IIª Parte. El Blanco Herido.

Pertenecer al conjunto de espectador -observador –persona-sujeto durante el S. XX, no ha sido una ventaja. Un siglo donde pareciera que la Estética debería haber avanzado, progresado, con la inestimable ayuda de la Historia del Arte y de la Crítica, aportaciones importantísimas, de las distintas escuelas de reflexión analítica y con un amor por el detalle bibliográfico, como las Iconográficas o Iconológicas, las Filológicas, las Lingüísticas o Semióticas-Estructuralistas, las Sociológicas… todas ellas con brillantes ejemplos de estudiosos y expertos lúcidos, en suma : un siglo donde a la Estética le correspondería haberse formalizado como una verdadera Filosofía del Arte, pero con la incertidumbre de convertirse en una disciplina positivista o al menos con un mínimo de rigor Científico, (tanto como las ciencias sociales o psicológicas,  por no mencionar las derivadas de la percepción experimental)  y que sin embargo, no ha conseguido más que una « reivindicación del Sujeto como la verdadera posición de cualquier análisis de la obra», así frente a derivación neocrociana de pretensión totalizadora, que interesadamente fundamenta muchas de las especulaciones de los críticos actuales, un arte sin géneros diferenciados, habitante del mundo del Espíritu, y casi sin historicidad posible en la amalgama de forma -contenido: Intuición pura, se reconvierte y da el paso siguiente al sujeto y a su, personal y propia, visión/lectura de obras abiertas, o descontextualizadas por efímeras, es aquí donde el Sujeto deja de ser Sujeto, para convertirse en Actor.  ¿ O simplemente en Espectador?

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Una respuesta a “IIª Parte. El Blanco Herido.

  1. Adenda: "Una vez más me irrita el desdén de los fenomenólogos por la observación experimental. Su afán por confiar únicamente en el propio análisis de conciencia les incapacita para alcanzar lo que está mas allá de la conciencia" J.A. Marina. La selva del Lenguaje,1998, pág,290 Anagrama. A riesgo de parecre presuntuoso, añadiría a este comentario del nunca suficientemente elogiado Marina, que su desdén, el de Husserl y compañia radica más bien en que su experimantación es meramente personal, unívoca y subjetiva, cuando no meramente un catálogo de la casuística médica.

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