La Arcadia, ficciones y trampas.

 Arcadia, ubicumque eris… « Cuando vi por vez primera la obra, sentí que me hablaba de un tarde en que paseando junto a mi padre, a la sombra de los árboles del jardín de nuestra casa de campo, me habló de Poussin, y de uno de sus cuadros. Años más tarde, supe que “Et In Arcadia Ego”, era la nostalgia que estaba buscando evocar en mí, mi querido padre. » Conversaciones con Mary Lee Hendrick.  Madrid.1996, Doble W2 Editor. Pág. 25. Este díptico fue comprado a una galerista americana en una Feria de arte, de las que tanto se multiplican por las ciudades, que pugnan por ser un nuevo París o un nuevo New York. Su donación fue un bello ejemplo de mecenazgo. La historia del díptico, es una de esas oscuras parcelas por investigar, pero sería largo de esclarecer el destino de las obras de este autor incógnito, para el gran público. «…lo doné al Commonwealth of Pennsylvania, en parte, por nuestra amistad con Mr  Edmond Morris, y en parte por su insistencia, junto con el resto de mi colección, espero que a alguien le produzca el mismo placer de dichosa tranquilidad, que me proporcionó a mí a lo largo de mi vida…» Pág. 26.  Para la gran coleccionista americana, es evidente que la obra era más de lo que en apariencia puede sugerir. Su colorido era una excepción dentro de las corrientes más austeras de la época, y que darían lugar al expresionismo abstracto que apelaba más a la economía; y por otro lado al color desaforado del “action painting”, para el que era más importante como ya hemos apuntado, el gesto que el resultado, aleatorio y casual. Pero lo llamativo para nosotros es la conexión que establece la dueña de la obra y un cuadro tan celebrado como el de Poussin, y cabe preguntarnos , cómo, quizás, el inconsciente de M. Lee Hendrick, motivó, sin saberlo, la compra de éste. Tal vez, un rastro de azul como el de las sandalias de uno de los personajes (El de la doncella) del lienzo de Poussin, imperceptible en la reproducción, (pero es lo que tienen las reproducciones de obras de gran formato), como es la tratada, tal vez una masa de verdes fragorosos, aquí y allá, de vegetación simulada, en medio de irreales abismos, de rosas pálidos, tal vez, nada de ello, fuera la verdadera razón para su compra y aún menos para explicar las emociones que la obra hacían brotar en los sentimientos de nostalgia, de la propietaria y que ella misma describe. Tal vez, M. Lee Hendrick, hubiese deseado tener el cuadro de Posussin, pero lo único que encontró más asequible, aunque no menos evocador, fue este otro de Conrad Nowmen, quien por cierto dejaría de pintar al poco de terminar esta obra, perseguido por los temores provocados en él por una cada vez más próxima en el horizonte, Caza de Brujas, no sólo política sino también social. Moriría tres años después, en el más absoluto de los olvidos.

Díptico, Óleo sobre lienzo y tierras. 3,55×8,94m.(circa)1952.

Council Hall, Commonwealth of Pennsylvania.

 

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2 Respuestas a “La Arcadia, ficciones y trampas.

  1. Hola.
    Aunque el arte moderno no es es mi fuerte,me ha encantado conocer por medio de tu espacio un cuadro y un autor más : ).
    Saludos.

  2. He quedado completamente fascinada al ver tu espacio. Estoy estudiando Historia del Arte y la verdad es que tu espacio me ha parecido francamente interesante. Si te apetece hablar de arte con alguien, ya sabes que aquí me tienes 😉

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