Basado en dichos reales.

- ¿Puede decirme qué ve en el cuadro?
- Si digo sólo lo que veo acabamos enseguida, pero puedo decirle aquello que me inspira, cuánto me hace sentir, las ideas que me transmite…
- No. Cíñase a la simple narración de su visión.
- Pero esto es de una simpleza imperdonable.
- Lo es. El experimento así lo requiere.
-Yo no puedo ser tan retiniano…
- Por favor, ¿qué ve exactamente en el cuadro?
- Exactamente no veo, ni veré lo mismo dos veces, el cuadro cambia con la luz, con mi estado de ánimo, con mis experiencias, mi bagaje cambia, lo mismo que el cuadro.
- Disculpe, es una diapositiva, ¿puede respetar las reglas del experimento?
- Está bien…Veo violencia, la agresividad de una fuerza dominante a expensas de una minoría silenciosa y abrumada por la marcha tenebrosa hacia el futuro…
- Perdón, ¿dónde ve eso?…
- Es evidente, el fondo blanco en apariencia, sutilmente informe, se muestra como parangón del tejido social, donde, ficticiamente en calma, es de pronto arrasado por dos violentas presencias de algo interpretable como cruces, que rasgan el propio medio social sobre el que se asienta, pero lejos de ser éstas una señal de salvívica promesa, podemos leer claramente que no son más que la última manifestación de la opresión disfrazadas de la intolerante marca icónica de la Historia…manifestación clara de la poética de un artista comprometido con la verdad, que desvela la respuesta redentora de la pintura cuando la imagen cosificada es patrimonio del Poder connatural a la visión sesgada derivada de las ideas dominantes del prejuicio occidental. La ausencia de color, el recursivo uso de una gama monocromática revela la profunda conexión del artista con la memoria en clave postmoderna, ya entonces, que resurge de sus cenizas como paradigma simbiótico de la unión entre la experiencia y la necesidad de otorgar visibilidad a las contracorrientes maximalistas de la microhistoria cotidiana, oculta a los ojos del alienado sujeto, ente pasivo de la recepción imperiosa e imperialista, despojado de la capacidad de análisis no ya subversivo sino recurrencial de ficciones hijas de la monocular retrospectiva involuntaria…
¿Seguro qué ve eso?…
- Sí, es más, podría añadir que la conexión entre el espacio representado por el marco delimitador de las cruces simbólicas y la superficie maltratada del ángulo fugitivo desde la mirada no perspectiva y a salvo por tanto de referencias arqueológicas, es definitorio de una postura donde la queja se transforma en grito alejado de cualquier especulación derivatoria de las secuencias y consecuencias del progreso en el mundo de la coercitiva estética minimalista de la forma aislada de contexto connotativo de significados aleatorios…todo ello reflejado en el uso de las texturas, los giros intencionados de la mancha elocuente…y..
- Disculpe, es suficiente, ¿Ve… algo más, por favor…?
- Sin querer ser dogmático me atrevería a insinuar que estamos delante de la obra abierta en sentido pleno, pero con la excepción de que la lectura semántica, somera a priori, y su semiológico “signus” gráfico revela la libertad de la mirada no invasiva, abriendo así parámetros vírgenes de la conciencia proyectiva, donde el arte deja paso a una nueva representación de severidad entendida como el rigor de la rebelión activa de los no silentes, quienes se convierten, por obra de su autor en la germinal promesa de visionados más fecundos, pródigos y preñados de sentidos no perceptivos ni esclavos platónicos de las sombras chinescas del pensamiento normativo occidental, de clara raíz religiosa y dogmática que asume los roles de la ciencia…
- Está bien, le agradecemos mucho su participación en este experimento…
- De nada, llámenme cuando quieran, estoy a su entera disposición…
Más tarde.
- Doctor, ¿ha conseguido que algún participante diga lo que ve?
- No, debemos tener un error en el muestreo de los sujetos, me temo.

Saludos, anónimo Lector.

Un Viaje al Pasado.

Ha sido como un viaje en el tiempo…Pasar el tránsito astronómico de año solar en medio de encinas decadentes y de abrojos restos de cultivos y de los otros, las penurias encubiertas derivadas de vivir entre aperos del siglo XIX, aunque destinadas a la decoración de los espacios que en otro tiempo fueron pajares y hoy son magníficos “halls” de entrada para remozadas casas de pueblo, actualizadas para las necesidades modernas, decidido a no tener más aparato tecnológico que un molinillo de café, la noche transcurrió entre viejas historias de “fantasmas”, es decir, hablamos de familiares muertos ya para todos aunque algunos sigan vivos, pero a tal distancia de allí que en verdad se diría que lo estaban. Las anécdotas se hilaban al compás de las agujas de un reloj de pesas que la bondad de su belleza ha salvado de una venta bochornosa.
Cada uno sentado según una particular jerarquía debida a la predilección por determinados asientos, su comodidad y cercanía al hogar que alimentado por los troncos de una encina joven desmochada hace meses, ilumina y calienta cuerpos y estancia con el más milenario de los misterios domeñados por el Hombre, ese arcano fulgor que ha acompañado al ser humano desde que sólo éramos una ramificación con cierta posibilidad de éxito. Lejos está desde luego el alimento servido en bandejas de alpaca, porcelana desconchada y barro, del que se cazaba y cocinaba en la noche milenaria que no intentábamos imitar, pero por un momento, viéndonos así, alguien dijo, “y para más recogimiento, sin cobertura…”. Las risas, se dejaron caer, no todas con la misma aceptación, pero nadie osaría romper el espejismo de aquella noche sin tecnología.
De las historias familiares pasamos después de que cada uno bebiera lo que mejor consideró oportuno, a las reflexiones sobre cómo ha cambiado la vida desde que estamos conectados, los más, tímidamente reconocían que por una noche nadie se moriría de aislamiento, pero una menuda e inteligente jovencita nos hizo notar que en verdad el hecho de habernos reunido para esta noche tan especial, era ya de por si una conexión entre los participantes, añadiendo que la mera conversación con una única persona era un territorio de comunicación tan amplio como podía serlo una red social. Pues todos cargamos con los recuerdos de una vida llena de las vivencias compartidas con cientos de personas que a su vez contenían a otras cientos de personas, el problema es que nadie considera que eso sea importante. Le preguntamos “el qué exactamente” y ella contestó, “nadie se acuerda de los muertos y a los vivos dejamos de prestarle atención en cuanto no comparten espacio físico con nosotros….Les recordamos vagamente y de volver a verlos entran de lleno en el capítulo de las cosas que se guardan en el cajón de las cosas viejas”.
Cada uno comenzó a contar algo sobre alguien que en teoría no debían conocer personalmente los demás, poco a poco fuimos descubriendo que en efecto, a pesar de no conocer a la persona vía “encantado de conocerte” y otras formas sociales de educación, casi todos conocíamos a alguien así o al menos el nombre no era un fantasma para algunos de nosotros, es decir, en alguna ocasión, muchos de nosotros recordábamos al amiga de la amiga que una vez se encerró en el ascensor con su novio y les pillaron los vecinos, aprendiendo la elección de que los riesgos absurdos, dan lecciones llamativas.
Poco a poco, como sucede después de los efectos etílicos o la sobriedad crítica, lo que en un principio eran órbitas lejanas se convirtieron en un perfecto sistema solar de historias que giraban en torno a una estrella común, el chismorreo que como una horno alimenta y calienta las frías noches de nuestra vida.
Se fueron desgranando, de esta manera decenas de historias, unas divertidas y otras no tanto, algunas escabrosas y otras, simples chismorreos, alguna sin embargo nos tocó la parte de nosotros que nunca quiere saber ese tipo de cosas, por una superstición común, no saber implica una tabla de salvamiento, “eso nunca me pasaría a mi, pero de ser así no lo contaría…” Al final de la noche conocíamos más antecedentes, tal vez no sus consecuencias, sobre los amigos y familia lejana de todos nosotros, algo sobre los amigos de las amigas de los amigos, lo más siniestro de la última prima segunda de nuestro anfitrión, y algo sobre nosotros mismos, somos un caudal de información, de voluble interés, pero sobre todo somos los animales que han hecho del chismorreo una forma de cultura, alguien apuntó, “creo que sin el cotilleo el lenguaje no se hubiera desarrollado, era importante comunicar los lugares de caza, pero era más jugoso saber si el forzudo pelambreras de la tribu habíase comportado como el bruto qué es, y ha matado en verdad, con sus propias manos el bisonte, como siempre hace creer al traer su lanza de punta de piedra limpia…” Una risa general se apodera del humo del hogar y el silencio le sucede como natural a la reflexión que sigue, ¿de qué hablaban recién descubierto el lenguaje nuestros ancestros?, ¿sólo de cosas importantes?, …o de cómo el tímido chamán ha conseguido convencer a los demás de que el mejor día de caza debe ser cuando la pequeña cosa blanca del cielo se oculte una noche, la llama algo que no significa nada, pero ese nombre se repetirá de boca en boca y acabará siendo una deidad, porque después del nombre viene toda una serie de historias sobre ella, la cosa-luz que crece y mengua sin saber por qué, pero que rige el destino, nadie sabe qué es eso, pero el chamán lo sabe y eso basta.
Millones de Generaciones humanas después seguimos reunidos delante del fuego, y esta vez para hablar de otros, alguien dice, “sólo los solitarios piensan en lo importante…”, brindamos por la ocurrencia y fingimos cansancio, poco a poco nos retiramos, sólo el más joven se queda admirando los rescoldos, y recuerda que siendo el que menos ha hablado, se quedará para escuchar la historia del fuego, dice que era un cuento de su abuelo, “el fuego habla a quien lo escucha, pero quema a quien le interroga, nunca le preguntes, sólo escucha, él guarda los secretos de todo lo humano, sus mentiras y verdades, pero no es un buen lugar para esconder nada, siempre acaba revelándolo todo”.

Saludos, anónimo Lector.