EL RENACIMIENTO: A MODO DE RESUMEN

El Renacimiento: a modo de Resumen.
Una frase que constante e invariablemente se repite como una aporía oximorónica es aquella que se escucha en la boca de casi todo artista moderno, o sea, de los activos hoy en día. Dice así: “El Arte del Renacimiento está superado”. Bien dice Gombrich que “no hay Arte sino artistas”, al principio de su Historia del Arte, imprescindible, se lea lo que se lea. Pues bien, dicha proposición no nos lo parece. En el Arte no hay superación alguna. No es una carrera de fondo, donde el último en llegar gana la misma. Pero detrás de la frasecita se esconde todo un mundo de oscuras intenciones, de ahí su popularidad entre los artistas. Es enfrentarse de pleno con el período más fructífero de la línea temporal en la que se revuelve todo historiador de Arte. Los argumentos para sustentar la misma expresión son de lo más variopintos e ineluctables a oídos de los mismos que la frecuentan a cada discurso de barra de bar. Los logros del Renacimiento, Italiano o de los Países Bajos, han sido analizados a conciencia por las mentes más privilegiadas de entre los historiadores del Arte, y algo tendrá el agua cuando la bendicen, aunque en este caso sea el océano. Casi todos los grandes genios del Renacimiento Italiano o aledaño, hubieran pasado a la Historia del Arte con tan sólo una de sus obras. Ejemplo: Miguel Ángel y su Piedad o su Moisés, o su Esclavo Moribundo, o la Sixtina, cualquiera de ellas, sin las otras le hubieran otorgado el lugar que ocupa. Pero esto mismo se puede aplicar a Leonardo, o a Rafael o a Benvenuto Cellini, con su Perseo, éste ya manierista. Es evidente lo que esto supone para quien se pasa la vida repitiendo una fórmula pictórica(Tapies), hasta la nausea, aburriendo a las mismísimas ovejas de Damien Hirst, aunque estuviera tumbado en la cama de Traecy Emin toda la vida, de tener la falta de escrúpulos para hacerlo. No es que crean que el Renacimiento está superado es que ellos no pueden hacerlo. Las excusas son ostensibles si comparamos sus obras con las del período más excelso del que hablamos.
Hay una admonición vasariana por su contundencia monótona que viene a decir que a partir de Los Impresionistas la experimentación en el arte comenzaría, dando lugar a la gran explosión de las Vanguardias Históricas. Nada más lejos de la realidad, si alguien experimentó, fueron los artistas del Renacimiento, quienes no se conformaron con repetir fórmulas ni modos, ni técnicas ni vieron el pasado como una herencia a respetar. La recuperación de la Antigüedad fue una aspiración, pero fueron más allá. El primer retrato moderno fue la Mona Lisa, que parecía respirar y estar en un ambiente real. Picasso, lo intentaría repetidas veces en el género del retrato, pero a su modo, un talante que sólo es comprensible por sus manías pictóricas y su insistencia en ser diferente. Que lo consiguiera o no es tema de expertos, pero no vemos en ojos discontinuos realidades palpables, únicamente trazos de pincel. Se puede argumentar que era eso precisamente lo que buscaba, pero el resultado para el espectador sigue siendo el mismo, la Mona Lisa, nos parece mirar cada vez de un modo diferente y su sonreír, es el milagro sin explicar, después de muchas disquisiciones. Gombrich, decía sobre el Renacimiento que fue la “conquista de la realidad”, pero uno no puede comparar aquella realidad, convulsa especialmente en la Italia de los siglos XV y XVI, con la actual. ¿ Acaso aquella realidad era tan diferente de la nuestra? Manifestaciones sobre el carácter social del arte son necesarias, pero no aclaran ni mucho menos los cambios en el decurso del mismo, el omnipresente subterfugio del arte por el arte, es decir, libertad de hacer lo que nos venga en gana, no hace sino afianzar la grandeza de los artistas renacentistas, que sí hicieron dentro de sus medios sociales, obras que perduraran en la memoria de quien sólo las ha visto una vez.
Los artistas del Renacimiento, son los padres de todo, y sus abuelos, el mundo grecolatino, también, pero el ojo moderno se ha acostumbrado a ver en la nada, el todo de la nimiedad.
Saludos, anónimo y sensible Lector.

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