El oído egoísta

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Después de darle muchas vueltas al asunto he llegado a la conclusión de que la Humanidad, cuando haya desaparecido, encontrará su redención en la música. Hemos llenado una parte, tal vez muy pequeña, del espacio profundo con ondas del espectro de todo tipo que serán nuestro legado. Y al final, de entre todas, la música será la más incomprensible de nuestras formas de sonar, y sin embargo el más bello legado del que decir que mereció la pena haber sido humano, pues ¿no es acaso más bello y sobre todo diferente el Universo con música?, y en medio de tanto ruido y tanta furia, del vacío aparente y del silencio inopinado, las notas encaramadas en el baile de las esferas, serán ya parte de lo inmaterial en medio del tiempo inmarcesible. Haciendo así de nosotros algo más que una promesa, será entonces que la música, más que las palabras, que no han servido para nada, cantará a quien venga que la más ingenua de las aspiraciones humanas no fue otra sino la vaga idea llenar el vasto éter con nuestro mejor anhelo. Pues la música es la manera más inalienable que tienen las matemáticas de hacerse presentes, y de haber más seres conscientes ahí fuera, o serán matemáticos o no serán.
Sordos puede, y esa será su condena, como lo es la nuestra, ser incapaces de escuchar lo mejor de nosotros mismos.

Saludos, anónimo Lector
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Los arbustos no deberían ser más altos que sus cargos

JodaPujol

Hoy deberíamos sentirnos todos como el padre del hijo pródigo. Siendo ésta, una más de las parábolas en apariencia más desconcertantes, si es que alguna no lo es y de ahí su nombre, deberíamos aceptar que es la más conveniente al caso. Hoy diremos, antes de que Aquel se excusara, «Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado». Sin escuchar nada, en apariencia, de aquello, que el hijo pródigo nos dijo… «Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo » Ya lo hemos recuperado. ¿Qué otra cosa debiera importar o ser juzgada?

Nuestro hijo, el que regresa y aquel que así nos dijo, sin que lo creyéramos de veras, «Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde» Siendo el menor de dos, y al que en una prueba de bondad dejamos marchar, regresa hoy, ¿no es el día de celebrarlo? Está de nuevo con nosotros y el mayor, siempre tan pendiente de la primogenitura nos acusará más tarde de aquello: «Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu herencia con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!» Y siendo como somos el Padre celestial, todo Él (nosotros) misericordia diremos: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado» Hoy hemos encontrado vida en la confesión mal disimulada. Hoy debemos ser el Padre, sólo sea porque no nos toca otra. Debemos ser el Padre a la altura de más grande de las misericordias…O no seríamos mejores.

Bien sabemos que el hijo pródigo pensó esto, cuando en Las Vegas Montañosas y aledañas ya no pudo más: «Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”, era su forma de pedir perdón, pero al ver nuestro recibimiento, ya comprendemos que no eran más que efusiones de cuya culpa se sostendría en la persecución de la encomienda…Pues habiendo pensando antes «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre». Es de rigor saber que no le movió a la vergüenza hasta que nos oyó reclamar la fiesta de las fiestas por su regreso. Poco son las palabras. El Padre es de hechos, y hoy, nosotros, siendo el Padre, ¿no deberíamos ser tan magnánimos y bondadosos, sin un ápice de rencor al recibir a nuestro hijo pródigo…? Y los demás, esos otros hijos que todos tenemos, con torva mirada nos acechan, pero ¿qué puede ser comparable a la verdadera magnificencia de la no menos veraz misericordia…?

Hoy ven a nosotros, nuestro hijo, y pon en orden tus cuentas, sólo sea porque de lo contrario no te creeríamos, ni siendo el Padre de la Misericordia, ni el torvo hermano de la sapiencia y la perseverancia, ni el más cándido de los presentes en la casa.

Saludos, anónimo Lector.

Impromtu

Turner

Y me pregunto, «¿vendrán más días tristes?» y me sorprendo repitiendo el ancestral miedo con que el primer humano se detuvo a pensar, tan quieto como el cielo en apariencia, en la línea del tiempo, siempre hacia delante y él con ella sin saber cómo tal condena era en sí misma la vida. Y vendrán a ser esos días en que todo cambie, y pasarse el resto de la elíptica en fingir que nos sobreponemos, qué sabemos llevar el dolor con dignidad, y negándome a creer que venga el día más triste y mi ignorancia no me deje descubrirlo, y creer así que habrá otros muchos más tristes, y en esa contienda entre el dolor y su memoria, esperar al día más triste, a las horas fugaces que recordaremos eternas; bien sabe mi dolor que nunca lo dejaré solo, es mi yo cuando estamos a solas, y siempre me repite que «no hay un día más triste», que todos los son, pero que no me lo hace notar, pues sabe que cada día es el más triste para otro, para millones, y no querer saberlo es el juego al que los dioses se divierten al movernos de casilla, me cuenta esto mientras cada noche, el cielo, sí se mueve, y yo, tonto ni lo noto.

Saludos, anónimo Lector.

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Hormigas amigas

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Me gustaría de veras ser más sociable. Como las hormigas. Sociable por las ataduras invisibles de la química desde mi nacimiento. Ser una más de mis fraternales hermanas y cargar con setenta veces siete mi propio tópico, para alimentar a mis hermanas, fraternal como nadie, nosotras las hormigas, hacemos esas cosas.
Sería más sociable, tanto, qué daría mi vida por la Reina, a quien debería mi vida y al zángano anónimo y mal aventado un día, quien dejó su ser por mí y mis millones de hermanas, más sociable y feliz a qué dudarlo.
Ser tan sociable como ellas, siendo pasto de atroces zancadas y lluvias infernales, y morir socialmente sin que nadie de mis millones de hermanas se detuviera un momento para recordarme, si bien algo de mi quitina acabaría en manos de otras sociables hormigas, las otras, a las que no pertenezco por el azar del viejo inglés, y sería tan sociable como una auténtica hormiga, alimento de mis hermanas, siendo ellas hijas de otra Reina. Ser hormiga social es lo que tiene.
Por ello….Sólo hablamos de nuestras cosas, socialmente, el otro día por ejemplo, mientras volvíamos de una incursión a un hormiguero vecino, una de nosotras nos contaba la última película de estreno, creo recordar que se llamaba «Metrópolis», si bien hoy, mi gran cerebro no guarda nada de aquello, sólo percibo una orden más, «salir, traer, y regresar». En fin, me gustaría ser tan sociable como las hormigas.

Saludos, anónimo lector.

Ariadna GPS 2.0

laberinto copia

Hoy más que nunca el mundo es un laberinto. Y como buen laberinto, contiene dentro del mismo, otros laberintos más imperceptibles y sutiles. Otros, no obstante, tantos hay en su tosquedad asemejan inocentes rayuelas de campos cultivados en medio de un plasma, táctil y por ello irreales como lo serán nuestras huellas, aspavientos de mercado y feria, aplausos en el circo continúo. Hoy todos presumimos de ser grandes emuladores de Teseo, de ahí los vericuetos, audaces y confiados, nos lanzamos a la aventura de caminar tranquilos por el invento del desgraciado Dédalo, sin temor, ya sea para llegar al remoto lugar que sólo han pisado los pies de tres pastores tibetanos o por dar muerte al monstruo quimérico, quien guarda la verdadera información, y con ella la gracia de la sabiduría a nuestro regreso. Hoy la Arcadia impenetrable se ha convertido en un jardín francés.
Laberintos superpuestos al de los caminos del mundo, los destinos improbables disimulados en un sistema de nervios, arterias o tendones que pasan por ser autopistas, avenidas calles, requisitos sensatos por donde transitar, y aquellos otros zocos de trazado esquizoide en la conjeturada maraña de redes conectadas, que se sitúan en la frontera entre lo físico y el aire de nuestros ojos y unas manos cada vez más veloces, ya nadie recuerda los pies de Hermes.

El mundo y sus vías, sus metas y sus vórtices, todos ellos forman parte del laberinto que siempre han conformado la superficie de piel desollada al animal que flota en el océano y vaga por el éter del mundo. Ariadna enamorada, pergeña el primer GPS de la historia menor de los mitos, y no sería un mapa, ni siquiera sonoro, grosero éste en sí mismo, por ser la parte de la naturaleza humana más presuntuosa, es por el contario, un accidente de pura inteligencia inspirada en el amor. La mejor forma de astucia. Un simple ovillo de lana, y el destino de Teseo, triunfar a cada prueba, son hoy el click, y así confundidos con el héroe, creemos llegar, y no siendo poco, encontrar derrotada nuestra curiosidad, sólo sea por costumbre.

El mundo siempre ha sido una duda moral, su viaje, la historia de una guerra o de un amor, en sus encrucijadas, o sus jalones, la fábula del hombre ha sido siempre su mejor historia, y es que a pesar de todo, no puedo creer que el primer malvado no conociera el remordimiento nada más ejecutar su primer acto de espejo que todo lo sabe, ese fluir de la conciencia, que nunca parece ser la misma, y sin embargo, no deja de mojar la tierra; cubrir los escudos, que nada brille, que nada nos ciegue.
Desde la sabana, caminar en pos de la primera mentira, más allá será diferente, decíamos con ilusión, mejor no saber y creer ser los primeros en hollar la playa, y una vez allí, surcar de nuevo las aguas vacilantes, sin pensarlo bien, atrás loas cantaleadas, en un nuevo ardid, allí nos esperaban tiempos mejores, tiempos de prosperidad para todos, ir al encuentro de aquellos otros viajeros en medio de la noche, y en ella, oscuramente maternal, caminar por las nubes errantes de nuestros sueños, y olvidar el porqué de tanta caminata. Como cantaba el lied… ¿será entonces esto la muerte?, después de todo, ¿no será el camino la muerte, el mismo camino la misma muerte?…tan cansados. Y al final será que todos estamos tan cansados como yo mismo, de ser yo, y en ello, ser uno más.

Saludos, Anónimo Lector.

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Guano confortable

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Las decisiones que hoy se tomarán
antaño enseñoreaban las forestas
del Amazonas
y otras selvas,
de este viaje poco sabrán quienes
depositan su voto
en urnas como estas,
antaño sílice de playa, o hidrocarburo
ajeno como todas,
las materias con que elaborar los bienes,
los cívicos y otros, los del aire
con que respirar
nuestra derrota como humanos,
delitos sin castigo es vegetar
a la sombra de los malos, sin decirlo,
ni pensarlo,
opina un don nadie
qué dejar a la bondad por imposible
es nuestro guano confortable…

Abril, 2008 JFC
Saludos Anónimo lector.
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Patatas Filipinas

patatas

Hoy, mientras Felipe VI era proclamado Rey, yo pelaba patatas. Cosas del destino azaroso, de no serlo, no sería tal cosa. Al instante pensé en él con cierta caridad paulina, «pobre» me dije, y «así será hasta que Dios quiera, Rey», me decía, «triste destino». No me es dado imaginar qué debe ser figurar en la historia, con hache mayúscula, pero sí conozco no ser nadie, Internet es lo que tiene, te pone en tu lugar, y si imaginamos lo contrario, es por mor de la vanidad jugosa, que nunca se acaba de saciar en el desierto de arenas infinitas en el que cada uno se instala, esperando la lluvia de los demás.
Es ahí donde nunca llueve, y esperamos la noche…si bien los cuentos que nos contamos, son eternos, con tal de no reconocernos, una sola mota de polvo más, una entre una más de miles millones, y así esperamos, bajo las estrellas.
Nunca seremos reyes, ni infantes, ni duendes, por mencionar algo a todas luces fantástico. Nunca seremos nada, pero seremos irrepetibles, y asumirlo debería ser la tarea de nuestra vida. Perseguimos sueños impostados, glorías efímeras, como lo son todas, sin pararnos a pensar que nadie será nunca yo, tú o ella, y él, aunque lo deseara, nunca sería como nosotros, podría abdicar mañana y seguiría siendo Felipe VI, y si lo pensamos bien, es una especie de condena, la más terrible de todas , no poder elegir. Ser porque tus genes azarosos así lo determinaron. Ser sólo una combinación programada de ADN predispuesta a pasar a la Historia. Méritos escasos para tan inmensa carga, si la mezcolanza fracasa.
A veces, la vida es injusta, casi siempre… pero en eso consiste la libertad, en no dejar que los genes nos gobiernen. Y casi nada, debería gobernarnos.
A veces, demasiadas tal vez, mientras pelo patatas, recuerdo sin querer lo afortunado que soy.
Saludos, anónimo lector.