El Minotauro amedrentado.

“El minotauro amedrentado, pasta briznas de rabia entre sus dientes.”

A veces el « recuerdo », de la obra de arte puede provocar problemas que no resultan sencillos de apreciar. Esto sucede particularmente con una tela, La señoritas de Aviñon, de Pablo Ruiz Picasso, que no es un pintor francés de origen español, como quieren hacernos creer nuestros Chauvinistas vecinos. Este cuadro destinado a ser designado como el eje primigenio sobre el que descansará el arte del siglo pasado, tiene una intrahistoria curiosa, como poco; es la historia del miedo y de un escamoteo premeditado de la crítica, para aumentar la torre de babel en que se ha convertido la bibliografía picasiana. En cualquier documento impreso sobre el cuadro se cita el año de 1907 como el año de la creación del cuadro, pero nada mencionan sobre su verdadera primera exposición pública, en 1916. En los salones de un modista llamado P. Poiret, y no sería adquirido por un coleccionista privado hasta 1921/ 1924, y también por un modista, J. Doucet, quien lo poseería hasta su muerte. Su viuda lo vendería a la Galería Seligmann, en 1937, y casualmente, esta galería que tenía su sede en París y Nueva York, lo expondría en ésta última, donde El Museo de Arte Moderno de Nueva York, finalmente, lo adquiriría dos años después, 1939. La pregunta resulta evidente: ¿Por qué Picasso tardó tanto en mostrar, su obra y por qué trascurrió tanto tiempo hasta su adquisición por parte de un coleccionista? Se cuenta en la maraña sobre Picasso diversas explicaciones, pero el miedo a ser rechazado, fue en definitiva la causa por la que el pintor sólo mostró su cuadro a sus amigos, y los más íntimos, algunos de ellos le recomendaron que lo quemara, y muy pocos de quienes vieron el cuadro antes de su mayéutica venida al MOMA, apostaron por  el valor, ahora tan “evidente” de Las Señoritas… Parece ser que sólo  André Breton, reconocería su supuesta valía indiscutible. Pero hubo otro miedo, quedarse atrás frente a la gran Bestia Negra que suponía Matisse, quien había pintado ya, La alegría de Vivir, en 1905/6, hoy en La Fundación Barnes, y que perseguía el orgullo de Picasso en su inmodesta forma de ver y practicar el arte; se espiaban, como dos leones en celo por la hembra del triunfo: ser el mayor pintor de su época. Y un tercer miedo: según Leo Steinberg, el miedo  innato de un primerizo en un burdel, quedaba reflejado en las amenazadoras máscaras de las dos mujeres de la derecha del cuadro. Por no mencionar el peor de los temores: El miedo de la crítica a reconocer que la « influencia » de Picasso no viene por la vía de las demoiselles y si por su obra posterior, siendo esto, una celada de la tormentosa relación entre Picasso  y exégetas de todo tipo. El caso descrito no es único, pocos de los contemporáneos de Leonardo pudieron contemplar el retrato que cambiaría el curso de este género y de gran parte de la Pintura posterior, me refiero a la Gioconda. Pero esta es otra historia y mucho más larga de explicar…

Addenda: Las señoritas de Aviñon, pese a su supuesta “formulación del nuevo espacio cubista como un espacio pictórico integrado”, no deja en realidad de ser una rememoración de la serie de Bañistas de Cézanne, pese a quien pese; respecto a Matisse, otro cezanniano inconfeso, utilizaría al “maestro de Aix” y a otros muchos, como un pozo para muchas de sus obras más Fauves, con tan sólo cambiar la gama de color, pero lo sorprendente es que incluso Eugenio D´Ors, dijera de Cézanne que pintaba de igual modo los cuerpos como los mismos árboles,…«mientras los venecianos , predecesores incontestados de Cézanne» para acabar concediendo un párrafo más allá : «… su descendiente,(de los venecianos) no sólo descuidaba cuanto puede separar a un senador de otro senador (…)un hombre de un pino, a un pino de un muro, a un muro de una nube.» Es exagerado saltarse así la cronología… Puede que Cézanne tan sólo escuchara el sonido estrepitoso de una de las grandes, sino la más grande, formas de arte, el Desnudo, y que a pesar de tanta búsqueda formal y tanta “montaña”, quisiera medirse con Giorgione o Tiziano.


La cita de D´Ors está entresacada de su obra: Cézanne, El Acantilado, Barcelona, 1999. Pág. 169 y170.

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Una respuesta a “El Minotauro amedrentado.

  1. Addenda: Las señoritas de Aviñon, pese a su supuesta “formulación del nuevo espacio cubista como un espacio pictórico integrado”, no deja en realidad de ser una rememoración de la serie de Bañistas de Cézanne, pese a quien pese;respecto a Matisse, otro cezanniano inconfeso, utilizaría al “maestro de Aix” y a otros muchos, como un pozo para muchas de sus obras más Fauves, con tan sólo cambiar la gama de color, pero lo sorprendente es que incluso Eugenio D´Ors, dijera de Cézanne que pintaba de igual modo los cuerpos como los mismos árboles,…«mientras los venecianos , predecesores incontestados de Cézanne» para acabar concediendo un párrafo más allá : «… su descendiente,(de los venecianos) no sólo descuidaba cuanto puede separar a un senador de otro senador (…)un hombre de un pino, a un pino de un muro, a un muro de una nube.» Es exagerado saltarse así la cronología… Puede que Cézanne tan sólo escuchara el sonido estrepitoso de una de las grandes, sino la más grande, formas de arte, el Desnudo, y que a pesar de tanta búsqueda formal y tanta “montaña”, quisiera medirse con Giorgione o Tiziano…La cita de D´Ors está entresacada de su obra: Cézanne, El Acantilado, Barcelona, 1999. Pág. 169 y170.

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