Petrarca. Soneto 95: di fòr e dentro mi vedete ignudo.

 Un juicio Más sobre el Juicio:

Chastel: « El dogma-clave del neoplatonismo es la inmortalidad y la universalidad del alma.» (…)Pág. 210 « Los acontecimientos de 1527-1530, la crisis política, la conmoción de la Iglesia, los fracasos personales, no hicieron más que agravar en Miguel Ángel el sentimiento de la desgracia de la condición humana y de sus inextricables contradicciones. Pero el deso de de representar de alguna manera la totalidad en una obra inmensa le inspira aún en el Juicio Final. La comparación con el techo de la capilla basta para mostrar en qué manera Miguel Ángel sintió el pesimismo del Renacimiento, después de haber magnificado sus aspiraciones confiadas. Como Signorelli en 1500, suspende el espectáculo de las Postrimerías sobre una generación inquieta. Pero conforme  a una actitud que procede, en definitiva, de su formación florentina y de sus vínculos humanistas, la intensidad se concentra a la vez en la universalidad de la tragedia – de ahí la estructura «cósmica» de la obra- y en los movimientos particulares del alma, todos los aspectos de los mismos estarán representados, desde la sequedad al éxtasis. La estructura arquitectónica de la Sixtina se desvanece: las figuras se proyectan en un espacio vacío y sin profundidad; están tomadas en una vasta corriente circular, de la que el centro es Cristo. El movimiento se impone bajo la forma elemental de un soplo remolinante. La rotación irresistible arrastra formas masivas que parecen aún pesadas, por los colores lívidos y los contrastes simples del fresco. Pero el motivo ascensional, la liberación de la gravedad adquiere todo su valor poético: pasa al fortísimo, como en un canto coral al máximo de sonoridad. » Pág.493/494, del Libro: Arte y Humanismo en Florencia, en la época de Lorenzo el Magnífico. A. Chastel. Catedra. Madrid 1991

El subrayado en Negrita es nuestro. Esta cita, pone de manifiesto una vez más como ha sido enjuiciado El Juicio Final de Miguel Ángel : “espacio vacío y sin profundidad”, sólo por citar lo más relevante, pero ello no impide acercarse a otros aspectos claves de la obra, y que sí resultan especialmente significativos; léase el efecto de la gravedad, en un tiempo, donde se desconocía tal ley… Pero parece que la suciedad y otros agentes impedían apreciar al espectador, que las masas, una vez terminada la limpieza, no lo son tanto, y que a pesar de todo, la variedad ejerce un efecto aglutinador de un acontecimiento, en efecto tan masivo, como era la representación El Juicio Final. Vaya por delante mi admiración más sincera por esta obra, en la que Chastel, a pesar de una leve crítica contra el método iconológico, demuestra una vez más, que sin leer , las obras solas no bastan. Leer la época y leer a los autores, leer lo que leían y saber de qué se hablaba, por ejemplo entre los artistas y sus amigos

« El dogma-clave del neoplatonismo es la inmortalidad y la universalidad del alma.» Miguel Ángel no podía eludir esta máxima, y lo demuestra certeramente en Las Tumbas Mediceas, por tanto en El Juicio Final, une al dogma de La Resurrección de la Carne un hecho fundamental, para comprenderlo, la confianza depositada en El David, que traspira en La Piedad, y que ilumina a los Ignudi, es devuelta a pesar de todo, y por ello depositada en el Cristo del Juicio, -en esa imagen de perfección, remedo de su Adán-, es cierto : La carne nos lleva por los más abominables caminos, pero sin ella no somos nada, tan sólo “polvo de estrellas”, enseñanza ésta, que aún entonces, era desconocida, a pesar de cualquier tratado de alquímicas y esotéricas enseñanzas, que el mundo de Miguel Ángel hubiera podido leer. La carne, puede hundir el alma, pero también la eleva, al menos en el arte. Creo que me arrepentiré de haber escrito esto. En Fin, Cristo se hizo carne, por algo sería. Y si lo dudamos, tan sólo mirar, un poco más allá, por encima, la creación de Adán, y veremos una verdad teológica: “a imagen y semejanza”, ¿Y quien mejor que Miguel Ángel para describir tal acontecimiento? Su creación y su deterioro último, que no su destino…¿Quién sabe qué pensaría al final el Buonarroti de todo esto? .Yo desde luego no.

…di fòr e dentro mi vedete ignudo. …Por fuera y por dentro me veis desnudo.

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