Impromtu

Turner

Y me pregunto, «¿vendrán más días tristes?» y me sorprendo repitiendo el ancestral miedo con que el primer humano se detuvo a pensar, tan quieto como el cielo en apariencia, en la línea del tiempo, siempre hacia delante y él con ella sin saber cómo tal condena era en sí misma la vida. Y vendrán a ser esos días en que todo cambie, y pasarse el resto de la elíptica en fingir que nos sobreponemos, qué sabemos llevar el dolor con dignidad, y negándome a creer que venga el día más triste y mi ignorancia no me deje descubrirlo, y creer así que habrá otros muchos más tristes, y en esa contienda entre el dolor y su memoria, esperar al día más triste, a las horas fugaces que recordaremos eternas; bien sabe mi dolor que nunca lo dejaré solo, es mi yo cuando estamos a solas, y siempre me repite que «no hay un día más triste», que todos los son, pero que no me lo hace notar, pues sabe que cada día es el más triste para otro, para millones, y no querer saberlo es el juego al que los dioses se divierten al movernos de casilla, me cuenta esto mientras cada noche, el cielo, sí se mueve, y yo, tonto ni lo noto.

Saludos, anónimo Lector.

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Hormigas amigas

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Me gustaría de veras ser más sociable. Como las hormigas. Sociable por las ataduras invisibles de la química desde mi nacimiento. Ser una más de mis fraternales hermanas y cargar con setenta veces siete mi propio tópico, para alimentar a mis hermanas, fraternal como nadie, nosotras las hormigas, hacemos esas cosas.
Sería más sociable, tanto, qué daría mi vida por la Reina, a quien debería mi vida y al zángano anónimo y mal aventado un día, quien dejó su ser por mí y mis millones de hermanas, más sociable y feliz a qué dudarlo.
Ser tan sociable como ellas, siendo pasto de atroces zancadas y lluvias infernales, y morir socialmente sin que nadie de mis millones de hermanas se detuviera un momento para recordarme, si bien algo de mi quitina acabaría en manos de otras sociables hormigas, las otras, a las que no pertenezco por el azar del viejo inglés, y sería tan sociable como una auténtica hormiga, alimento de mis hermanas, siendo ellas hijas de otra Reina. Ser hormiga social es lo que tiene.
Por ello….Sólo hablamos de nuestras cosas, socialmente, el otro día por ejemplo, mientras volvíamos de una incursión a un hormiguero vecino, una de nosotras nos contaba la última película de estreno, creo recordar que se llamaba «Metrópolis», si bien hoy, mi gran cerebro no guarda nada de aquello, sólo percibo una orden más, «salir, traer, y regresar». En fin, me gustaría ser tan sociable como las hormigas.

Saludos, anónimo lector.

Ariadna GPS 2.0

laberinto copia

Hoy más que nunca el mundo es un laberinto. Y como buen laberinto, contiene dentro del mismo, otros laberintos más imperceptibles y sutiles. Otros, no obstante, tantos hay en su tosquedad asemejan inocentes rayuelas de campos cultivados en medio de un plasma, táctil y por ello irreales como lo serán nuestras huellas, aspavientos de mercado y feria, aplausos en el circo continúo. Hoy todos presumimos de ser grandes emuladores de Teseo, de ahí los vericuetos, audaces y confiados, nos lanzamos a la aventura de caminar tranquilos por el invento del desgraciado Dédalo, sin temor, ya sea para llegar al remoto lugar que sólo han pisado los pies de tres pastores tibetanos o por dar muerte al monstruo quimérico, quien guarda la verdadera información, y con ella la gracia de la sabiduría a nuestro regreso. Hoy la Arcadia impenetrable se ha convertido en un jardín francés.
Laberintos superpuestos al de los caminos del mundo, los destinos improbables disimulados en un sistema de nervios, arterias o tendones que pasan por ser autopistas, avenidas calles, requisitos sensatos por donde transitar, y aquellos otros zocos de trazado esquizoide en la conjeturada maraña de redes conectadas, que se sitúan en la frontera entre lo físico y el aire de nuestros ojos y unas manos cada vez más veloces, ya nadie recuerda los pies de Hermes.

El mundo y sus vías, sus metas y sus vórtices, todos ellos forman parte del laberinto que siempre han conformado la superficie de piel desollada al animal que flota en el océano y vaga por el éter del mundo. Ariadna enamorada, pergeña el primer GPS de la historia menor de los mitos, y no sería un mapa, ni siquiera sonoro, grosero éste en sí mismo, por ser la parte de la naturaleza humana más presuntuosa, es por el contario, un accidente de pura inteligencia inspirada en el amor. La mejor forma de astucia. Un simple ovillo de lana, y el destino de Teseo, triunfar a cada prueba, son hoy el click, y así confundidos con el héroe, creemos llegar, y no siendo poco, encontrar derrotada nuestra curiosidad, sólo sea por costumbre.

El mundo siempre ha sido una duda moral, su viaje, la historia de una guerra o de un amor, en sus encrucijadas, o sus jalones, la fábula del hombre ha sido siempre su mejor historia, y es que a pesar de todo, no puedo creer que el primer malvado no conociera el remordimiento nada más ejecutar su primer acto de espejo que todo lo sabe, ese fluir de la conciencia, que nunca parece ser la misma, y sin embargo, no deja de mojar la tierra; cubrir los escudos, que nada brille, que nada nos ciegue.
Desde la sabana, caminar en pos de la primera mentira, más allá será diferente, decíamos con ilusión, mejor no saber y creer ser los primeros en hollar la playa, y una vez allí, surcar de nuevo las aguas vacilantes, sin pensarlo bien, atrás loas cantaleadas, en un nuevo ardid, allí nos esperaban tiempos mejores, tiempos de prosperidad para todos, ir al encuentro de aquellos otros viajeros en medio de la noche, y en ella, oscuramente maternal, caminar por las nubes errantes de nuestros sueños, y olvidar el porqué de tanta caminata. Como cantaba el lied… ¿será entonces esto la muerte?, después de todo, ¿no será el camino la muerte, el mismo camino la misma muerte?…tan cansados. Y al final será que todos estamos tan cansados como yo mismo, de ser yo, y en ello, ser uno más.

Saludos, Anónimo Lector.

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Guano confortable

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Las decisiones que hoy se tomarán
antaño enseñoreaban las forestas
del Amazonas
y otras selvas,
de este viaje poco sabrán quienes
depositan su voto
en urnas como estas,
antaño sílice de playa, o hidrocarburo
ajeno como todas,
las materias con que elaborar los bienes,
los cívicos y otros, los del aire
con que respirar
nuestra derrota como humanos,
delitos sin castigo es vegetar
a la sombra de los malos, sin decirlo,
ni pensarlo,
opina un don nadie
qué dejar a la bondad por imposible
es nuestro guano confortable…

Abril, 2008 JFC
Saludos Anónimo lector.
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Patatas Filipinas

patatas

Hoy, mientras Felipe VI era proclamado Rey, yo pelaba patatas. Cosas del destino azaroso, de no serlo, no sería tal cosa. Al instante pensé en él con cierta caridad paulina, «pobre» me dije, y «así será hasta que Dios quiera, Rey», me decía, «triste destino». No me es dado imaginar qué debe ser figurar en la historia, con hache mayúscula, pero sí conozco no ser nadie, Internet es lo que tiene, te pone en tu lugar, y si imaginamos lo contrario, es por mor de la vanidad jugosa, que nunca se acaba de saciar en el desierto de arenas infinitas en el que cada uno se instala, esperando la lluvia de los demás.
Es ahí donde nunca llueve, y esperamos la noche…si bien los cuentos que nos contamos, son eternos, con tal de no reconocernos, una sola mota de polvo más, una entre una más de miles millones, y así esperamos, bajo las estrellas.
Nunca seremos reyes, ni infantes, ni duendes, por mencionar algo a todas luces fantástico. Nunca seremos nada, pero seremos irrepetibles, y asumirlo debería ser la tarea de nuestra vida. Perseguimos sueños impostados, glorías efímeras, como lo son todas, sin pararnos a pensar que nadie será nunca yo, tú o ella, y él, aunque lo deseara, nunca sería como nosotros, podría abdicar mañana y seguiría siendo Felipe VI, y si lo pensamos bien, es una especie de condena, la más terrible de todas , no poder elegir. Ser porque tus genes azarosos así lo determinaron. Ser sólo una combinación programada de ADN predispuesta a pasar a la Historia. Méritos escasos para tan inmensa carga, si la mezcolanza fracasa.
A veces, la vida es injusta, casi siempre… pero en eso consiste la libertad, en no dejar que los genes nos gobiernen. Y casi nada, debería gobernarnos.
A veces, demasiadas tal vez, mientras pelo patatas, recuerdo sin querer lo afortunado que soy.
Saludos, anónimo lector.

Orquesta deshabitada

Ensor

Hoy seré breve. Al menos lo intentaré. Tan sólo un recuerdo, como tantos otros que me vienen al cielo de la memoria como fugaz destello que se resiste a morir, y aún desintegrado, llegado a este párrafo, su parpadeo fulgente me obliga a consignarlo. La única vez que creo haber participado en algo similar a una orquesta como tal, debía tener yo a penas los años que se tienen para este tipo de cosas, el profesor, que debía ser perspicaz o simplemente malvado, me asignó el triángulo. Imagino que me juzgó capaz de dar una sola nota con aquel instrumento, que si bien no es obra del diablo, desde luego de mente caritativa no es. Una sola nota. Bien, la nota, o el sonido que en mi cabeza martilleaba sin cesar, hoy todavía lo hace, salió de aquello que mis manos sostenían como un arma dispuesta a acabar con mi poca autoestima, pues antes de tocar aquella cosa fría y metálica, dividida en dos cosas para mis pobres manos, tenía dos, sólo dos, y no me parecieron suficientes, la nota que debía aparecer por tanto ensayo, no lo hizo ni por ensalmo, y vaya que recé para que así fuera. La nota se desperdigó, y con ella, es decir tal vez diera con el sonido, pero no en su momento, no en el preciso instante en que el ruido se convierte en música…la nota tal vez se oyera en medio de aquel recital de párvulos, la nota que debía ser tal vez fuera ella, pero con ella se clavó, si bien no su justa presencia, sí desde luego la insignificancia de mi ser, desperdigado, como ella en medio de una música que ni me gustaba, ni con la mayor de las bienaventuranzas, era para mi. No. La orquesta no es para mí; desde entonces, casi nada con más de dos cosas son para mí.
Solista… ¿de Triángulo?, tampoco; es hoy, y todavía hay gente que me pregunta cómo es que no toco ningún instrumento.
Con escuchar a los demás hacerlo bien, me conformo, y con la edad, hasta los traspiés me parecen ser aquel remoto lugar donde entre tres lados torcidos de acero inmaculado quedó para siempre encerrada mi dignidad, y el orgullo en la otra mano.
He querido ser breve, como la nota infame, breve y sin embargo, si me callara para siempre, aquella nota, vendría a mi funeral, hay cosas que parecen cuentos, y ésta vez, sí sonaría en el momento justo. Ese que la creación sabe como tal.
Saludos, Anónimo Lector.

Los bufones también abdicamos…

Vallecas

Para mis enemigos, no me he muerto, para mis amigos, no del todo, pero un poco cada día, sí, se acerca mi muerte, que no lamentaré tanto como la vuestra si ha de llegarme la nueva aún aquí; para el resto, casi todos, los indiferentes, vosotros, tan sólo he abdicado, no es necesario ser rey, monarca ni jefe de ningún estado para abdicar, pues no cedo mis cargos, ni mis dignidades, ellos vanos y éstas vacuas, cédolo todo en vosotros, los indiferentes, tan vuestros, sé que haréis buen uso de unos y otras, pues la otrora, la verdadera dignidad, que una vez imaginé tener, de esa, ya no tengo, estar vivo es su resultado, así cómo de vuestra continua compañía.

Saludos, Anónimo Lector.