglo IV, poetas y comentaristas de poetas. Vio en ellos las raíces de la nueva resistencia contra el cristianismo que se hizo evidente hacia finales del siglo. Para socavar la base de sus obras se volvió  hacia las fuentes mismas de su pasión anticuarística, en primer lugar a Varrón. Combatió contra los anticuarios, y contra los paganos sentimentales y emotivos de su tiempo y no contra los historiadores contemporáneos. » Pág.115.(…)Pero los primeros debían ser combatidos. El resultado se puede ver en la De Civitate Dei»

Por lo visto Cochcrane, siglos después se sintió en la obligación de seguir la senda de San Agustín. ¿Acaso era necesario? Pero para Momigliano : «Todavía somos discípulos de Herodóto y Tucídides: todavía estudiamos la historia del tardo imperio en Amiano Marcelino» Pido disculpas por la extensión de la cita …pero merecía la pena. Continuará…

 A. Durero. Nemesis o La gran Fortuna. Grabado en cobre,33,5x23cm. h. 1501

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