El Pintor y la Modelo, inferencias Vasarianas.

El Pintor y La Modelo:

La casa museo de Vasari, "alberga" la obra titulada El Estudio del Pintor, en ella se ve una escena en apariencia familiar, pero inaugura un género que bajo el lema el «Pintor y la Modelo», daría para una de esas tesis articuladas en torno a la persecución de obras y su catalogación, amen de las diferentes evoluciones de un tema, muy propia del academicismo que se sirve de la mera cronología, con el propósito de reordenar lo que ya  se sabe, o de simplemente decirlo de otra manera. El tema del «Pintor y la Modelo», está íntimamente relacionado con el pintor y el retrato, y es un hijo del autorretrato. Es la suma de dos propósitos y de dos resultados, si por un lado el pintor se autorretrata, al introducir en una obra dada, a la propia modelo en el momento de la ejecución o muy próxima a su terminación, el asunto se complica y multiplica en una variedad de significados, que dependiendo, del pintor, de la época y del tratamiento formal del tema, activa muchas de las ideas que los propios artistas expresan sobre las particulares formas de entender el mismo arte de la pintura.

Rastrear el género no es difícil, y sin embargo abusar de los ejemplos no redunda en la explicación de estas obras, ni de sus múltiples derivaciones. Si ante un retrato, o un desnudo anónimo-alegórico, el espectador se sitúa en el lugar que una vez ocupó el pintor, en el «Pintor y la Modelo», no sabemos donde situarnos. A veces el pintor nos obliga  a colocarnos en un lugar más allá de la propia pintura. Lo significativo que tiene este subgénero para el especialista radica principalmente en la preciosa información que los pintores nos trasmiten a través de este tipo de obras. Si bien en el Alto Renacimiento no tenemos grandes ejemplos de él, sienta las bases ideológicas de lo que en un futuro sería un tema por si mismo, cultivado por un tipo de artista, o pintor que suelen tener un común denominador, un interés desusado por la autorreflexión, especialmente aquella que va dirigida hacia la misma pintura. Tanto Leonardo como Miguel Ángel, por ejemplo no apreciaban en mucho la introducción de elementos particulares, como un autorretrato, en la realidad de un arte que aspiraba a ser universal en su forma y en su destino, pero no por ello, tanto uno como otro, acabaron por tomar de la naturaleza propia imágenes de valor universal, uno con su autorretrato como prototipo de sabio, de sabias barbas y profunda mirada; y el otro como Nicodemo, transido como el mismo Cristo que sostiene, y aún así erguido, en su propia piedad. Por ello, Vasari, no hace sino reivindicar a través de su pintura, la idea de que el pintor, no es sino esa idea que tanto placía al propio Leonardo. Elegante y concentrado, es notable apreciar sin embargo, un pequeño detalle de inconsistencia técnica en la obra, pues la figura, va pintada de arriba abajo, cosa que sabemos, no era la práctica habitual en el arte de la época, y casi de ningún buen pintor, pero la imagen no es la representación de una lección de Pintura, sino del noble arte de pintar. Por tanto, la Artemisa coronada por una luna menguante y con lanza, que aparece en la pintura, bien podría no ser la modelo, sino la diosa misma, que como una imagen mental se aparece al propio pintor, ello explicaría la falta de distancia que sitúa  a la hipotética figura de la modelo del propio pintor, así como la presencia de las dos modelos desnudas de claro sabor veneciano, ergo tizianesco, y que conforman unas citas ineludibles a la antigua y por tanto, plenamente justificadas. Para el creador de la "Academia del Disegno", el pintor, es por tanto un intelectual, es decir hombre cultivado y no sólo un artesano.

Si pensamos y viajamos un poco en el tiempo, sin abundar en los ejemplos, observaremos que el «Pintor y la Modelo», fue el tema para algunas de las especulaciones de los grabados de Durero, y éste aparece y desaparece a veces disfrazado en el Taller del pintor, o del artista, un "tema" de por si ya significativo, y que multiplica sus ejemplos desde principios del seiscientos. Rembrandt lo trataría, solapadamente, pero, no así Vermeer, quien es el autor de las seguramente más profundas reflexiones sobre la pintura, como un fenómeno que supera el del propio acto de ver, así como la misma potencia del mundo físico. En último término, es el “tema” de Las Meninas. Y formaría parte de algunas de las últimas reflexiones pictóricas serias de Picasso. En fin, el «Pintor y la Modelo», es digno de atención, por si interesa.

Siento no tener una imagen completa para mostrar.

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