Tres Hombres, o un Destino.

López, Erice y M. Ángel.

El Sol del Membrillo,(1992) es una película con esa rara peculiaridad de no dejar indiferente a nadie. Desconozco como surgió la idea original de tan fascinante experimento, tanto para Antonio López, como para Víctor Erice, y no es momento de entrar en ello; si la traigo ante ustedes aquí es, por una razón de conveniencia, a saber: hay en ella, una escena que no puedo olvidar y que por su singular belleza, me ha perseguido desde el instante en que la vi. Es como un intermezzo en la inexistente trama, A. López y un amigo (perdóneme él mi injustificada falta de memoria, pero no recuerdo su nombre) charlan delante de una reproducción de El juicio Final de M. Ángel, en la Sixtina. Ambos se maravillan de tal obra, y en un momento se oye decir a uno de ellos (el sonido directo es lo que tiene, no se entiende nada casi nunca) el elogio del esfuerzo que debió suponer para un hombre de la edad de M. Ángel la realización de tamaña empresa artística. He mencionado la palabra belleza, pues para mi muy personal, sentido de la misma, ese fragmento en la vida, de dos personas que buscan con esmero, entre las nieblas del pensamiento consciente, las palabras adecuadas para trasmitir, cuanto de importante o bello encuentran en la obra de un artista del pasado, siendo éste nada menos que M. Ángel, resulta de un humanismo inconmensurable. Si, para mí es un fugaz destello, cometario, de luz destilada, recalada sobre una retina, la nuestra, que a poco, y ya, no sabe donde mirar; pero si el Humanismo se ha impostado ahí, aún siendo en forma de fotogramas encadenados, este espejismo de inmensa  honestidad y profundo amor por el arte de los hombres, para el resto de los seres humanos, bienvenido y felicísimo sea, el que viene en nombre del Arte. Pues ¿Qué valor tiene hoy en día el Juicio.? Extraña Pregunta. Si se detiene uno a pensarla, seguramente no acudirá a su original intención. Completar la decoración del “espacio” que más literatura ha generado sobre dicho período. El Juicio Final también fue un punto y final, permítasenos la analogía, de la obra de M. Ángel, respecto a su labor como pintor, y especialmente como el Padre de La Cosmoagonía, personal y espiritual, que su obra trasmite. Pero aquí, sólo puedo dar paso a Vasari, quien no obstante es mesurado en sus elogios: «Y esto en nuestro arte es ese ejemplo y esa gran pintura enviada por Dios a los hombres en la tierra, para que vean lo que hace el hado cuando los intelectos descienden a la tierra desde el grado supremo, y cuando les ha infundido la gracia y la divinidad del saber. Esta obra convierte en esclavos encadenados a todos los que están, convencidos de sus conocimientos, sobre arte y, al ver los signos por él trazados en los contornos de cualquiera de sus cosas, tiembla y se estremece todo gran espíritu por muy experto del diseño  que sea.» Pero aún añade: « Y cuando se contemplan los esfuerzos de sus obras, los sentidos se turban con sólo pensar en lo que pueden ser las otras pinturas hechas o que se harán, comparadas con esto. Se puede considerar a ésta, una edad verdaderamente feliz, y feliz también la memoria de quien ha visto verdaderamente esta estupenda maravilla de nuestro siglo.» Es decir , que al menos Antonio López si se estremeció al pensarlo, en su charla, en apariencia intrascendente, con su amigo, y al hacerlo, y al filmarlo, Víctor Erice, nos devolvió un momento  muy similar al que debió sentir el primer ser humano que contempló El Juicio terminado.

Addenda: La idea de la superación o progreso en el arte, puede parecer una invención vasariana pero no fue el primero en distinguirla, de hecho el propio Leonardo no es ajeno a ella, y si no compara pintores, ni artistas con nombres, si lo hace con las distintas artes de su tiempo. En su defensa de la pintura, simplemente, intenta zanjar la eterna discusión de la ut pictura poesis con la rotundidad de que la pintura es tan superior a la poesía, que nada, por mucho que se esfuerce el poeta, puede superar a la imaginación “plasmada”, pintada, entendida como un universo entero en cada pintura…previa detenida observación. Ni la escultura puede igualarla. A primera vista pareciera que no tienen relación , pero el apasionado discurso de Leonardo, superando la mecanicidad de la pintura, y disponerla en el pedestal de las artes mas nobles, e inflama su recuerdo el hecho de situar a la experiencia empírica como punto y fin de todo quehacer humano, (algo muy “británico”, por otra parte, pero que el propio Durero curiosamente recogería, imaginando lo que él mismo no podría hacer, tan sólo en sueños… ) es la prerrogativa necesaria para la Idea vasariana de cómo se llegó a la Manera Moderna, y a su más perfecta realización, en las manos de Miguel Ángel, quien reunía, incluso la perfección de las artes de la escultura y de la arquitectura, de la mano del más perfecto “dissegno”. Por otra parte es el origen de las categorías estéticas, pues Vasri no hace si no formularlas continuamente, pero lo curioso es que no parece ser éste un problema digno de atención para quienes infatigablemente le desprestigian.

Las citas de Vasari son de la pobre edición en español que puede encontrarse hoy, de “Las Vidas… “, De la editorial Tecnos,  Madrid, 1998,  Pero parece ser que uno se arriesga si reproduce parte de la citada obra, cosa que no deja de sorprenderme…pues la traducción recibió una ayuda de tipo ministerial, por lo que su difusión parcial, no puede ser un crimen. ¿ O si? Vasari no cobra derechos de Autor, y mira que ha dado de comer a gente.

 

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Una respuesta a “Tres Hombres, o un Destino.

  1. Addenda: La idea de la superación o progreso en el arte, puede parecer una invención vasariana pero no fue el primero en distinguirla, de hecho el propio Leonardo no es ajeno a ella, y si no compara pintores, ni artistas con nombres, si lo hace con las distintas artes de su tiempo. En su defensa de la pintura, simplemente, intenta zanjar la eterna discusión de la ut pictura poesis con la rotundidad de que la pintura es tan superior a la poesía, que nada, por mucho que se esfuerce el poeta, puede superar a la imaginación “plasmada”, pintada, entendida como un universo entero en cada pintura…previa detenida observación. Ni la escultura puede igualarla. A primera vista pareciera que no tienen relación , pero el apasionado discurso de Leonardo, superando la mecanicidad de la pintura, y disponerla en el pedestal de las artes mas nobles, e inflama su recuerdo el hecho de situar a la experiencia empírica como punto y fin de todo quehacer humano, (algo muy “británico”, por otra parte, pero que el propio Durero curiosamente recogería, imaginando lo que él mismo no podría hacer, tan sólo en sueños… ) es la prerrogativa necesaria para la Idea vasariana de cómo se llegó a la Manera Moderna, y a su más perfecta realización, en las manos de Miguel Ángel, quien reunía, incluso la perfección de las artes de la escultura y de la arquitectura, de la mano del más perfecto “dissegno”. Por otra parte es el origen de las categorías estéticas, pues Vasri no hace si no formularlas continuamente, pero lo curioso es que no parece ser éste un problema digno de atención para quienes infatigablemente le desprestigian.

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