Tradiciones, y Traiciones.O de la ingenuidad…

 Hauser: El estilo y sus consecuencias.

«Sólo nuestro tiempo, cuya problemática situación frente a sus antepasados es similar a la del Manierismo respecto del Clasicismo, podía comprender el modo de crear de este estilo y reconocer en la imitación, a veces minuciosa, de los modelos clásicos una compensación con creces del íntimo distanciamiento respecto a ellos.(…) El Manierismo es en este sentido la primera orientación estilística moderna, la primera que está ligada a un problema cultural y que estima que la relación entre la tradición y la innovación es tema que ha de resolverse por medio de la inteligencia.(…)  La actualización del Manierismo para nosotros, la revisión a que recientemente ha sido sometido el arte de Tintoretto, del Greco, de Brueguel, y del Miguel Ángel tardío, es tan significativa de la situación espiritual de nuestros días, como lo fue la nueva valoración del Renacimiento para la generación de Burckhardt y la honrosa salvación del barroco para la generación de Riegl y Wölfflin.( Sólo una época que ha vivido como su propio problema vital la tensión entre forma y contenido, belleza y expresión podía hacer justicia al Manierismo y precisar su peculiaridad tanto frente al Renacimiento como frente al Barroco..» 

 La publicación del libro, Historia Social de la Literatura y el Arte, de Arnold Hauser,  en 1951, conmovió a muchos, en realidad a casi todos, de quienes después utilizarían muchas de sus “esquemas” de explicación, sin reconocerlo. Pero hoy más que nunca se  nos exige una revisión de muchos de los planteamientos de Hauser.  O al menos, un breve comentario sobre la validez de las preguntas que nos surgen, si leemos con atención, algunos de los párrafos de esta obra, tan cargados, por otra parte, de posibilidades de discusión, de invitación a la reflexión. Nos encontramos de nuevo con un tópico ya comentado sobre el uso del Manierismo, como excusa justificadora de los supuestos artísticos del siglo XX, en los que se basará su posterior apología, y los movimientos que rechazarían el Impresionismo.  Para Hauser, el siglo XX comienza después de la 1ª Guerra mundial, “es decir en, los años veinte” y si la cronología en una muleta necesaria, muchos pensarían que debiera anticiparse tal fecha, y otros pensarían que debiera retrasarse… La no coincidencia apunta al origen del problema, puesto que si el S. XIX, no acaba del todo, debemos seguir preguntándonos cuando comienza el siglo XX, y hoy quizá nos preguntemos cuando comienza el S. XXI, si es que este siglo está destinado a ser considerado como una época distinta, con su estilo y su arte propios.

NO debemos olvidar que “podemos” creernos,(esto en referencia a los artistas que trabajan en la actualidad), con la obligación, o la tentación de imaginarnos a nosotros mismos como los iniciadores de un nuevo arte. Es una inclinación muy común desde los -ismos con tentaciones totalizadoras y excluyentes, tan abundantes en el siglo pasado. Podemos ir  más lejos y pensar que no es el Arte  lo que ha muerto, sino su historia, a lo que hemos dado muerte es a la “unidad temporal” de los contemporáneos, a las escuelas, a los grupos y movimientos, podemos creer que ha nacido la época de los artistas, con minúsculas pero con negrita, podemos creerlo, pero creer no es saber. Se justifica la diferenciación entre los artistas manieristas mediante la multiplicación de términos, Hauser lo hace, realismo, naturalismo, y espiritualidad, sensualidad, etc; pero los agrupa, por tanto los artistas de nuestros días serán agrupados, les guste a o no, bajo el signo de los nuevos manieristas, o vaya usted a saber con que otro nombre… pero Hauser hace algo más. Y explica la situación que da origen al manierismo, como un arte cortesano e internacional, por el ascenso definitivo de las primeras potencias modernas de rasgo imperialista, Francia y España, y las guerras y la crisis religiosa que daría origen a la Reforma, y sin embargo, ello no explica del todo, el arte manierista. Por alguna razón, nos falta o eso nos parece, un detalle que no obstante se encuentra en las monografías y que para nosotros es de vital importancia, el factor humano.

 Es decir:El análisis historicista es necesario, quizá, pero la ausencia de argumentos tan simples, en apariencia, pero reales en definitiva, como el propio carácter, a modo de ejemplo, de El Greco para sustentar su fantástica personalidad artística, sin abusar del psicologismo arqueologizante, y comprender, que quien quería destruir el Juicio de M. Ángel, era ya de por si alguien diferente, y que su época, era él mismo, mas que ser él mismo un producto de su época, social, económica o religiosa… Esto a grandes rasgos, claro está. Por tanto,  Hauser, es cierto nos abrió las puertas de un modo de ver la historia del arte, que sería un punto de inflexión, pero no agotó, ni mucho menos las posibles explicaciones. Por ello, estos párrafos sobre el Manierismo y su interrelación con su tiempo nos permiten mejor que nunca, comprender, cómo cada época busca referentes allí donde los encuentra más fácilmente, y dónde mejor, que en el Manierismo recién inventado, como quien dice, para sustentar la teoría de que los artistas contemporáneos,  que se encuentran : «…Frente a un estilo privado de ingenuidad, que orienta sus formas, no tanto por el contenido expresivo cuanto por el arte de la época anterior, y en tal medida como hasta entonces no había ocurrido con ninguna dirección artística importante. La conciencia del artista se extiende no sólo  a la selección de los medios que corresponden a su intención artística, sino también, a las determinaciones de esa misma intención. El programa teórico se refiere tanto a los métodos artísticos como a los fines del arte. »

Estas palabras, parecen referirse tanto a los artistas manieristas como a los artistas del pasado siglo… Pero cabe preguntarnos en qué medida son aplicables a unos y a otros,  cuanto es de unos y de otros, y cuanto de este análisis no es más que una especulación en torno de los artificiosos problemas teoréticos de los estudios del arte del s. XX. El “arte de la época anterior” para los –ismos, simplemente no existía. O eso fingían. Para los artistas manieristas, por ejemplo, Miguel Ángel seguía vivo y en activo, por tanto, era una cuestión mucho más “cercana”. Aún así anotemos uno de los juicios de Hauser sobre El Juicio Final para comprobar si realmente vio el Juicio de Miguel Ángel de una manera real: «Es un espacio irreal, ni visto unitariamente  ni construido con un patrón unitario, aquel en que se mueve la representación.(…) ante todo en la renuncia al efecto de perspectiva ilusionista(…),uno de los más visibles signos de ello es que las figuras superiores de la composición están sin reducir de tamaño, es decir, representadas mucho más grandes en comparación con las de abajo.» 

Sin embargo, puede suceder que lo “leamos y veamos” de manera totalmente contraria, la inclinación hacia el interior del muro donde se ejecutó el Juicio y el uso “ilusionista” de los lunetos superiores, tras su limpieza, revelan un uso del espacio pictórico tan inteligente, como sugestivo, y apropiado a cuanto acontece, el relativo tamaño sólo lo es si atendemos a lo pintado y no a lo significado…Por tanto, es cierto: "es tema que ha de resolverse por medio de la inteligencia." Y por ahora basta.

 Las citas son de A. Hauser, Historia Social de la Literatura y el Arte, Tomo II, Ediciones Guadarrama, Madrid,1969.

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