Arco, y las ingenuidades de Conan Doyle.

¿Cómo sobrevivir a la Muerte? Desde los más oscuros eones de la caterva de edades que este planeta ha conocido con el ser humano hollando sus paisajes, esta pregunta se ha esgrimido para el gran propósito de servir de excusa y medio de control de cuerpos, mentes y almas. De la podredumbre de los primeros poco o nada se puede concluir, de las segundas en vida, son muchas las maneras de pasarte la existencia pensando en el más allá, olvidando el más acá, y sobre las ánimas, sólo ellas saben la verdad del asunto.
De las últimas formas de lograrlo con que la modernidad nos quiere seducir, podría decirse que tres resaltan de manera alegórica. La Ecológica, la Científica-ficción y la Artística. A saber, la Ecológica se resume en ese nuevo valor del Hombre Lobo. Tan conectado con la Naturaleza. Embelesa a mentalidades eglogáticas y pastoriles. La licantropía se opone a la Científica-ficción, que se caracteriza por el Vampiro, pues gracias a la modificación genética, el Vampiro nosferatu, ve superados algunos aspectos indeseables de la mortalidad, y gana en sex appeal, fuerza y control mental; cierto es, que esta variante contiene una posibilidad menos dichosa, el Zombie, el modo de supervivencia no merece ningún esfuerzo, y no parece muy deseable, de ahí su connotación condenatoria y un simple tiro en la cabeza (Sic) es capaz de aniquilar el cuerpo que se arrastra sin extremidades ni lógica alguna. Es muy querida por milenaristas y apocalípticos. Y por último la Artística, se caracteriza por la Fantasmagoría, el aparecido superviviente y vencedor de la muerte sale de vez en cuando invocado, ya sea a través de reediciones de su Obra o de su legado, o siendo motivo de las Obras de otros, como es el caso de “Always Franco”, del espiritista Eugenio Marín, que este año monopoliza Arco.
Se podría decir qué los fantasmas se corporeizan en Momias, de larga tradición para miedos arqueológicos como peliculeros, en puridad todos los son, haría falta el ectoplasma de Houdini como presentador estelar de estas galas modernas pero desde Dante, la imagen de los condenados, ha calado en la sugestión más productiva a los artistas, viendo la criogénica imagen del dictador ridículo, no podía ser de otra manera, es evidente que de las tipologías para vencer a la muerte, la Artística es la menos atrayente, ni da miedo, ni risa y tan sólo levanta ampollas familiares, tal vez por no pagar los derechos de Autor, únicos y verdaderos triunfadores invictos de la muerte.
Saludos, anónimo Lector.
Addenda: Frankenstein es demasiado literario y la electricidad ha demostrado revivir a empresas no a personas.
Otros monstruos modernos esperan categoría. En relación con el proceso hace poco se escuchó en todos los medios de propaganda la siguiente salmodia: “Tàpies era el artista más importante del siglo XX”, destronando a Picasso, que debió serlo, a tenor de esto, del Siglo XIX, en fin, Guerra de Tronos.

De La Claridad.

Hubo un tiempo en que el mundo era más sencillo. Al nacer a la conciencia te decían claramente quienes eran los buenos y los malos. Unos y otros vivían en tierras lejanas, incluso eran extraterrestres. Cuando se dejó de avistar a los propios en el cielo fue la señal para acabar con los otros y abrazar a los ganadores que nos sacarían del frío. Con el tiempo, decidías dejar de estar del lado de los buenos y pasarte al malo, o quedarte confortablemente donde estabas. Todo ello cambió con la Caída del Muro. Mientras tanto y antes, en estos lares, la bondad o su carencia eran territorios calibrados por la memoria, saltarse los genes que marcaban el lugar propio no dejaba de ser un juego, más lleno de peligros imaginarios, que indulgencias futuras por cobrar, abusando de la piedad salubre del silencio ajeno. Pero llegó la Democracia, y con ella la calma simulaba ira anegando los resquicios de la espina dorsal doblada por esa suerte negra tan nuestra. De repente todo empezaba a tener sentido, aquellos que creían en un mundo mejor dejaron paso a los que sabían como hacer mejor su mundo, el propio, y así, sin disimular siquiera que en verdad no se acaba con las ideas, sino con la triste ejecución de las mismas, se inauguró la Claridad. Este engaño último, Impostura de las mentiras, se aderezó como era previsible, con las alharacas de una economía omnímoda de propicias voluntades, espurios sueños y las pocas esperanzas que alguna vez sostuvieron la decencia.
Sin enemigo a las puertas, un breve baile invitaba a los nostálgicos a unirse al mismo, sin éxito, los dragones no se mueven por placer, necesitan algo más que una hamburguesa. Mientras tanto, no todos sentían esa alegría por el triunfo de la verdad impoluta, y quisieron jugar a la historia moderna. Pero como ellos no entraban en la Claridad, se descubriría tarde, y con miedo, que nunca debieron ser olvidados. Otros, seguirán intentando simplemente vivir, la serenidad de las vacas así lo atestigua. El breve éxtasis de refulgente optimismo por el nuevo Ordo, cantó las exequias de la vedad, nunca más sería posible reclamar nada, la realidad es la que es, y sólo debemos ser felices, sea de nuestro gusto, o sufrimiento sostenible.
Mientras tanto, la enfermedad se cebaría donde nació lo humano, para ironía mortal, como anestesiadora del poco valor de la vida. Las desgracias, miserias, catástrofes, guerras y otros males que se suponían apocalípticos serían fragmentados en notas de actualidad, y como tal condenadas a ser reemplazadas por otras, más amables o como poco igual de malas, señal de la inmutabilidad del destino de los hombres. Mientras tanto en estas tierras, la Claridad se instaló, y al igual que en el territorio del la Paz, el tiempo se gastó en perderlo escaneando las conciencias sobre la malla refulgente de promesas con que disfrazar aún más el rescoldo de lo antiguo. El ocio era cultura, y los juglares éramos todos. Pero como siempre queda quien quiere dormir tranquilo, y no habiendo suficientes dioses, la preocupación por la Pangea idolatrada y el Onguismo responsable, aquietó la mansa ira de quien viajando, se aleja de los males de la vuelta de la esquina. Como no ha lugar para que todos se entretengan con el mismo sueño, las excusas servidas por la servidumbre respondona, jalearon de nuevo los fantasmas de enemigos, siendo breve el reinado del miedo, pues otra vez la guerra era rentable, como siempre lo fue, y a diferencia del pasado reciente, no se mataría con pantomímicas ideas, se combatiría por reales ideales.
Mientras tanto, como debemos entretener al mundo para que no piense que la Claridad es un artificio, se le proporcionó preocupación y miedo, a lo más sencillo, al futuro, pues siendo los dueños del mismo los que lo tienen, ¿qué mejor ingenio que hacernos creer al resto que depende de nosotros?
En eso estamos, esperando la vuelta del Ungido, como por otra parte otros muchos creen, pues al fin y al cabo llegó el año dos mil y no pasó nada, para tranquilidad de la Claridad. (…)
Encontrado en Vida sin criterio.
Saludos, anónimo Lector.

Esta Obra es una patata…


Una galería debe indemnizar con 22.000 € a un autor por destruir dos patatas fritas artísticas.

Esto supone un precedente muy peligroso para esas Galerías que tan alegremente compran obras de dudosa longevidad como cuestionable factura técnica. No ya de cualquier valor estético, eso ya se perdió hace más de un siglo. Tal vez las “Obras de Arte” deberían llevar un certificado de calidad, al menos de duración, y esto es labor del Artista, no de la Galería.
Saludos, anónimo Lector.