Reunidas en torno a la merienda de Merceditas, quien recibía sólo los viernes e insistía tanto en ello que cuando se lo intento afear la esposa del Secretario Macías, pues esta costumbre no se interrumpía ni en Semana Santa, la gran dama por quien se tenía, sólo contestó, “El vienes es de todos, el día del año, en que menos molestias procuro a nuestro Señor, ¿no te parece, mi querida amiga?”, se disponían a dar cuenta de las ausentes.
Saludos Anónimo Lector.
De Urinarios y Libros
Por mucho que nos pese, La Fuente siempre será un urinario.
Sea así que no de otro modo, que queriendo acercarse uno al asunto de moda, en petit comitè, que de ello no se habla en plazas y mercados, me encuentro ya perdido. A la crítica de circo le han crecido los enanos. De otro modo no se explica el eco de calificativos que se repiten a propósito de los blogs de Tongoy y de la Sargento, si bien no sólo ellos, son los que se erigen en principales ejemplos de la más variada toponímica que van de lo artístico a lo musical. Se les disputa el lugar, intentando variar sus coordenadas. No obstante ello debe recordarnos que así como la obra es un producto genuino, la crítica no lo es.
En momentos donde la creación escasea, la crítica florece. Tan es así que si tomamos un ejemplo de las Bellas Artes, como la Fuente de Duchamp, será fácil evidenciar por sí mismo que es una obra que sin el surplus de crítica no sería más que eso. Póngase en medio del campo que nadie lo tendrá por lo que los libros lo tienen. Tomemos otro ejemplo en La consagración de la Primavera de Botticelli, muchos son los que creen que para disfrutar realmente de las obras del Renacimiento es necesario conocer el neoplatonismo al dedillo, y si bien el Warburg Institute ayudó a revalorizar las claves internas de un periodo a la luz de la exegesis pormenorizada del aire intelectual que rodeó la génesis de las obras, el autentico valor de Botticelli reside en no necesitar de Gombrich ni de nadie para sustentarse.
Podemos bucear en su periferia y gozarnos de que la misma corrobore las tesis más concienzudas, pero el goce estético que produce emerge de la misma. Es de agradecer que la obra no nos contradiga, sólo lo hará otro exégeta de los muchos que el sol da a luz cada día.
Cuando los artistas plásticos decidieron que era más rentable el discurso que la obra, los críticos vieron un nuevo amanecer para su existencia. No pocos artistas han sido además los mejores críticos de su obra, haciendo suyo un papel que ningún crítico puso en duda. Creer que el autor es el más indicado para dar su visión no deja de ser curioso, pues acabaría con la tarea ardua de esa demostración mística de que siempre hay más detrás de lo que vemos. Es cierto, lo hay, pero si el artista no lo puso delante tal vez sea por que no era lo importante. Los huesos no carecen de valía, degustarlos como una arquitectura de exquisita belleza es otro cantar. Si siempre los vemos debajo de la piel, poca mella hará en nosotros la carne y su gloria, promesa siempre de desgracias.
Nada ha hecho más daño al Arte que el discurso. Olvidando que la obra es su propio discurso. De todas sus derivaciones posibles y especialmente graves, la más dañina es el discurso dirigido. Descifrar claves es el ejercicio de la decadencia, y si bien ha dado para grandes corrientes de pensamiento, también nos ha legado a J. Brown. Pero el discurso dirigido no es inocente, participa de ese gran ardid de “estar en el ajo”, tan castizo ello, el resto somos tratados como meros consumidores, y como tales será tenido en cuenta, así si el espectador-comprador pertenece a la élite, de las que el mundo no carece nunca, le será proporcionado el profundo arcano del conocimiento y para que conciba decorar, entiéndase comprar, su elegantes consejos y despachos de ministerios, tendrá a su disposición los incontables cínifes en la onda de lo nuevo, aportando en palabras lo que los ojos no entienden.
Oigo las trompetas de quien proclama ya que si no comprnedemos la profundidad de Duchamp, en fin, es que estamos ante el armagedón de la mera existencia de nuestra contemporaneidad. Tal vez, pero olvidar que el arte no es para críticos ni artistas, que vive no del museo ni de la subasta, sino del goce anónimo, es querer un mundo bajo la égida del iniciado. Neófito, que se niega como tal y que se nutre de esferas del conocimiento más que discutible.
Si leemos los sesudos ensayos sobre Las Meninas, tendemos a olvidarnos tempranamente que tal vez Velázquez sólo quisiera aprovecharse de la excusa pictórica que se le ofrecía para acompañar a La Familia en una de sus obras, inmortalizando así su cercanía a tan alta cuna, es decir, vanidad. Precisamente, el carácter que predomina en la crítica, ese saberse por vez primera en lo profundo del laberinto que toda gran obra asemeja y que precisamente redundará no en la obra sino en el crítico.
Cuando la crítica se debate, rara vez la misma crítica tiene para sí de lo que tanto gasta en otros. La validez en suma de la misma, se da por sentada, y es aquí donde los goznes del andamio imaginario de la tan necesaria crítica se hacen oír. No es la existencia del arte lo que está en juego, es la validez de la crítica como sustento del arte. Podemos deconstruir hasta el átomo, la comida y las palabras, el hervor y sus relaciones, es decir procesos y relaciones, y así ad nauseam, podemos, en suma, reintegrar el mundo de nuevo como si fuéramos un Adán nombrándolo todo por vez primera, pero si esa es la labor de la crítica, entonces ¿para qué necesitamos a los creadores?
En verdad hay artistas, entre ellos escritores seducidos por el premio lejano de la llegada de Edipo a revelar su enigmático saber, mientras ello llega juegan a sentirse menospreciados. Tebas, caerá un día, víctima de una guerra fraticida, la misma que hoy algunos quieren ver entre los blogs y los Críticos de los que se mencionan títulos y carrera como si realmente importara, y sorprendentemente, importa. Pero si es así, ¿qué se teme de La Medicina no prescrita o de Una Sargento un tanto borrachina, a qué viene tanta somanta palos de verborréico disfraz demodé incluso para un descreído siglo XXI?
Una cosa es la critica alejandrina de nuestras universidades y otra la libertad de señalar que el rey está desnudo, pues no se trata de otra cosa, cuando la propia crítica en periódicos se ejerce antes de la misma publicación de la obra, es evidente que poca reflexión pueda hallarse en ella, pero desde la misma se exige notas a pie de página a aquellos que tal vez no quieran vender nada, pues no todo el mundo es un mercader de su saber, aunque esto sea difícil de creer.
La Fuente, fue seleccionada por la critica especializada como la obra más importante del siglo XX, pero no es mérito de la obra, tan sólo de los que así lo decidieron. Siempre habrá artistas crípticos, escritores oscuros, músicos incomprendidos, y de ellos vive la crítica especializada, el problema ahora es envolver de valor mistérico algo que a todas luces carece de nada parecido. Si yo escribo Nada y lo repito cien mil veces sigue siendo “nada” escrito. Por mucho crítico que quiera ver en ello, nada más y nada menos, que la obra nihilista y existencial de un ser anodino. Bien, no es el caso, es que no se me ocurría nada más.
Si se perdiera el Quijote, por un azaroso derrumbe de la civilización y sólo se salvara el corpus crítico que ha generado, ¿seríamos capaces de reescribirlo? Pues eso.
Saludos, Anónimo Lector.
Con mis deseos de una larga y próspera vida en red.
http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/
Huesos
La menor de las hermanas no parecía de este mundo, deliberadamente ajena. Del daño continuo, su costra transparente se hizo de aire, por eso tal vez, todos la percibían radiante cuando en realidad veían el fulgor de sus huesos descarnados al sol de mediodía, siendo pues buitres, no parecían muy listos.
Saludos, Anónimo Lector.
Horquillas en el pelo
Se olvidó de contar cómo acabó alguno de los asuntos que parecieron preocupar en aquellos días a la hermana mayor, siempre con la carga a cuestas de hacer parecer las columnas tan insignificantes como las horquillas que le enderezaban el moño, pero como en la misma vida, a los reyes necesarios les suceden los que aun están vivos, así en la corte de sus intereses, pasó el silencio, esperando que este resolviera los finales por describir.
Saludos, Anónimo Lector
Sumar
Sus pucheros en aritmética no sirvieron para hacerla retroceder, se sentía tan segura de que nada la podría contradecir que avanzó la mano para recibir la palmeta, supo así que de los golpes una tras otro, aprendería, al menos, a contar hasta veinte.
Saludos, Anónimo Lector
La Múcheres
Vienen hoy las tardes al calor del brasero bajo las faldillas de la camilla que dominaba el salón, donde la luz de la tarde agonizaba nada más cruzar los cristales. La señora Carmen, la Múcheres, subía a contarnos sus historias, algunas no tenían más de tres horas y otras se remontaban a tiempos en los que ni imaginaba la existencia de mis padres. Entonces no lo sabía, pero estaba asistiendo al milagro de la narración pura, mucho antes de que alguien decidiera que los símbolos escritos serían mejor manera de guardar la memoria.
Su arte para fascinar era tal, que hoy puedo oír su infinidad de tonos, que variaban por toda la galería de los efectos que la filología pueda imaginar, hoy sé que desplegaba ante nosotros la misma verdad del inventor de Homero, el que mató sin querer una suerte de hechizo genial, el cuento verdadero.
La Múcheres era nuestra nausicaa de barrio, sin necesidad de ninguna gravedad, con sólo abrir la boca, todos callábamos y siempre teníamos ganas de más, de haberlo sabido, hubiera escrito sus cuentos, pero no tendrían interés, les faltaría su voz, la que les daba vida y sentido en la grisácea luz del invierno en San José.
Saludos, Anónimo Lector.
Leer
Si la juventud consiste en fabricar recuerdos que sustituyan a los de la infancia, por ser esta cosa de niños, pobre madurez es la que pasa veloz sobre el presente huidizo, así la vejez nos condena al pasado, tal vez por ello lo inventamos.
Saludos, Anónimo Lector.
En Italia.
En su viaje por Italia, no dejaba de pensar en sus amigas, allá donde una secamente cubierta por una alfombra pajiza que se enfrentaba fanfarrona al azul demasiado luminoso, tierra de donde nunca saldrían y que un día las acogería en el seno enojado, como de madrastra, para hacerlas olvidar pronto, tanto por los lugares por donde dejaron sus paso como en los pensamientos de quienes alguna vez las saludaron con amabilidad. Así sin remedio, serían ya parte del barro que hollar con la indiferencia. Llegaba de Ferrara, y tan sólo tenía ganas de saber algo de ellas. Se conmovió con imaginar a aquellas dos provincianas como ella misma, entrando triunfalmente en la Roma eterna.
Saludos, Anónimo Lector.
Caminos
La limitación de no saberlo todo, es la promesa de los caminos por abrir, recorrerlos de la mano de una única invitación como el paso dubitativo de la misma ignorancia, sorteando en cada recodo el horizonte imposible y sin embargo, necesario.
Saludos, Anónimo Lector.
Panoplias malgastadas.
La Literatura es un campo de batalla singular. Los ejércitos los suministra el ajeno placer de la escritura, las contiendas, nuestra necesidad de tener buen gusto literario, los muertos devienen así, en el descátalogo de las naves, y las derrotas, esa maldita necesidad que tiene algunos de escribir lo que pueden, saben o quieren.
Los Generales Editores están a la espera de encontrar el arma definitiva, el best seller bacteriológico nuclear está siendo estudiado para ser lanzado un día de estos.
Saludos, Anónimo Lector.
