Dudas para El Final. De lo inefable…

Mors in facto esse : O el dilucidar el Oscuro estar muerto. IIª Parte

 « …De todos modos a Tomás no le interesa tanto la naturaleza  del alma separada cuanto sus estados o condiciones existenciales. ¿ Cómo determinarlos?  Entra aquí en juego el criterio capaz de identificarlos, según acabo de apuntar poco ha. El estado o condición del alma separada depende enteramente de la calidad de humanidad que posee la persona en el momento de morir. La Metahistoria mantiene estricta continuidad biográfica con la Historia, las condiciones de vida eterna se hallan inextricablemente imbricadas en los estados de la vida terráquea. La Biografía y la Historia, cobran seriedad y envergadura singulares. Por otra parte, el único saber que salta hasta el Cielo o se hunde en los Infiernos es la ciencia del bien  y del mal. No en vano se la quisimos arrebatar al mismo Dios. (…)  En nuestro Cosmos no hay lugar alguno para la Metahistoria,. Pero no sucede otro tanto en el Universo de Tomás. Como sabemos es único; sus creaturas están en él perfectamente relacionadas. La Metahistoria no puede situarse fuera del mismo. Recuerdo que el Mundo se divide en tres grandes regiones: los Cielos, la Tierra, y las Partes Inferiores de ésta o Abismos ( Inferi, Inferni, Abyssi.) Sólo la Tierra se asigna a la Historia; los Cielos y los Infiernos pertenecen a la Metahistoria.  Posee bastantes más lugares la segunda que la primera.» La Condición Humana en Tomás De Aquino. Eladio Chavarri, OP, Editorial San Esteban, Salamanca, 1994.Págs. 332/334.

Al leer estas palabras uno puede preguntarse como puede relacionarse con una visión neutral de una obra como El juicio Final de Miguel Ángel. Continuamos con el tono de la entrada anterior, para indagar en la medida de lo posible como podemos leer esta Obra, que no ha dicho ni mucho menos todo cuanto puede decir. No podemos quedarnos quietamente observando la calidad plástica y cualquier otra de las artes varias que Miguel Ángel despliega en tan monumental ejercicio de estilo, pero sobre todo, de contenido. Es cierto que las armas plásticas, o artísticas, de todo tipo, como el dibujo o el color, son utilizadas como un lenguaje, pero sería más exacto decir, que son como las “figuras literarias” de un discurso que no se conforma ni agota en la mera “exposición de la estructura interna de una sintaxis con semas de mayor o menor significado”, sino más bien una demostración de cómo el arte puede mostrar lo inefable, y no por ello ser “musical”. Inefable tanto en cuanto aún no dicho, no imposible de ser enunciado. La visión del Juicio, según la Teología pertenecería al terreno de la espera metahistórica. Una lectura profana del tema, no puede menospreciar o soslayar el acontecimiento que se nos presenta: Cristo Juez, en su segunda venida, esto es la Parusía, después de haber rescatado del Infierno de los Padres a quienes le precedieron en la Gracia, que sólo es otorgada desde su resurrección y que por tanto “ha sido clausurado”, según Tomás y Chavarri, después de ello, por tanto, comienza la Resurrección de la carne.

Esto es de vital importancia para una lectura correcta de la iconografía buonarrotiana en El Juicio. Y si seguimos en la lectura de la teología que no debía ser ajena a Miguel Ángel, el tema de cómo resucitaría la carne era el eje sobre el que asentar la figuración extrema a la que se ven sometidos todos los entes corpóreos presentes en El Juicio. ¿Los cuerpos son los que un ser tuvo o por el efecto de la Gracia purificadora la “reincorporación” sería la de un nuevo cuerpo de Luz, a semejanza de los ángeles? Es una de las cuestiones que pueden ser planteadas a partir de la obra. Por tanto, es lícito exponer dudas… la ausencia de alas iconográficamente distintivas, sustituidas por rasgos de naturaleza idealizante, y “vestidos” con colores y mantos o envueltos en su belleza de plenitud “empírea”; cuestiones como la juventud “madura”, de la Virgen, pueden aportarnos pistas sobre la intención real de Buonarroti, al revelar casi sólo con  pinceles el efecto de las palabras de Juan -1,14, “el Verbo se hizo carne”, para ser devuelto “y habitó entre nosotros”, desde que Miguel Ángel lo pintara: Ap- 22,5: «No habrá ya noche, ni tendrá necesidad de luz de antorcha, ni de luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará, y reinarán por los siglos de los siglos.»  Cuestiones, que deben seguir pendientes, de lo contrario no tendría sentido especular.

El sentido de una pintura, el sentido último, se conjuga así con el sentido de lo representado, es una coincidencia tan singular como buscada, puesto que: ¿qué vemos exactamente en El Juicio Final ?

Yo aún no lo se ¿y Usted?

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