El Infierno de los Niños…

Mors in fieri: o dilucidar el estar muerto.

« A las almas separadas se les asigna la región correspondiente a su estado o condición. Así como los cuerpos tienden al apropiado lugar natural de acuerdo con su ligereza o pesantez  – en términos de física aristotélica-, del mismo modo las almas vuelan al adecuado hábitat conforme a la inhumanidad, o humanidad depositada en su propio ser. Los espíritus lastrados por el pecado mortal gimen en el Infierno de los Condenados bajo las penas del daño y de sentido. En el Infierno de Los Niños, padecen las penas de daño las almas de los que murieron en sólo pecado original; mientras en el Infierno Purificador (Purgatorio) sufren pacientemente penas de sentido las almas sometidas aún al pecado venial o necesitadas de justa reparación. El Infierno de los Padres ( Seno de Abrahán) acogía a las almas de los justos fallecidos antes de la resurrección del Liberador. Sin pena de sentido ni de daño, esperaban ansiosos la hora de la exaltación de Jesús para entrar con él en el Reino….» La Condición Humana en Tomás De Aquino. Eladio Chavarri, OP, Editorial San Esteban, Salamanca, 1994. Pág, 334.Este fragmento pertenece a un libro seguramente desconocido para casi todo el mundo, corresponde a un propósito  de revisión de la condición humana con “los ojos” de la teología y tomando a Tomás de Aquino como “único” Guía. ¡Como para haber sido leído por alguien! Sin embargo… Quien mejor que un teólogo para hablar del infierno, al fin y al cabo, la teología lo creó, después de todo. En este mundo sin infierno, debemos acudir a las fuentes, y Tomás de Aquino, queda muy lejos, por ello, debemos dar gracias a quienes nos lo rescatan de vez en cuando, y a través de la hermenéutica,  más o menos acertada, nos lo “cuentan”. Y usted se preguntará, ¿a qué viene ahora hablar  de esto? Existe un pequeño detalle iconográfico en El Juicio Final de Miguel Ángel que siempre me ha intrigado, a saber, la ausencia de toda referencia al Purgatorio, como un “espacio” separado físicamente del infierno… Existen representaciones de la bajada de Cristo a los Infiernos, Mantegna nos da un magnífico dibujo de ello, y no queda claro si los Justos “ante legem”, están ya en la presencia del resucitado, en el momento de la segunda venida del Salvador. Dante, por ejemplo en el Canto IV, describe el Limbo, como el primer circulo del Infierno, allí donde moran las almas de los nacidos antes de la venida de Cristo al mundo y por tanto, aún no habiendo pecado en algunos casos, no habían sido limpiados del pecado original, pero no distingue entre el Infierno de los Padres,  del de los Niños. Y es curioso  que dice no hallar llanto, sino solo suspiros, y cuenta como Virgilio mismo vio a Jesús resucitado rescatando a los mismísimos Adán , Abel, Abraham etc,, (y a otros muchos). En esto, el fresco,  parece seguir fielmente la teología cristiana. Pero seguimos preguntándonos como encajar el hecho patente de la ausencia de niños, en la representación del juicio final, por ejemplo. Podemos “leer” la zona izquierda inferior del fresco como una visión de este purgatorio, pues sus penas no serán eternas, de ahí que las almas se vean ayudadas en su ascenso, unas, por su propio impulso y otras, por las fuerzas encarnadas en los ángeles que “tiran” literalmente de algunas de ellas, personificando así de algún modo la fuerza de la oración por las ánimas, -es revelador el uso de un rosario para ayudarse en esta tarea-,  y la enigmática figura de un tonsurado imponiendo las manos, de quien no sabemos si aún está vivo en el momento de la acción. Por cierto, debe señalarse que la acción, propiamente dicha aún no ha comenzado, ninguna de las almas reencarnadas sabe realmente si será salvada, todas parecen “mirar” a Cristo, para subir a arremolinarse,  como los bienaventurados, en torno al crucificado, quien con su gesto inicia el juicio; pero no debemos olvidar que ni siquiera los elegidos que ascienden conocen su destino, en  medio de tal acontecimiento no son enteramente conscientes de su nueva e inmediata realidad. Esto explica la posición de La Virgen, quien parece esperar un dictamen que sólo su hijo conoce. La zona inferior del Juicio, con sus temas y figuras tomadas de Dante, es en sí misma, de una sorprendente claridad, y las almas de quienes ya despiertos, son lanzados  de nuevo por Caronte, a la barca, que ha de cruzar el inmenso espacio entre el Cielo y el Infierno, en apariencia muy corto, ante la mirada de Minos – Satán, a un triste pero eterno penar, son el adelanto irremediable del final. En la zona derecha, la verdadera humanidad ha desaparecido, tras el pecado, la pena de daño, contra todos, y contra Dios, en suma contra uno mismo.  Son muchos los ejemplos de cómo las ideas religiosas que Miguel Ángel, refrenda en el fresco,  son coincidentes con las ideas que el Concilio de Trento, acabaría por estimar como la base de la verdadera Fe Católica, la mas evidente, que la sola fe no basta, las obras también cuentan…pero ¿qué será de los niños? ¿Dónde residirá su imagen? ¿Dónde Esperan? Si Buonarroti  los elude, sus almas reencarnadas, ¿son los nuevos ángeles, o son simplemente almas con una nueva carne… perfecta, a imagen y semejanza de Cristo? Pero el mismo Cristo, debemos recordar aparece con las marcas de la crucifixión… en el fresco, joven, imberbe, apolíneo, pero no perfecto… ¿ O si…?

Seguiremos el asunto…

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