Temporal

No todo Tiempo acompaña al espacio en su viaje, en ocasiones, éste se congela, se dilata o se interrumpe, rescatar los jalones invisibles de la cruzada absurda de su búsqueda, a sabiendas fracasada, tal vez sólo consista en la invención de un adverbio, o más bien, improvisarlo.

Saludos, Anónimo Lector.

Retratos

En toda descripción, se limita el valor de lo buscado, dejar que el cuadro se forme con la veladura constante de un barniz casi invisible, así, una pizca de Tierra de Siena es capaz de dar el tono anhelado, si bien no siempre se pueda garantizar una conclusión, los perfiles inacabados, o simplemente imprecisos se alteran en cada gesto de lo no contado.

Saludos, Anónimo Lector.

La Provincia

Vivir en los arrabales casi, del Imperio, concede a quien lo sufre de manera paciente, un cierto extrañamiento de lo que tanto persiguen en el centro medular que gobierna almas y cuerpos, desde el hoy hasta donde la voluntad les consienta.
El desconocimiento de las sinapsis que transfieren tanto importancia como estímulos a las extremidades permite volver sobre el pasado que las prisas por llegar al mañana impiden con su elegante desden.
Ese mirar al ayer de nuestros pasos y la búsqueda de señales para, sino comprender, al menos, no olvidar, es siempre tarea despreciada.

Saludos, Anónimo Lector.

El Tiempo y sus pasos.

El Tiempo y sus pasos. A través de sus formas, para comprobar que espacio es en el tiempo la piel en movimiento de los personajes, sus voces el continuo, a ratos roto por el silencio entre vacíos y a veces sin tiempo para recordarse a sí mismos. Rellenar todo eso con la arena de los hechos fueran estos ciertos o inventados.

Saludos, anónimo Lector.

Los Lugares

Los Lugares, como paisaje, sin dudar de que alguna vez existieron, no parecían haber estado habitados, y sin embargo, podía recordar cada rincón, cada esquina, no así las grandes plazas, o las calles importantes, estas acabaron siendo desdibujadas, y sólo al ser cruzadas por ellas, tomadas del brazo, tomaron solidez, y entre medias el aire en sus propias palabras, incluso cuando no decían nada.

Saludos, anónimo Lector.

El clic pavoroso.

La noche que hice clic en la página de Amazon.

La expresión mundo digital cobró un nuevo sentido hace unas noches. Al hacer clic, presionado con un gesto de los dedos en “guardar”, como tantas otras veces había hecho sin transcendencia alguna, estaba dando un paso al abismo. La falta de costumbre. ¿quién imaginaría que con un gesto, un libro estuviera al alcance de los demás con otro clic?
Un amigo ya me dio el aviso, al hacerlo, me dijo, no sabes donde te metes, ya no hay retorno, añadió, exagerado, pensé, y no obstante tenía el don de la profecía.
Nos paseamos por la red con la ilusa idea de que todos participamos de un común sentido de lo transcendente, pero la gravedad de nuestros clics, no siempre dependen de Google. Los actos más nimios nos exponen, si de la propia voz se trata de manera pavorosa. En un entorno donde la locuacidad se tiene por normal, con el tiempo y la búsqueda apropiada, nos daremos cuenta de que está a nuestro alcance algo que antaño no sucedía, algo inmaterial, nos recuerda a un clic cuanto dijimos una vez. Si alguna vez confiamos en que las palabras se las lleva el tiempo, bienvenidos todos a la tormenta perfecta del recuerdo sempiterno de lo dicho. No obstante, siempre está la posibilidad más habitual, a nadie le interesa cuanto decimos, y a los pocos que participan de nuestra conversación lo hacen por motivos que nada tiene que ver con la opinión y sí con el afecto.
La falta de costumbre, no todos los días uno hace un clic que conlleve tanto miedo como, por qué no decirlo, esperanza. Uno habla para los demás, incluso cuando no los tenemos delante o especialmente entonces.
Saber que pocos enunciados nos definen no resta importancia a la singularidad de saberse en manos de otros clics, de esos habituales gestos con los que elevamos o arrumbamos no a los otros, sólo sus palabras, no siendo ellas lo menos importante de tal hecho. No por repetido el acto de hablar y dejarlo en bits, carece de algo que nos define, somos más nosotros cuando nos escuchan. Por algo los dioses necesitan ser escuchados desde que se decidieron por darse a conocer.

Saludos, Anónimo Lector.

Las caricias de la Caridad. Novela.

Portada las caricias de la caridad en Kindle

Las caricias ya están en Kindle

Acabo de ver publicada mi novela Las Caricias de la Caridad en Amazon, en formato Kindle. No se me ocurre mejor manera de compartirlo que dejar constancia de ello en este blog, que está en el germen del salto de lo breve a la novela que sin ser la primera, es, por ahora, en la que deposito mis mejores esperanzas, sólo sea porque ya está publicada.

www.amazon.es/Las-caricias-Caridad-ebook/dp/B0080MA7YE/ref=pd_rhf_se_p_t_1

Saludos, Anónimo Lector.